LAUDES (Oración de la mañana) Laudes Miércoles IV semana MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXIV De la Feria. Salterio IV 20 de septiembre Beato Francisco de Posadas

LAUDES
(Oración de la mañana)

Laudes Miércoles

IV semana

MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXIV
De la Feria. Salterio IV
20 de septiembre

Beato Francisco de Posadas

En Córdoba, en España, beato Francisco de Posadas, presbítero de la Orden de Predicadores, que durante cuarenta años predicó a Cristo en su región, sobresaliendo por su humildad y caridad.

OREMOS  HOY :  POR LAS INTENSIONES DEL PAPA FRANCISCO, Por Venezuela  

Oremos por Fray MARTÍN CONTRERAS 

OREMOS  HOY POR Su Cumpleaños A:

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant. Aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría.

–Salmo 66–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Se repite la antífona

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

Que canten de alegría las naciones,
porque riges al mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Se repite la antífona

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga, que le teman
hasta los confines del orbe.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant.  Aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría..

Himno: Al retornar este día

 

Al retornar este día,
con voz alegre y canora,
celebrando al Redentor,
cantemos de Dios la gloria.

Por Cristo, el Creador inmenso
hizo la noche y la aurora,
con inmóvil ley fijando
la sucesión de las horas.

La luz eterna eres tú,
la antígua ley perfeccionas,
y no conoces crepúsculo,
y no te apagan las sombras.

Concédenos, Padre eterno,
que vivamos hoy con loa,
con que agrademos a Cristo,
si tu Espíritu nos colma. Amén.

SALMODIA

Ant.1 Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme.

 Salmo 107 – ALABANZA AL SEÑOR Y PETICIÓN DE AUXILIO.

Dios mío, mi corazón está firme,
para ti cantaré y tocaré, gloria mía.
Despertad cítara y arpa,
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor,
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria;
para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario:
“Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,
Efraím es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme,
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.”

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil;
con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.1 Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme.

 

Ant. 2 El Señor me ha revestido de justicia y santidad.

Cántico: ALEGRIA DEL PROFETA ANTE LA NUEVA JERUSALÉN Is. 61, 10- 62, 5

Desbordo de gozo en el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como a un novio que se pone la corona, 
o a una novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes, 
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará justicia 
y los himnos ante todos los pueblos.

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que despunte la aurora de su justicia
y su salvación llamee cono antorcha.

Los pueblos verán tu justicia, 
y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo 
pronunciado por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán “Abandonada”; 
ni a tu tierra, “Devastada”;
a ti te llamarán “Mi favorita”, 
y a tu tierra, “Desposada”,
porque el Señor te prefiere a ti, 
y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia, 
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa, 
la encontrará tu Dios contigo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 El Señor me ha revestido de justicia y santidad.

 

Ant. 3 Alabaré al Señor mientras viva.

Salmo 145 – FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS.

Alaba, alma mía, al Señor: 
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes, 
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo, 
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, 
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra, 
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente, 
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos, 
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan, 
el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la viuda 
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente, 
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Alabaré al Señor mientras viva.

LECTURA BREVE  Dt 4, 30-40a 


Has de reconocer hoy y recordar que el Señor es Dios, en lo alto del cielo y abajo en la tierra, y que no hay otro. Guarda los mandatos y preceptos que te voy a dar hoy.

SEGUNDA LECTURA

 

Del Sermón de san Agustín, obispo, sobre los pastores
46,10-11

 

 

Prepárate para las pruebas

 

Ya hemos explicado lo que significa beber la leche, veamos ahora lo que quiere decir cubrirse con la lana. Quien ofrece leche ofrece alimento, quien ofrece lana ofrece honores. Y son precisamente estas dos cosas las que desean del pueblo aquellos que se apacientan a sí mismos y no a las ovejas. Buscan el dinero con que remediar sus necesidades y la aureola del honor con que cubrirse de alabanzas.

En efecto, por medio de la imagen del vestido queda bien significado el honor, pues el vestido sirve para cubrir la desnudez. Y como todo hombre es débil y está desnudo, también son débiles y están desnudos vuestros pastores. ¿Quiénes son, en realidad, los que os presiden, sino hombres semejantes a vosotros? Como vosotros están revestidos de carne, como vosotros son mortales, como vosotros comen, duermen, se levantan del sueño; como vosotros nacieron y como vosotros morirán.  Si pues, piensas un poco en lo que son de sí mismos los pastores, verás que son simplemente hombres. Si, pues, les das un honor superior al que corresponde a un hombre es como si cubrieras su desnudez.

Ved sino cómo Pablo considera el honor que recibió del pueblo santo de Dios como si fuera un vestido de esta índole, cuando dice: Me recibisteis como a un enviado dé Dios. Porque puedo aseguraros que, de haberos sido posible, los ojos mismos os habríais arrancado para
dármelos. Pero a pesar de ser tan grande el honor que de ellos había recibido, ¿acaso para que no menguara este honor o disminuyeran sus alabanzas, dejó de reprenderlos cuando se apartaron del buen camino? Si hubiera obrado de esta forma, también hubiera sido de aquellos pastores que se apacientan a sí mismos, no a las ovejas.

En este caso se hubiera dicho a sí mismo: «¿Qué me importa a mí esto? Que cada cual obre según le plazca.  Mi vida y mi sustento están a salvo, mi honor no peligra; tengo leche y tengo lana; esto me es suficiente. Que cada cual se arregle como pueda.» ¿Puedes decir que lo tienes ya todo si cada cual debe arreglarse como puedaEn este caso no puedo yo hacerte obispo y te admitiré solamente como uno del pueblo: Cuando un miembro sufre, todos sufren con él.

Por tanto, el Apóstol, después de haber recordado cómo se comportaron con él, para que no pareciera que ya se había olvidado del honor que recibió, da testimonio de que lo habían recibido como a un enviado de Dios, y que, de haberles sido posible, se hubieran arrancado los mismos ojos para dárselos. Pero, a pesar de ello, no deja de acercarse a la oveja enferma y corrompida, no deja de limpiar sus heridas, no rehusa curar su podredumbre. Así que —dice—, ¿me he convertido en enemigo vuestro por deciros la verdad? He aquí, pues, que bebió de la leche de las ovejas como hemos recordado más arriba, y se vistió con su lana, pero ello sin descuidar el bien de las ovejas. No buscaba, en efecto, sus intereses personales, sino los de Cristo Jesús.

RESPONSORIO BREVE

V. Los justos viven eternamente.
R.
 Los justos viven eternamente.

V. Reciben de Dios su recompensa.
R. 
Viven eternamente.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
 Los justos viven eternamente.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

Cántico de zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

PRECES.

Cristo, reflejo de la gloria del Padre, nos ilumina
con su palabra; acudamos pues a él diciendo:

Rey de la gloria, escúchanos.

Te bendecimos, Señor, autor y consumador de nuestra fe fe,

porque de las tinieblas nos has trasladado a tu luz admirable.

 

Tú que abriste los ojos de los ciegos y diste oído a los sordos,

aumenta nuestra fe.

Haz, Señor, que permanezcamos siempre en tu amor,

y que este amor nos guarde fraternalmente unidos.

Ayúdanos para que resistamos a la tentación, aguan-
temos en la tribulación 

y te demos gracias en la prosperidad,

 

Se pueden añadir algunas [Intenciones] libres
Dejemos que el Espíritu de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones, se una a nuestro espíritu, para clamar:

Padre nuestro ………….

ORACIÓN.

Recuerda, Señor, tu santa alianza consagrada con el nuevo sacramento de la sangre del Cordero, para que tu pueblos obtenga el perdón de sus pecados, y un aumento constante de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.

Fuente: oficiodivino.com 

 

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VIGÉSIMO CUARTA SEMANA MIÉRCOLES Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas  7, 31-35 Comentarios

VIGÉSIMO CUARTA SEMANA

MIÉRCOLES

Año impar

Es realmente grande el misterio que veneramos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo     3, 14-16

 

    Querido hermano:
Aunque espero ir a verte pronto, te escribo estas cosas por si me atraso. Así sabrás cómo comportarte en la casa de Dios, es decir, en la Iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad.
En efecto, es realmente grande el misterio de la fe:
Él se manifestó en la carne,
fue justificado en el Espíritu,
contemplado por los ángeles,
proclamado a los paganos,
creído en el
mundo
y elevado a la gloria.


 
Palabra de Dios.

SALMO

     Sal 110, 1-6

R.

 ¡Grandes son las obras del Señor!

 

O bien:

Aleluya.
 

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas. 
R.

Su obra es esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
El hizo portentos memorables,
el Señor es bondadoso y compasivo. 

R.

Proveyó de alimento a sus fieles
y se acuerda eternamente de su alianza.
Manifestó a su pueblo el poder de sus obras,
dándole la herencia de las naciones. 

R.

ALELUYA     Cf. Jn 6, 63c. 68c

Aleluya.
Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida;
Tú tienes palabras de Vida eterna.
Aleluya.

EVANGELIO

¡Les tocamos la flauta, y no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas  7, 31-35

Dijo el Señor:

    ¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos:
 ¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron!
        ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!

    Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: “¡Ha perdido la cabeza!”  Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!.” Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.


Palabra del Señor.

Leer el comentario del Evangelio por San Basilio (c. 330-379), monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia  Prólogo a las Grandes Reglas

Dios nos llama, incansablemente, a la conversión

 

      Hermanos, no permanezcamos en la despreocupación y la relajación; no dejemos ligeramente, para mañana o aún para más tarde, para comenzar a hacer lo que debemos.Ahora es la hora favorable, dice el apóstol Pablo, ahora es el día de la salvación” (2Co 6,2). Actualmente es, para nosotros, el tiempo de la penitencia, más tarde será el de la recompensa; ahora es el tiempo de la perseverancia, un día llegará el de la consolación. Dios viene ahora para ayudar a los que se alejan del bien; más adelante Él será el juez de nuestros actos, de nuestras palabras y de nuestros pensamientos como hombres. Hoy nos aprovechamos de su paciencia; en el día de la resurrección conoceremos sus justos juicios, cuando cada uno reciba lo que corresponda a nuestras obras.

      ¿Cuándo nos decidiremos a obedecer a Cristo que nos llama a su Reino celeste? ¿Es que no nos purificaremos? ¿Es que no nos decidiremos a abandonar nuestra habitual forma de vivir para seguir, a fondo, el Evangelio?      

LA GRACIA del Miércoles 20 de Septiembre de 2017

 

Santos del 20 de septiembre

Beato Francisco de Posadas

En Córdoba, en España, beato Francisco de Posadas, presbítero de la Orden de Predicadores, que durante cuarenta años predicó a Cristo en su región, sobresaliendo por su humildad y caridad.  Leer BEATO FRANCISCO POSADAS   († 1713) -Beato Marcos de Módena Scalabrini, O. P. Religioso presbí… Leer BEATO FRANCISCO POSADAS   († 1713) -Beato Marcos de Módena Scalabrini, O. P. Religioso presbí… BEATO FRANCISCO POSADAS   († 1713) -Beato Marcos de Módena Scalabrini, O. P. Religioso presbí… https://beatajuanadeaza.wordpress.com/2014/09/21

 

 

 

      PUBLICACIONES del 20 de septiembre  2014-2016

 

Martes de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario Evangelio según San Lucas 8,19-21. So… https://beatajuanadeaza.wordpress.com

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Pío Alberto del Corona, O.P. Leer las Publicaciones 2015 -2016 Noticias Fray Bonifacio García y Solís

Pío Alberto del Corona, O.P.

Nació el nuevo Beato en la importante ciudad portuaria de Livorno, distante unos 30 km. de Pisa, el 5 de julio de 1837. Recibió el bautismo el 8 de julio. Sus padres se llamaron Giuseppe Del Corona y Ester Bucalossi, comerciantes en calzado. Quedó huérfano de madre cuando apenas contaba dos años de edad. Recibió la confirmación el 22 de septiembre de 1843, de manos del arzobispo de Pisa Mons. G. B. Perretti. Hizo la primera comunión el 16 de abril de 1851.

Todavía adolescente, se inscribió en las Conferencias de San Vicente de Paúl, para ayudar a las familias pobres y enseñar el catecismo. Conoció personalmente en Livorno al Beato Federico Ozanam, fundador de esta asociación. Evocó más tarde la impresión que le produjo la visita a Livorno de aquel amigo de los desdichados. Para él Ozanam era un hombre de claro y elevado entendimiento, a quien el Señor había dotado de una sensibilidad exquisita y del don de la elocuencia.

En Livorno se relacionó Pío Alberto con los dominicos, que regentaban por entonces la parroquia de Santa Catalina de Siena, mientras él estudiaba en un colegio de religiosos barnabitas. El 4 de diciembre de 1854 tomó el camino de Florencia para pedir el ingreso en la Orden dominicana. Vistió, en efecto, el hábito y comenzó su noviciado en el convento de San Marcos, el 1º de febrero de 1855. A su término emprendió los estudios de filosofía y teología. Entre sus profesores destacaba fray Manuel Alemany, nacido en Vic (Barcelona), hermano del arzobispo de San Francisco de California fray José Sadoc Alemany, padre este en el Concilio Vaticano I y miembro de su Comisión doctrinal.

Por las llamadas leyes «leopoldinas» para el Gran Ducado de Toscanano realizó la profesión religiosa hasta el 3 de noviembre de 1859. Comenzaba entonces el segundo año de teología. Recibió el presbiterado el 5 de febrero de 1860. Continuó sus estudios y obtuvo el grado de Lector el 20 de noviembre de 1862, tras un examen de «universa philosophia et theologia» y la presentación de una tesis escrita sobre el Eutiquianismo, o doctrina que no admite la doble naturaleza, divina y humana, en Cristo. Entre sus examinadores se contaba el futuro Cardenal Agostino Bausa, O.P. ,arzobispo de Florencia.

Permaneció en el convento de San Marcos y se dedicó a la enseñanza y al ejercicio pastoral en su iglesia, que alberga la tumba de San Antonino de Florencia. Pronto consiguió una importante fama de predicador, confesor y profesor de filosofía y teología dogmática, también en el Seminario diocesano de la archidiócesis de Florencia. El 8 de junio de 1872 lo eligieron prior conventual.

 Por entonces había presentado ya al Maestro de la Orden, Padre Vicente Alejandro Jandel, un proyecto fundacional, inspirado en otra institución que realizó San Jerónimo en la colina romana del Aventino. En este caso se trataba de una fundación dominicana de hermanas terciarias regulares, dedicadas al estudio de la Sagrada Escritura y a la educación gratuita de las clases populares. A la cabeza de la empresa estuvo desde el comienzo Elena Buonaguidi, persona de especial virtud y formación. Los dos hablaron personalmente con el Maestro de la Orden en Roma y, a continuación, con el Papa, Beato Pío IX. La obra dio comienzo en la diócesis de Fiésole el 11 de noviembre de 1872.

En noviembre de 1874 fue nombrado obispo titular de Draso y coadjutor del de San Miniato, Pío Alberto con plena responsabilidad en la diócesis. Recibió la ordenación episcopal el 3 de enero de 1875 en la iglesia romana de San Apolinar. Llegado a la diócesis y, desde su residencia en el convento de Santo Domingo, se dedicó intensamente a procurar la renovación espiritual de sus fieles, reabrió el seminario y hasta impartió en él clases de filosofía, teología tomista y hebreo.

Visitaba las parroquias, se dedicaba en especial a la predicación, a veces en forma de «misiones populares», y a la administración de los sacramentos de la confirmación y penitencia, sin descuidar la visita a enfermos, en los hospitales y en sus hogares, y asimismo a los encarcelados. «¡Yo soy para los pobres, por lo mismo debo estar entre los pobres!», exclamaba. —A sus predicaciones acudía de ordinario un numeroso auditorio que llenaba las iglesias. Decía que encontraba fuerzas ante el Sagrario y que allí, en ocasiones, «gritaba con fervor», a la vez que ofrecía a Cristo un sacrificio perenne. Hallaba consuelo en la Eucaristía. Estaba seguro que Dios bendecía sus obras amasadas en el sufrimiento. En el mismo año de su ingresó en la diócesis la consagró al Sagrado Corazón de Jesús. —Animaba a los sacerdotes a trabajar por conseguir una intensa comunión entre sí y con el obispo: «Caminemos juntos de la mano de Cristo —les pedía— y ofrezcamos ante los hombres y los ángeles una verdadera armonía divina».

Ejercitó también el ministerio mediante la palabra escrita, ocupación que inició ya en el mencionado convento de San Marcos. En estas ocupaciones ponía toda su alma. «¡Me ha salido del alma, confesaba al presentar un tratado teológico sobre el Verbo de Dios encarnado. Añadía que colocaba su obra a los pies de Jesús, «para que Él alentara en el interior de la misma, e infundiera a lo expuesto una poderosa vida».-. —Sus publicaciones —trabajos que llenaban su mente y corazón, que componía a veces entre lágrimas— tuvieron forma de cartas pastorales, de comentarios teológicos inspirados en la doctrina de Santo Tomás de Aquino, como por ejemplo, los que dedicó a los misterios de Cristo, las virtudes cardinales, la teología de San Pablo, la pequeña Suma teológica, la edición de la Catena Aurea. También escribió sobre la Eucaristía e historias y doctrinas evangélicas. Con suma sencillez manifestaba en una ocasión: «He terminado de redactar una meditación sobre el costado de Cristo abierto (por la lanza del soldado en la cruz). Lo he terminado llorando».

Atendió a la comunidad dominicana que fundó, y lo hizo mediante visitas periódicas. Deseaba que se expansionara, con la confianza puesta en la divina providencia. Mostraba gran interés en la formación de las religiosas y del alumnado que les confiaban. Aseguraba que tenía el corazón puesto en la escuela. Quería que sus religiosas se formaran en una piedad iluminada por la Biblia y la Eucaristía, con devoción particular al Espíritu Santo.Resultado de imagen para León XIII

Animó la fundación, en 1885, de un colegio para muchachos internos, dedicado a Santo Tomás de Aquino. Junto a este colegio fijó su residencia y en él impartió clases de religión. Anhelaba que se estableciera, asimismo en él, un estudio teológico con el apoyo de los obispos de la Toscana. Puesto en marcha el proyecto, los alumnos fueron recibidos en audiencia por León XIII en abril de 1888. Pero esta institución tuvo una vida efímera, porque se clausuró en 1890 y él asumió con fortaleza y caridad las dificultades económicas consiguientes al cierre.

En 1897 murió el obispo de San Miniato y Mons. Del Corona se convirtió en obispo residencial de esta diócesis que venía pastoreando desde hacía 23 años. Se estableció entonces en el obispado y llevó una vida extremadamente sobria. Promovió instituciones que fomentaban la solidaridad para con los necesitados, el culto y la formación cristiana y social de las gentes. Continuó prodigándose por medio de múltiples visitas pastorales a las parroquias e instituciones. Su llegada era motivo de fiesta para la feligresía.

Por sus condiciones precarias de salud —problemas hepáticos y extrema debilidad en la vista— acudió al Papa suplicándole que le exonerara del gobierno diocesano. Al fin, San Pío X acogió plenamente su instancia en agosto de 1907. Recibió entonces el nombramiento de arzobispo titular de Sárdica, como expreso reconocimiento del «santo gobierno» que había ejercitado en San Miniato..

Se retiró a la casa de su Congregación dominicana para dedicarse a la oración, estudio y apostolado, entre las religiosas de la comunidad y entre otras muchas personas que le visitaban en busca de consejo y aliento. Con frecuencia moraba con sus frailes del convento de Santo Domingo de Fiésole. Intensificó la oración y meditación. Siguió escribiendo sobre temas de espiritualidad y añadió comentarios a algunas obras de Santo Tomás. En el convento de Santo Domingo de Fiésole, que guarda alguna obra maestra del Beato Angélico, disfrutaba intensamente de la vida fraterna. «En él disfrutamos de una elevada y solemne quietud —comunicaba por entonces—, experimentamos la recóndita belleza de la pobreza y de la paz del convento. La salmodia eleva hasta el cielo. La vida del pensamiento y la vida del corazón, con sus gozos, son como dos flores que aquí dentro brotan de un mismo tallo».

Murió en la casa de su Congregación, en Fiésole, el 15 de agosto de 1912. En su testamento suplicaba a la Santísima Virgen que le socorriera en el momento del tránsito, que su virginales manos fueran como un altar sobre el cual pudiera celebrar el último Sacrificio que le introdujera en el seno de Jesús, «mi redentor y mi Dios», en cuya compañía esperaba gozar de la bienaventuranza por toda la eternidad».

Al año siguiente, en 1913, el Maestro de la Orden Beato Jacinto Cormier se apresuró a editar una biografía, compuesta por él mismo. Se la dedicó de buen grado a una persona que consagró «toda su existencia al bien de las almas», y porque conoció en él a un amigo de Dios y de los hombres.

El proceso de canonización se abrió en la diócesis de San Miniato el 12 de diciembre de 1941 y se clausuró el 9 de junio de 1959. En el 2014 las hermanas de la Congregación «Suore Domenicane dello Spirito Santo» eran trece.

Fr. Vito T. Gómez García, O.P.

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LA BEATIFICACIÓN Pio Alberto Del Corona, OP Obispo y Fundador (1837-1912) 19 de Septiembre Por… https://beatajuanadeaza.wordpress.com

 

Beato Pío Alberto del Corona, Obispo y Fundador(1875 † 1912) obispo de San Miniato y fundadorhttps://beatajuanadeaza.wordpress.com

 

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Oración de la mañanSemana XXIV

Laudes Martes IV 

19 de Septiembre 

Beato, Pío Alberto del Corona; En Florencia, Italia, beato Pío Alberto del Corona, sacerdote de la Orden de Predicadores (Dominicos), obispo de San Miniato y fundador de la congregación de las Hermanas Dominicas del Espíritu Santo ( 1912

OREMOS  HOY :  POR LAS INTENSIONES DEL PAPA FRANCISCO, Por Venezuela  

Oremos por Fray MARTÍN CONTRERAS 

OREMOS  HOY POR Su Cumpleaños A:

 

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.

Salmo 23

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

Se repite la antífona

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Se repite la antífona

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Se repite la antífona

Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.

Himno: ESTÁTE, SEÑOR, CONMIGO.

Estate. Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía,
donde tú vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía,
si tu vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida,
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la imortal que tú das,
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 Para tí es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

– Salmo 100 – PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO

Voy a cantar la bondad y la justicia, 
para ti es mi música, señor,
voy a explicar el camino perfecto. 
¿Cuándo vendrás a mí?

Andaré con rectitud de corazón 
dentro de mi casa;
no pondré mis ojos 
en intenciones viles.

Aborrezco al que obra mal, 
no se juntará conmigo; 
lejos de mí el corazón torcido, 
no aprobaré al malvado.

Al que en secreto difama a su prójimo 
lo haré callar, 
ojos engreídos, corazones arrogantes 
no los soportaré.

Pongo mis ojos en los que son leales, 
ellos vivirán conmigo;
el que sigue un camino perfecto, 
ése me servirá.

No habitará en mi casa 
quien comete fraudes; 
el que dice mentiras 
no durará en mi presencia.

Cada mañana haré callar 
a los hombres malvados,
para excluir de la ciudad del Señor 
a todos los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

Ant. 2 No nos desampares, Señor, para siempre.

Cántico: ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO Dn. 3, 26-27.29, 34-41

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza y glorioso es tu nombre.

Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros 
y todas tus obras son verdad, 
y rectos tus caminos, 
justos todos tus juicios.

Hemos pecado y cometido iniquidad 
apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre, 
no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza, 
no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abraham, tu amigo, 
por Isaac, tu siervo, 
por Israel, tu consagrado,
a quienes prometiste 
multiplicar su descendencia 
como las estrellas del cielo, 
como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño 
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra 
a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes, 
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios, 
ni ofrendas, ni incienso; 
ni un sitio donde ofrecerte primicias, 
para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito, 
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros 
o una multitud de corderos cebados;

que éste sea hoy nuestro sacrificio, 
y que sea agradable en tu presencia: 
porque los que en ti confía 
no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón, 
te respetamos y buscamos tu rostro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 No nos desampares, Señor, para siempre.

Ant. 3 Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

Salmo 143, 1-10 ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ

Bendito el señor, mi Roca, 
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo, 
mi escudo y mi refugio, 
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? 
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo; 
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende, 
toca los monte, y echarán humo, 
fulmina el rayo y dispérsalos, 
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba; 
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas, 
de las manos de los extranjeros, 
cuya boca dice falsedades, 
cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, 
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: 
para ti que das la victoria a los reyes, 
y salvas a David, tu siervo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

LECTURA BREVE  Is 55,1

Oid, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar: vino y leche de balde.

SEGUNDA  LECTURA

Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
(Sermón 46, 4-5: CCL 41, 531-533)

EL EJEMPLO DE PABLO

Hallándose Pablo en cierta ocasión en suma indigencia, encarcelado a causa de la predicación de la verdad, recibió, de parte de los hermanos, bienes con qué subvenir a su pobreza y a sus propias necesidades. Y contestó a los que así lo habían ayudado y les dio las gracias, diciendo: Al socorrer mis necesidades, habéis obrado bien. En cuanto a mí he aprendido ya a tener hartura y a pasar hambre, a abundar y a tener escasez. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, muchas gracias por haberme socorrido con vuestros bienes en mi apurada situación.

Pero para mostrar qué era lo que él buscaba en el bien que habían realizado y con el fin de evitar que se introdujeran entre ellos algunos que se apacentaran a sí mismos, no a las ovejas, les da a entender que no se alegra tanto de la ayuda que ha recibido cuanto se felicita por el bien que ellos han realizado. ¿Qué es, pues, lo que él buscaba en la acción de ellos? «No busco regalos -dice-, sino rentas que se vayan multiplicando a cuenta vuestra. No persigo saciarme yo, sino que deseo que vosotros no quedéis sin dar fruto.»

Aquellos, pues, que no llegan a realizar lo que hizo Pablo, trabajando con sus manos para procurar su propio alimento, reciban la leche de sus ovejas y sustenten con ella sus necesidades, pero no olviden tampoco las necesidades de sus rebaños. Que al anunciar el Evangelio no busquen en ello su propio interés, como si trabajaran movidos por el deseo de remediar sus propias necesidades, antes procuren hacerlo pensando en que deben iluminar a los hombres con la luz de la verdad, tal como está escrito: Estén ceñidos vuestros lomos, y encendidas vuestras lámparas; y también aquello otro: No se enciende una lámpara para meterla bajo el celemín, sino para ponerla sobre el candelero, así alumbra a todos los que están en la casa. Alumbre vuestra luz a los hombres para que, viendo vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre celestial.

Si, pues, enciendes una lámpara en tu casa, ¿no irás añadiendo aceite para que no se apague? Y si la lámpara en la que has vertido ya aceite no ilumina, ¿acaso no la tendrás como indigna de estar colocada sobre el candelero y no la romperás inmediatamente? Por tanto, en aquello mismo de donde sacamos nuestro alimento para vivir nosotros, en aquello mismo debemos encontrar el amor con que saciar a los demás. No como si el Evangelio fuera un bien rentable con cuyo precio se pagara el alimento de los que lo anuncian. Si el Evangelio se vendiera por este precio, se vendería, sin duda, una cosa de gran valor por un precio vil y exiguo. El sustento para la propia vida se recibe del pueblo, el don del Evangelio lo da el Señor. El pueblo no es, por tanto, capaz de pagar debidamente a quienes, por amor, anuncian el Evangelio; y los predicadores no deben esperar, como paga, otra cosa sino la salvación de quienes los escuchan.

¿Por qué, pues, son increpados los pastores y de qué se les reprende? Sin duda de haber ido tras la leche de las ovejas y de haberse cubierto con su lana, olvidando el bien de las ovejas. Buscaban, por tanto, sus intereses personales, no los de Cristo Jesús.

RESPONSORIO BREVE 

V. Escucha mi voz, Señor, espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor, espero en tu palabra.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor, espero en tu palabra

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de nuestro enemigos, líbranos, Señor.

Cántico de zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR  Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la mano de nuestro enemigos, líbranos, Señor.

PRECES.

 

Dios nos otorga el gozo de poder alabarlo en este comienzo del día, reavivando con ello nuestra esperanza, Invoquémosle, pues, diciendo:

Por el honor del tu nombre escúchanos, Señor.

Dios y Padre de nuestro Salvador Jesucristo,

te damos gracias porque, por mediación de tu Hijo, nos has dado el conocimiento y la inmortalidad.

Danos, Señor, un corazón humilde

para que vivamos sujetos unos a otros en el temor de Cristo.

Infunde tu Espíritu en nosotros tus siervos,

para que nuestro amor fraterno sea sin fingimiento.

Tú que has dispuesto que el hombre dominara el mundo con su esfuerzo,

haz que nuestro trabajo te glorifique y santifique a nuestros hermanos.

 

Se pueden añadir algunas [Intenciones] libres

Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó:

             Padre nuestro ………….

ORACIÓN.

Aumenta, Señor, nuestra fe, para que esta alabanza que brota de nuestro corazón vaya siempre acompañada de frutos de vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén

Fuente: oficiodivino.com

 

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LAUDES Oración de la mañana Semana XXIV de Tiempo Ordinario LUNES DE LA SEMANA XXIV De la Feria. Salterio IV 18 de septiembre

LAUDES

Oración de la mañana

Semana XXIV de Tiempo Ordinario

LUNES DE LA SEMANA XXIV

De la Feria. Salterio IV

18 de  septiembre

OREMOS HOY: POR LAS INTENSIONES DEL PAPA FRANCISCO,  Por la Paz de Venezuela

Oremos por Fray MARTÍN CONTRERAS 

Por Su Cumpleaños A:

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Ant. Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos.

–Salmo 23–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

Se repite la antífona

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Se repite la antífona

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Se repite la antífona

Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant. Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos.

Himno: SEÑOR, COMO QUISIERA.

Señor, cómo quisiera
en cada aurora aprisionar el día,
y ser tu primavera
en gracia y alegría,
y crecer en tu amor más todavía.

En cada madrugada
abrir mi pobre casa, abrir la puerta,
el alma enamorada,
el corazón alerta,
y contigo tu mano siempre abierta.

Ya despierta la vida
con su canción de ruidos inhumanos;
y tu amor me convida
a levantar mis manos
y a acariciarte en todos mis hermanos.

Hoy elevo mi canto
con toda la ternura de mi boca,
al que es tres veces santo,
a ti que eres mi Roca
y en quien mi vida toda desemboca. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Por la mañana, sácianos de tu misericordia, Señor.

Salmo 89 – BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: “retornad, hijos de Adán.”
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Por la mañana, sácianos de tu misericordia, Señor.

 

Ant 2. Llegue la alabanza del Señor hasta el confín de la tierra.


Cántico: CANTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR Is 42, 10-16

Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene, 
las islas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar,
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las islas.

El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.

Desde antiguo guardé silencio,
me callaba y aguantaba;
mas ahora grito como la mujer cuando da a luz,
jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran.
Ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.”

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Llegue la alabanza del Señor hasta el confín de la tierra.

Ant 3. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

Salmo 134, 1-12 – HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa el Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
–en medio de ti, Egipto–
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

LECTURA BREVE   Jdt 8, 21b-23

Recordad que Dios ha querido probarnos como a nuestros padres. Recordad lo que hizo con Abraham las pruebas por que hizo pasar a Isaac, lo que aconteció a Jacob. Como les puso a ellos en el crisol para sondear sus corazones, así el Señor nos hiere a nosotros , los que nos acercamos a él, no para castigarnos, sino para amonestarnos.

Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastoresSEGUNDA LECTURA

 

Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
(Sermón 46, 3-4: CCL 41, 530-531)

 

 

 

LOS PASTORES QUE SE APACIENTAN A SÍ MISMOS


Veamos, pues, lo que dice a los pastores que se apacientan a sí mismos la palabra divina que a nadie adula: Os bebéis su leche, os vestís con su lana; y matáis a las mejor alimentadas, pero no apacentáis las ovejas. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis las descarriadas ni buscáis a las perdidas, y las habéis dominado con crueldad y violencia. Al no tener pastor, se desperdigaron mis ovejas.

De estos pastores que se apacientan a sí mismos y no a las ovejas se dice aquí lo que buscan y lo que, por el contrario, olvidan. ¿Qué es lo que buscan? Os bebéis su leche, os vestís con su lana. Sobre ello dice el Apóstol: ¿Quién planta una viña y no come de su fruto? ¿Quién apacienta un rebaño y no se aprovecha de la leche? Los bienes, por tanto, que el pueblo ofrece para el sustento de la vida corporal de sus prelados son como la leche del rebaño. Pues de esto precisamente hablaba el Apóstol en el lugar que os he recordado.

Si bien el Apóstol eligió para sí trabajar con sus propias manos, con el fin de no tener que buscar ni tan sólo la leche de sus ovejas, afirmó, con todo, que tenía derecho a recibir esta leche, como lo había establecido el Señor al decir que quienes anuncian el Evangelio vivan del Evangelio; y en otro lugar afirma también que otros coapóstoles suyos usaron de este derecho que les había sido dado y que no habían usurpado. Al renunciar él a este su derecho fue más allá de su obligación, pero no exigió que los otros hicieran lo mismo. Quizá se refiera también a esto mismo aquello que se nos dice del buen samaritano que condujo al que había encontrado herido a la posada y dijo al posadero: Si gastas algo más, ya te lo abonaré a mi vuelta.

¿Qué más debemos añadir sobre estos pastores que no andan tras la leche de sus rebaños? Sin duda debemos afirmar que son más misericordiosos o, mejor dicho, que realizan con más largueza su deber de mostrar misericordia. Pueden obrar así y, según esta posibilidad que tienen, así obran. Alabemos a los que actúan de esta manera, pero no condenemos a los que se comportan de otro modo. Ya que el mismo Apóstol, aunque no buscaba los bienes que se le ofrecían, deseaba, sin embargo, que las ovejas dieran su fruto y no las quería estériles ni sin leche.

RESPONSORIO BREVE

V. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
R.
 Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

V. Cantadle un cántico nuevo.
R
Que merece la alabanza de los buenos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
 Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

PRECES

Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él diciendo:

Escúchanos, Señor.

Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;

continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.

Tú que con el Padre sigues actuando siempre en el mundo,

renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.

Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos

para que podamos contemplar hoy tus maravillas.

Ya que nos llamas hoy a tu servicio,

haz que seamos buenos administradores de tu multiforme gracia en favor de nuestros hermanos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:

Padre nuestro…


ORACIÓN


Señor Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra, y creaste la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu ayuda, trabajemos sin desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN


V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R
Amén.

Fuente: liturgiadelashoras.com

 

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San Juan Macías, fraile dominico Publicaciones 2014 AL 2017

San Juan Macías, fraile dominico

Sobre San Juan Macías no se sabe mucho, pero como ya hemos escrito sobre el resto de los santos limeños: Toribio de Mogrovejo, Rosa de Lima, Martín de Porres y Francisco Solano y en tiempos hubo un ruego para que escribiéramos sobre los cinco, hoy lo hacemos sobre San Juan Macías, aunque de él sabemos relativamente poco.

La creciente devoción en Lima hacia el llamado “padre de los pobres” por sus desvelos hacia todos los indígenas de aquellas tierras y el interés suscitado por la diócesis española de Badajoz, de donde procedía, hizo que el Papa San Juan XXIII ordenara el 20 de julio de 1960 que se retomara su causa, pues en Olivenza, ciudad extremeña que con anterioridad había pertenecido a Portugal, había ocurrido un nuevo milagro por su intercesión.

El 23 de junio de 1949, en la parroquia de Santa María Magdalena, por intercesión del beato se verificó una prodigiosa multiplicación de arroz que se estaba distribuyendo entre los pobres, pues con la cantidad de la que se disponía, no había suficiente para paliar las necesidades de tantos como habían acudido al reparto. La monja que estaba repartiendo el arroz, al ver que faltaba y que no habría para todos, le rezó en voz alta y la olla que estaba casi vacía, se rebozó y siguió llena mientras se seguía repartiendo arroz entre los pobres. Recordemos que después de la guerra de 1936 a 1939, España sufrió unos años de muchísima carencia de alimentos y de otras materias básicas.

La Curia diocesana de Badajoz inició la instrucción de este caso en el año 1961, reconociéndose válido por un decreto de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos de fecha 2 de febrero de 1973 y el Papa Beato Pablo VI con fecha 4 de octubre de 1974 decretó la canonización del beato Juan Macías, ceremonia que se celebró solemnemente en la Basílica Vaticana el día 28 de septiembre del año 1975.

San Juan Macías (o Juan  el Pastorcito) había nacido en el pueblo extremeño de Ribera del Fresno el día 2 de marzo del año 1645; sus padres fueron Pedro de Arcas y Juana Sánchez, pero a él se le llama Juan Macías porque a los pastorcillos se les llamaban “los Macías”. Con solo cuatro años se quedó huérfano haciéndose cargo de él un tío suyo que fue quién lo dedicó al pastoreo, trabajo que realizó hasta los ocho años de edad, momento en el que decidió marcharse de la casa de su tío.

Lienzo barroco del Santo distribuyendo pan entre los pobres.


Resultado de imagen para San Juan Macías, fraile dominico

  • Vista de la almohada que solía usar el Santo, expuesta en Lima (Perú)

Conoció a un comerciante con el que trabajó y, cuando tendría unos veinte años de edad, con él hizo el viaje a América, llegando a Cartagena de Indias y pasando por Pasto y Quito, finalmente se asentó en Lima, donde se quedó hasta el día de su muerte. En la capital peruana trabajó con unos ganaderos, pues ese había sido su trabajo cuando era pequeño. En Lima contactó con la Orden de Santo Domingo de Guzmán, en la que ingresaría el día 23 de enero del 1622 como hermano lego en el convento de Santa María Magdalena. Después de un año de noviciado, realizó sus votos religiosos.

En el convento se distinguió por su austeridad, vida de oración y caridad ayudando a todos los mendigos, abandonados y enfermos que se acercaban al convento, donde por obediencia, ejercía el oficio de portero. Los recibía y les daba de comer arrodillado ante ellos, mirando por humildad siempre al suelo.

Fue amigo íntimo de San Martín de Porres y a él, no solo acudían los necesitados, sino también algunos personajes nobles y hasta el propio Virrey a fin de recibir consejo del humilde fraile. Pero toda esta actividad la realizaba más por obediencia que por propia iniciativa pues era especialmente reservado y su mayor deseo era pasar desapercibido. De él se dijo que si no fuera por la obediencia, nadie le habría visto jamás el rostro. Como portero estaba expuesto a todos los que acudían al convento; a todos recibía con exquisita delicadeza, pero su más íntimo deseo, era ser ignorado y que incluso no se supiera de su existencia, pero como la obediencia era una de sus virtudes preferidas, el hacer algo que no le gustaba le suponía una alegría y una enorme paz interior.

Resultado de imagen para San Juan Macías, fraile dominicoVista del canasto que el Santo usaba para recoger alimentos y limosnas para los pobres, expuesto en Lima (Perú).

Tuvo el don de milagros en vida y después de muerto. Se cuenta que en el año 1678 un novicio haciendo limpieza en su celda levantó un bulto de mucho peso y como padecía de una hernia inguinal, el esfuerzo que realizó le estranguló la hernia necesitando urgentemente una operación que en aquella época no se practicaba. Los médicos lo dieron por desahuciado y le administraron la Unción de los enfermos, pero el prior del convento le dio un cuadro de fray Juan, que había muerto hacía más de treinta años y todos se pusieron a rezarle para que le curara. Cansados, se quedaron dormidos y al despertarse vieron que el novicio estaba curado. Este milagro fue uno de los dos reconocidos para que fuera declarado beato. También tuvo algunos éxtasis místicos en los cuales se le aparecía la Virgen y San Juan evangelista.

Sintiéndose morir cuando tenía unos sesenta años de edad, se dedicó a contarle a los frailes todos los regalos que había recibido de Dios desde que él era niño y cómo en repetidas ocasiones San Juan le había hecho contemplar la gloria que le esperaba. A un fraile que era amigo suyo, le dijo: “Fray Juan, padre mío, allí en el cielo ¿cree su reverencia que yo lo olvidaré? Le doy mi palabra de que allí seremos mejores amigos que lo hemos sido aquí”. A otro fraile que le decía qué harían los pobres cuando él faltara, le dijo: “Con que tengan a Dios, sobra todo lo demás y de todas formas les queda el hermano Dionisio y otros buenos amigos que están también en el convento”.

Cuando se acercó la hora de su muerte, avisó a todos los frailes para despedirse de ellos diciéndoles: “Ahora sí que ha llegado mi hora; que se haga en mí la voluntad de mi Señor”; le llevaron el Viático y le administraron la Extremaunción. Murió el 16 de septiembre del año 1645 cuando los frailes cantaban la “Salve Regina”. Fue sepultado en el convento.

Resultado de imagen para San Juan Macías, fraile dominicoEl arzobispo de Lima venerando las reliquias del Santo en su traslado anual del convento a la parroquia, Lima (Perú).

Fray Juan Meléndez nos dice de él que era de mediano cuerpo, tenía el rostro blanco, las facciones menudas, la frente ancha pero partida por una vena gruesa que salía desde el nacimiento de los cabellos, moderadamente calvo, de cejas pobladas, ojos alegres y nariz algo aguileña, las mejillas sonrosadas y enjutas y la barba, espesa y negra.

Treinta y seis años después de su muerte, su cadáver fue exhumado y estaba incorrupto. Actualmente, así se encuentra dentro de su urna en el altar mayor del Convento de Santo Domingo, junto con los cuerpos de Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.

Resultado de imagen para Beato Pablo VIFue beatificado el 22 de octubre del 1837 por el Papa Gregorio XVI y como dije más arriba, canonizado por el Beato Pablo VI el 28 de septiembre de 1975.

San Juan Macias en Latinoamérica

Fuente :preguntasantoral.esp

 Para Leer las Publicaciones

San Juan Macías El religioso extremeño (1585-1645) https://beatajuanadeaza.wordpress.com

 

BIOGRAFÍA San  Juan Masías Amor a las almas del Purgatorio. (1585-1645) 18 de septiembre https://beatajuanadeaza.wordpress.com

 

San Juan Macías – Raices de la evangelización https://beatajuanadeaza.wordpress.com

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OFICIO DIVINO LAUDES (Oración de la mañana) Semana XXIV de Tiempo Ordinario De la Feria. Salterio III Laudes Domingo IV semana 17 de septiembre

OFICIO DIVINO

LAUDES
(Oración de la mañana)

Semana XXIV de Tiempo Ordinario

Laudes Domingo la Feria. Salterio IV semana

17 de septiembre

OREMOS HOY: POR LAS INTENSIONES DEL PAPA FRANCISCO,  Por la Paz de Venezuela

Por Su Cumpleaños A:

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Ant. Pueblo del Señor, rebaño que él guía, bendice a tu Dios. 

–Salmo 94–

 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Se repite la antífona

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Se repite la antífona

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Se repite la antífona

Ojalá escuchéis hoy su voz:
No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.”

Se repite la antífona

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant. Pueblo del Señor, rebaño que él guía, bendice a tu Dios. Aleluya.

Himno: ES LA PASCUA REAL, NO YA LA SOMBRA.

Es la Pascua real, no ya la sombra,
la verdadera pascua del Señor;
la sangre del pasado es solo un signo,
la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste
con tus sangrientas manos paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas,
la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne
reconciliada con tu Padre eterno;
y, desde arriba, vienes a llevarnos
a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre
para unir a los hombres con su Dios;
se rompen las cadenas del infierno,
y en los labios renace la canción.

Cristo, Rey eterno, te pedimos
que guardes con tus manos a tu Iglesia,
que protejas y ayudes a tu pueblo
y que venzas con él a las tinieblas. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia. Aleluya.

Salmo 117 – HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre? 
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los magnates.

Todos los pueblos me rodeaban, 
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos: 
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. 
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia. Aleluya.

 

Ant 2. Aleluya. Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.

Cántico: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR Dn 3, 52-57

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, Santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos: 
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aleluya. Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.

 

Ant 3. Todo ser que alienta, alabe al Señor. Aleluya.

Salmo 150 – ALABAD AL SEÑOR.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su augusto firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta, alabe al Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo ser que alienta, alabe al Señor. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Tm 2, 8. 11-13


A
cuérdate de Cristo Jesús, del linaje de David, que vive resucitado de entre los muertos. Verdadera es la sentencia que dice: Si hemos muerto con él, viviremos también con él. Si tenemos constancia en el sufrir, reinaremos también con él; si rehusamos reconocerle, también él nos rechazará; si le somos infieles, él permanece fiel; no puede él desmentirse a sí mismo.

Comienza el Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastoresSEGUNDA LECTURA

 

Comienza el Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores (Sermón 46, 1-2: CCL 41, 529-530)

 

SOY CRISTIANO Y OBISPO

No es la primera vez que me oís hablar de aquella esperanza, fundada en Cristo, en la que tenemos nuestra única gloria verdadera y saludable, pues vosotros formáis parte del rebaño que tiene por pastor a aquel que cuida y apacienta a Israel. Sin embargo, como no faltan pastores a quienes les gusta el nombre de pastor, pero no cumplen, en cambio, con las obligaciones del pastor, no estará mal que recordemos lo que dice el Señor por boca del profeta sobre esos tales. Escuchadlo con atención, atendamos todos con temor.

El Señor me dirigió la palabra en estos términos: «Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, diciéndoles.» Acabamos de escuchar la lectura que se nos ha proclamado, y por ello debo decir algo para comentarla. Dios me ayudará para que diga cosas verdaderas, si yo, por mi parte, no pretendo exponer mis propias ideas. Porque si os propusiera mis ideas, también yo sería de aquellos pastores que, en lugar de apacentar las ovejas, se apacientan a sí mismos. Si, en cambio, hablo no de mis pensamientos, sino exponiendo la palabra del Señor, es el Señor quien os apacienta por mediación mía. Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?; es como si se dijera: «Los pastores no deben apacentarse a sí mismos, sino a las ovejas.» Ésta es la primera causa por la que el profeta reprende a tales pastores, porque se apacientan a sí mismos y no a las ovejas. ¿Y quiénes son, pues, aquellos pastores que se apacientan a sí mismos? Sin duda alguna son aquellos de los que el Apóstol afirma: Todos buscan sus intereses personales, no los de Cristo Jesús.

El Señor, no según mis merecimientos, sino según su infinita misericordia, ha querido que yo ocupara este lugar y me dedicara al ministerio pastoral; por ello debo tener presente dos cosas, distinguiéndolas bien, a saber: que por una parte soy cristiano y por otra soy obispo. El ser cristiano se me ha dado como don propio; el ser obispo, en cambio, lo he recibido para vuestro bien. Consiguientemente, por mi condición de cristiano debo pensar en mi salvación, en cambio, por mi condición de obispo debo ocuparme de la vuestra.

En la Iglesia hay muchos que, siendo cristianos pero sin ser prelados, llegan a Dios; ellos andan, sin duda, por un camino tanto más fácil y con un proceder tanto menos peligroso cuanto su carga es más ligera. Yo, en cambio, además de ser cristiano, soy obispo; por ser cristiano deberé dar cuenta a Dios de mi propia vida, por ser obispo deberé dar cuenta de mi ministerio.

RESPONSORIO BREVE

V. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre.
R. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre.

V. Pregonando tus maravillas.
R. Invocando tu nombre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él.

PRECES


Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; invoquémosle, pues, diciendo:

Te bendecimos y en ti confiamos, Señor.

 

Te alabamos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de la verdad;

haz que te sirvamos con santidad y justicia.

 

Vuélvete hacia nosotros, Señor, tú que has querido abrirnos la puerta de tu misericordia,

y haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.

 

Ya que hoy celebramos la resurrección del Hijo de tu amor,

haz que este día transcurra lleno de gozo espiritual.

 

Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza,

para que en toda ocasión te demos gracias.

Se pueden añadir algunas intencionelibres

 

Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo:

Padre nuestro…

 

ORACIÓN

Oh Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde el amor de tu nombre en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
 Amén.

FUENTE:z liturgiadelashoras. com.

 

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Nuestra Señora de los Dolores 15 de septiembre Memoria Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan  19, 25-27 Comentarios

Nuestra Señora de los Dolores 

15 de septiembre Memoria

Aprendió qué significa obedecer
y llegó a ser causa de salvación eterna

Lectura de la carta a los Hebreos     5, 7-9

Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

Palabra de Dios.

SALMO     Sal 30, 2-3a. 3b-4. 5-6. 15-16. 20 (R.: 17b)

R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme. R.

Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme. R.

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen. R.

¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos. R.

SECUENCIA

Esta Secuencia es optativa.

Se encontraba la Madre dolorosa
junto a la cruz, llorando,
en que el Hijo moría,
suspendido.

Con el alma dolida y suspirando,
sumida en la tristeza,
que traspasa el acero
de una espada.

Qué afligida y qué triste se encontraba,
de pie aquella bendita
Madre del Hijo único
de Dios.

Cuánto se dolía y padecía
esa piadosa Madre,
contemplando las penas
de su Hijo.

¿A qué hombre no va a hacer llorar,
el mirar a la Madre de Cristo
en un suplicio tan tremendo?

¿Quién es el que podrá no entristecerse
de contemplar tan sólo a esta Madre
que sufre con su Hijo?

Ella vio a Jesús en los tormentos,
sometido al flagelo,
por cargar los pecados
de su pueblo.

Y vio cómo muriendo abandonado,
aquél, su dulce Hijo,
entregaba su espíritu
a los hombres.

Madre, fuente de amor,
que yo sienta tu dolor, 
para que llore contigo.

Que arda mi corazón
en el amor de Cristo, mi Dios,
para que pueda agradarle.

Madre santa,
imprime fuertemente en mi corazón
las llagas de Jesús crucificado.

Que yo pueda compartir
las penas de tu Hijo,
que tanto padeció por mí.

Que pueda llorar contigo,
condoliéndome de Cristo
todo el tiempo de mi vida.

Quiero estar a tu lado
y asociarme a ti en el llanto,
junto a la cruz de tu Hijo.

Virgen, la más santa de las vírgenes,
no seas dura conmigo:
que siempre llore contigo.

Que pueda morir con Cristo
y participar de su pasión,
reviviendo sus dolores.

Hiéreme con sus heridas,
embriágame con la sangre
por él derramada en la cruz.

Para que no arda eternamente
defiéndeme, Virgen,
en el día del Juicio.

Jesús, en la hora final,
concédeme, por tu madre,
la palma de la victoria.

Cuando llegue mi muerte, yo te pido,
oh Cristo, por tu madre,
alcanzar la victoria eterna.

ALELUYA

Aleluya.
Dichosa es santa María Virgen,
porque sin morir mereció la palma del martirio
junto a la cruz del Señor.
Aleluya.

EVANGELIO

Cuánto se dolía y padecía esa piadosa Madre,
contemplando las penas de su Hijo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

O bien:

A ti misma una espada te atravesará el corazón

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     2, 33-35

El padre y la madre de Jesús estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»

Palabra del Señor.

Leer el comentario del Evangelio por Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 4º sermón para la Asunción

«Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa»

      Cuando Jesús se puso a recorrer pueblos y ciudades para anunciar la Buena Nueva (Mt 9,35), María le acompañó, inseparablemente unida a sus pasos, pendiente de sus labios desde que abría la boca para enseñar. Hasta tal punto que ni la tempestad de la persecución ni el horror del suplicio no consiguieron que dejara de acompañar a su Hijo, ni la enseñanza de su Maestro. «Junto a la cruz de Jesús, estaba María, su madre». Verdaderamente es madre la que no abandonó a su hijo ni tan sólo en los terrores de la muerte. ¿Cómo podía horrorizarse por la muerte, ella cuyo «amor era fuerte como la muerte» (Ct 8,6) e incluso más fuerte que la muerte? Sí, se mantenía de pie junto a la cruz de Jesús y el dolor de esta cruz le crucificaba su corazón; todas las llagas que veía herían al cuerpo de su Hijo eran otras tantas espadas que le laceraban su alma (Lc 2,35). Es justo pues, que allí fuera proclamada Madre y que un protector bien escogido fuera designado para cuidar de ella, porque es ahí, sobre todo, que se manifiesta el amor perfecto de la madre con respecto al Hijo y la verdadera humanidad que el Hijo había recibido de su madre…

      Jesús «habiéndola amado, la amó hasta el fin» (Jn 13,1). No tan solo ha sido para ella el fin de su vida sino sus últimas palabras: por así decir, acabando de dictar su testamento, Jesús confió el  cuidado de su madre a su más querido heredero… Pedro, por su parte, recibió la Iglesia, y Juan, a María. Esta parte le era concedida a Juan como un signo del amor privilegiado del que fue objeto, pero también a causa de su castidad… Porque convenía que nadie más sino el discípulo amado de su Hijo, prestara este servicio a la madre del Señor… Y por esta disposición providencial, el futuro evangelista pudo conversar familiarmente de todo con aquella que lo sabía todo, ella que, desde el principio, había observado atentamente todo lo referente a su Hijo, y que «conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19).

LA GRACIA del Viernes 15 de Septiembre de 2017

Santos del 15 de septiembre

Nuestra Señora de los Dolores

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores (Angustias), que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.Leer… Nuestra Señora de los Dolores

 

 

 

 

 

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LAUDES Oración de la mañana NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES (MEMORIA). VIERNES DE LA SEMANA XXIII Del Común de la Santísima Virgen María. 15 de septiembre NUESTRA SEÑORA DE LOS

 LAUDES
Oración de la mañana

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES (MEMORIA).

VIERNES DE LA SEMANA XXIII
Del Común de la Santísima Virgen María.

15 de septiembre

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES (MEMORIA).

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant. Venid, adoremos al Salvador del mundo, de cuya pasión María participó.

-Salmo 94–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Se repite la antífona

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Se repite la antífona

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Se repite la antífona

Ojalá escuchéis hoy su voz:
No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Se repite la antífona

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant. Venid, adoremos al Salvador del mundo, de cuya pasión María participó.

 

Himno: ¿HABRÁ DOLOR MÁS INTENSO?

¿Habrá dolor más intenso
que tu dolor dolorido?
¿Habrá, Señora, un gemido
más soledoso y más denso
que el que te enluta, hondo y tenso,
de morada y negra toca?
¡Oh turba que pasáis loca,
hijas de Jerusalén,
mirad la bondad sin bien:
mojad con hiel vuestra boca!

¿No son más blandas las piedras
y más compasivo el cielo
que mi corazón sin duelo,
cuando tú, como las hiedras
junto a la cruz, no te arredras
de ahogarte en esos oleajes
de hiel? Oscuros celajes
envolvían el Calvario,
y tú eras, Madre, el sudario
de aquel diluvio de ultrajes.

Dame ese llanto bendito
para llorar mis pecados;
dame esos clavos clavados,
esa corona, ese grito,
ese puñal, ese escrito
y esa cruz para loarte,
para ungirte y consolarte,
oh Virgen de los Dolores,
para ir sembrando de flores
tu viacrucis parte a parte. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 Mi alma está unida a ti, Señor Jesús.

 Salmo 62, 2-9 – EL ALMA SEDIENTA DE DIOS–

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti; 
mi carne tiene ansias de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario 
viendo tu fuerza y tu gloria! 
Tu gracia vale más que la vida, 
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré 
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos, 
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti 
y velando medito en ti, 
porque fuiste mi auxilio,
y a las sombras de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti, 
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Mi alma está unida a ti, Señor Jesús.

 

Ant. 2 Estemos alegres cuando compartimos los padecimientos de Cristo.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR Dn. 3,57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas bendecid al Señor;
témpanos y hielos, beendecid al Señor.

Escarchas y nieve, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor, 
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; 
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor, 
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor; 
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, 
alabado y glorioso y ensalzadlo, por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Estemos alegres cuando compartimos los padecimientos de Cristo.

 

Ant. 3 Dios quiso reconciliar consigo todas las cosas por la sangre de Cristo.

Salmo 149– ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo, 
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su creador, 
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, 
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo 
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria 
y canten jubilosos en filas: 
con vítores a Dios en la boca 
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos 
y aplicar el castigo a las naciones, 
sujetando a los reyes coa argollas, 
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada 
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios quiso reconciliar consigo todas las cosas por la sangre de Cristo.

LECTURA BREVE   Col 1, 24-25

Ahora me alegro de los padecimientos que he sufrido por vosotros, y voy completando en favor del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, las tribulaciones que aún me quedan por sufrir con Cristo en mi carne mortal. Pues he sido constituido ministro de la Iglesia conforme a la misión que él me ha confiado respecto de vosotros: dar cumplimiento a la palabra de Dios.

San_Bernardo_di_ChiaravalleSEGUNDA LECTURA

 

 

De los Sermones de san Bernardo, abad
(Sermón en el domingo infraoctava de la Asunción, 14-15: Opera omnia, edición cisterciense, 5 [1968], 273-274)

 

 

LA MADRE ESTABA JUNTO A LA CRUZ

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste -dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús- está predestinado por Dios para ser signo de contradicción; tu misma alma -añade, dirigiéndose a María- quedará atravesada por una espada.

En verdad, Madre santa, atravesó tu alma una espada. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús -que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo- hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Éste murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.

RESPONSORIO BREVE

V. Que por tu intervención, Virgen Maria, obtengamos la salvación.
R. Que por tu intervención, Virgen Maria, obtengamos la salvación.

V. De las llagas de Jesucristo.
R. Obtengamos la salvación.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Que por tu intervención, Virgen Maria, obtengamos la salvación.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Alégrate, Madre dolorosa, porque, después de tanto sufrir, te ves ahora rodeada de gloria y colocada, como reina del universo, al lado de tu Hijo.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR    Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alégrate, Madre dolorosa, porque, después de tanto sufrir, te ves ahora rodeada de gloria y colocada, como reina del universo, al lado de tu Hijo.

PRECES.

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:

Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente, 

haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.

Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada, 

líbranos de toda ocasión de pecado.

Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz, 

por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.

Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre, 

haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Según el mandato del Señor, digamos confiadamente:

Padre nuestro…

ORACIÓN

Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo estuviera a su lado junto a la cruz, participando en sus sufrimientos, concede a tu Iglesia que, asociada con María a la pasión de Cristo, merezca también participar en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Fuente: liturgiadelashoras.com

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Nuestra Señora de los Dolores

Nuestra Señora de los Dolores

Introducción

 Para entender la fiesta mariana de este día, hay que utilizar dos textos bíblicos: el primero del libro del Génesis y el segundo del Evangelio de San Juan. En el primer caso, recordamos a la primera pareja que cayó en el pecado y en el segundo a Cristo y María en el Calvario, siendo el primero el Redentor de los caídos y la segunda, la mujer asociada a la salvación del género humano. En una de sus homilías, San Juan Crisóstomo compara como en el Edén estaba un hombre, la mujer y el árbol de cuyo fruto prohibido comieron, desobedeciendo el mandato de Dios y logrando como consecuencia el dolor, la muerte y la derrota. En cambio, en el segundo pasaje, Cristo es el nuevo Adán, María, la nueva Eva, la Cruz, donde esta clavado el Redentor es el árbol de la vida, cuyo fruto salvífico es Cristo mismo. Cristo y su Madre obedecieron el plan de Dios y obteniendo así la reparación del error de la primera pareja. El Señor Jesús logró el perdón, la esperanza, la recreación del hombre y la salvación del género humano. Así en este proceso, quiso tener a María a un lado suyo, para hacerla madre de la humanidad redimida, siendo así una verdadera Madre de los vivientes.

Para sintonizar mejor con lo que esta fiesta celebra, conviene recordar el pasaje alusivo del Evangelio de San Juan: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19,25-27). 

María al pie de la Cruz 

En toda la vida pública de Cristo, luego de su primer milagro en las bodas de Cana, el Evangelio no refiere algún hecho donde intervenga directamente María de Nazareth. Esto podría entenderse desde dos puntos, el primero, María no aparece reclamando atención y queriendo ser el centro de las miradas, proponiéndose como la Madre de Cristo. No roba cámara ni llama la atención, permanece en su hogar cumpliendo sus obligaciones y esperando la hora de Cristo. Cuando ésta llega, que es el punto siguiente, se muestra como la que es solidaria con el que sufre, la que permanece al lado de Cristo cuando todos le abandonan, la que no teme que la relacionen con Él. Lo hace porque en su Madre y está consciente de que debe colaborar con a su lado para que se realice la Redención.

Los sufrimientos de María deben verse a la luz de la fe, una fe como la suya, que ve en Cristo a su hijo, que como judía sabe que el que pende en la Cruz es su Mesías y como creyente sabe que el crucificado es su Dios. Todo ello en base a la experiencia de su oración y su meditación constante, sobre todo a la luz del misterio de la Encarnación: María estaba convencida de que la vida que había germinado milagrosamente en su seno no podía acabar en la Cruz.

Sin embargo, esto no impedía que sintiera la emoción y los sentimientos por ver sufrir a su Hijo. Los padecimientos de Jesús los vivió Ella uniéndose íntimamente al varón lleno de dolores con la firme esperanza de la resurrección, pero de momento, tuvo que sentir o mejor dicho, vivir, esa espada de dolor que en la Presentación de su Hijo en el Templo de Jerusalén le profetizó Simeón que iba a traspasar su alma. Así María podría decir con palabras que la liturgia pone en su boca lo que siente en estos momentos en su corazón: ¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino: mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor!” (Lam. I, 12), y con la misma Palabra de Dios, los fieles podrían responderle: “¿Con quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, virgen, hija de Sión? Inmenso como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar?” (Lam. 2, 13).

Durante la Edad Media, las devociones y sentimientos de compasión hacia la Virgen Dolorosa llegaron al grado de representarla desfallecimiento de dolor, desmayada y caída porque el sufrimiento fue insoportable. Nada más equivocado. El Evangelio dice claramente: “Al pie de la Cruz, estaba su Madre”. María permaneció firme, dolorosa pero imperturbable; transida de pena, pero no derrumbada. De pie, es decir, segura, llena de confianza, aunque de momento todo parecía ser el final y una trágica derrota.

Es entonces cuando Cristo la constituye como Madre de los hombres en la persona de Juan: “Hijo, he allí a tu Madre”, “Mujer he ahí a tu hijo”. Es el momento más sublime en la vida de María luego de la Encarnación de Jesús. Ahí comienza otra misión de donde la vienen todas las advocaciones, pues por esta maternidad espiritual, todos los hombres la invocan y la aclaman.

Al ser bajado Cristo muerto de la Cruz, la Madre Dolorosa recibe en su regazo al cadáver de su amado hijo y los causantes de esa muerte son ahora sus nuevos hijos. Por ello, al ser depositado Jesús en el sepulcro, Ella tiene plena seguridad de que se cumplirán.

las palabras del Redentor: “Si el grano de trigo no cae y muere en la tierra, no tendrá vida”. (Jn. 12, 24) La tarde de ese primer Viernes Santo, María es la única lámpara que brilla en las tinieblas, esas tinieblas que son más densas precisamente porque está por emerger la luz.

Historia 

A partir del s.VIII, los escritores eclesiásticos hablan de la “Compasión de la Virgen”, es decir de su participación en los dolores del Crucificado. Pronto surgen las devociones a sus 7 dolores y la composición de himnos con los que el pueblo fiel profesa su solidaridad con la Virgen Dolorosa. Esta fiesta comienza a celebrarse en Occidente en la Edad Media. Se habla de la Transfixión de María, de la Recomendación de María en el Calvario. Esta conmemoración se realizaba en el tiempo de Pascua.

En el s.XII, los religiosos servitas celebran el recuerdo de María bajo la Cruz con oficio y misa especial. Hacia el s.XIV en Alemania hay una conmemoración el viernes tercero de Pascua a la que se conoció como Transfixión o Martirio del Corazón de la Bienaventurada Virgen María, o de La Lamentación de la Bienaventurada Virgen María y finalmente de Los Dolores de la Bienaventurada Virgen María.

En algunos lugares comienza a surgir la devoción a sus cinco dolores, que pronto se convertirán en siete. A Santa Brígida se le debe una piadosa tradición, según la cual la Madre de Dios le prometió que todo aquel que la honrara con el rezo de siete aves marías diariamente en honor de su siete dolores, que ella personalmente los asistiría en ese trance y que morirían en la gracia de Dios. 

Hacia el siglo XVII ya se celebra el domingo tercero de septiembre esta fiesta y también el viernes anterior al domingo y de Ramos hay una conmemoración de la Virgen Dolorosa, la que popularmente se conoce como “Viernes de Dolores”. El Papa Benedicto XIII extendió la celebración del Viernes de Dolores a todo el mundo en 1472 y el Papa Pio VII, en 1814 fija la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre insertando la celebración en el Calendario Universal.

Para entender la razón de esta fecha hay que revisar este calendario. El 14 de septiembre, un día anterior, se celebra la Exaltación de la Santa Cruz; por tanto, nada mejor que este día para celebrar a la Madre Dolorosa, que como dice el Evangelio, estaba junto a la Cruz. Este comentario es muy oportuno para los lectores de México, pues al celebrarse la Santa Cruz el 3 de mayo, el día 14 de septiembre es un día ordinario y así, el 15 de septiembre pierde su conexión.

Stabat Mater

Políptico de los Siete Dolores, obra de Albrecht Dürer (ca.1500). Museo de Dresde, Alemania.

Este Himno se atribuye al franciscano Jocopone de Todi (+ 1306) y es un texto que se utiliza como secuencia en la misa de este día y fragmentado, como himno en la Liturgia de las Horas para Laudes y Vísperas. Es un poema de 20 estrofas, de profunda espiritualidad con clave poética. El discípulo de Cristo se siente interpelado en algunas estrofas para vivir en su interior el llanto y la pena de la Virgen Santa, para empatizar con sus sentimientos ante la Muerte de su Hijo. Este texto ha sido musicalizado por Palestrina, Pergolesi, Haynd, Wagner, Perosi y otros autores. A continuación se presenta el texto en castellano, oficializado en la Liturgia y cuyo arreglo se debe a Lope de Vega.

La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía. Cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía. ¡Oh, cuán triste y cuán aflicta se vio la Madre bendita, de tantos tormentos llena! Cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara de Cristo, en tanto dolor? Y ¿quién no se entristeciera, Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre. Vio morir al Hijo amado, que rindió desamparado el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí. Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo. Porque acompañar deseo en la cruz, donde le veo, tu corazón compasivo.

Virgen de vírgenes santas!, llore ya con ansias tantas, que el llanto dulce me sea. Porque su pasión y muerte tenga en mi alma, de suerte que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio. Porque me inflame y encienda, y contigo me defienda en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance vida y alma estén. Porque, cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén

Oración:

Dios Nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo compartiera con él, de pie junto a la Cruz, sus sufrimientos, haz que nosotros, asociados con la Virgen en la Pasión de Cristo, participemos también en la gloria de la Resurrección. Por…

Fuente. preguntasantoral.es

 

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