SANTA ISABEL DE HUNGRÍA

SANTA ISABEL DE HUNGRÍA

La Tercera Orden Franciscana la honra como patrona y toda la familia franciscana la cuenta entre sus glorias. Queremos aprovechar esta ocasión única para presentar su figura excepcional de entrega a Dios Padre, en el seguimiento de Cristo y en la disolución de todo su ser en el Dios-Amor.

El papa Benedicto XVI, en la encíclica programática de su pontificado, Deus cáritas est, nos ha recordado cuál es la opción fundamental del cristiano expresada con estas palabras: Hemos creído en el amor de Dios. Ojalá nuestra fe salga fortalecida en este encuentro jubilar con santa Isabel que creyó profundamente en el amor.

En la vida de santa Isabel se manifiestan actitudes que reflejan literalmente el evangelio de Jesucristo: el reconocimiento del señorío absoluto de Dios; la exigencia de despojarse de todo y hacerse pequeña como un niño para entrar en el reino del Padre; el cumplimiento, hasta sus últimas consecuencias, del mandamiento nuevo del amor.

Se vació de sí misma hasta hacerse asequible a todos los menesterosos. Descubrió la presencia de Jesús en los pobres, en los rechazados por la sociedad, en los hambrientos y enfermos (Mt, 25). Todo el empeño de su vida consistió en vivir la misericordia de Dios-Amor y hacerla presente en medio de los pobres.

Isabel buscó el seguimiento radical de Cristo que, siendo rico, se hizo pobre, en el más genuino estilo de Francisco. Abandonó las apariencias y ambiciones del mundo, el boato de la corte, las comodidades, las riquezas, los atuendos de lujo… Bajó de su castillo y puso su tienda entre los despreciados y heridos para servirles. Fue la primera santa franciscana canonizada, forjada en la fragua evangélica de Francisco.

Es cierto que la efemérides que celebramos se pierde en la penumbra de un pasado remoto, envuelto en leyendas, pero estamos convencidos de que, si en este año jubilar nos encontramos con la santa y su obra, más allá de la leyenda, saldremos enriquecidos en nuestro ser y en nuestro obrar.

LEYENDA Y VIDA DE ISABELResultado de imagen para LEYENDA Y VIDA DE ISABEL

Su vida ha sido entretejida de leyendas, fruto de la veneración, de la admiración y de la fantasía, que plasman facetas importantes de su personalidad. Pero nos interesa más la historia que se esconde detrás de las leyendas. Queremos conocer su personalidad, su genio, su santidad única y provocativa. Las leyendas que envuelven su persona son los colores vivos de su imagen, son la metáfora de los hechos; no las podemos tampoco desechar.

¿Quién fue Isabel? Una princesa de Hungría que nació en 1207, hija del rey Andrés II y de Gertrudis de Andechs-Merano. Según la tradición húngara, nació en el castillo de Sárospatak, uno de los preferidos por la familia real, al norte de Hungría. Como fecha, la tradición suele indicar el 7 de julio. Podemos retener como seguro sólo el año.

Siguiendo los usos vigentes entre la nobleza medieval, Isabel fue prometida como esposa a un príncipe alemán de Turingia. A la edad de cuatro años (1211), fue confiada a la delegación germana que fue a recogerla en Presburgo, entonces la plaza fuerte más occidental del reino de Hungría.

Fue educada en la corte de Turingia, junto a los otros hijos de la familia condal y junto al que sería su esposo, como era costumbre entonces. Se casó a los catorce años con Luis IV, landgrave o gran conde de Turingia. Tuvo tres hijos. Enviudó a los veinte años. Murió a los 24, en 1231. Fue canonizada por Gregorio IX en 1235. Un récord de vida densa y crucificada, para escalar la santidad más elevada y ser propuesta como ejemplo imperecedero de abnegación y entrega.

Hay un malentendido arraigado entre el pueblo cristiano, debido a las leyendas y biografías populares poco rigurosas, que sostienen que Isabel fue reina de Hungría. Pues bien, jamás fue reina ni de Hungría ni de Turingia, sino princesa de Hungría y gran condesa o landgrave de Turingia, en Alemania. Tradicionalmente se representa a Isabel con una corona que usaba no como reina, sino como princesa o gran condesa.

ESPOSA Y MADRE

Las compañeras y doncellas de Isabel nos cuentan que su peregrinación hacia Dios empezó en la tierna infancia: sus juegos, sus ilusiones, sus oraciones apuntan desde sus primeros años hacia un más allá.

En 1221, a los 14 años, se casó con el landgrave Luis IV de Turingia. Luis e Isabel habían crecido juntos y se trataban como hermanos. La boda tuvo lugar en la iglesia de San Jorge de Eisenach.

Hasta 1227, Isabel fue ejemplar esposa, madre y landgrave o gran condesa de Turingia, una de las mujeres de más alta alcurnia del imperio.

Las relaciones matrimoniales entre ellos no fueron según el estilo común de la época, de ordinario marcadas por razones políticas o de conveniencia, sino de afecto auténtico, conyugal y fraterno.

De casada, Isabel dedicaba mucho tiempo a la oración en las altas horas de la noche, en la misma cámara matrimonial. Sabía que se debía a Luis totalmente, pero había oído ya la invitación del “otro esposo“: “Sígueme“. De este amor con dos vertientes manaba, sin embargo, un profundo gozo y plena satisfacción, no el conflicto de una escisión interior. Dios era el valor supremo e incondicional que alentaba todos los otros amores al esposo, a los hijos, a los pobres.

El milagro de las rosas que ha tejido la leyenda, no expresa bien estas relaciones matrimoniales. Cuando Isabel se vio sorprendida por su esposo con la falda cargada de panes, no tenía motivo alguno para esconder sus propósitos misericordiosos al marido. No tenía razón de ser que aquellos panes se convirtieran en rosas. Dios no hace milagros inútiles.

Isabel tuvo tres hijos: Germán, el heredero del trono, Sofía y Gertrudis; ésta última nació cuando ya había muerto su esposo (1227), víctima de la peste, como cruzado camino de Tierra Santa. Ella contaba solamente 20 años.

Con la muerte de Luis, murió también la gran condesa y se acentuó la hermana penitente. Se discute entre los biógrafos si fue echada del castillo de Wartburgo o se marchó. La respuesta a su soledad y al abandono fue el canto de agradecimiento que pidió entonar en la capilla de los Franciscanos, él Te Deum.

ISABEL, PENITENTE FRANCISCANA

Isabel de Hungría es la figura femenina que más genuinamente encarna el espíritu penitencial de Francisco. Había ya numerosos penitentes franciscanos; muchos hombres y mujeres del pueblo seguían la vida penitencial marcada por san Francisco y predicada por sus frailes.

Los hermanos menores llegaron a Eisenach, la capital de Turingia, a finales de 1224 o principios de 1225. En el castillo de Wartburgo residía la corte del gran ducado, presidida por Luis e Isabel.

  • La predicación de los frailes menores entre el pueblo, predicación que habían aprendido de Francisco de Asís, consistía en exhortar a la vida de penitencia, es decir, a abandonar la vida mundana, a practicar la oración y la mortificación, y a ejercitarse en las obras de misericordia. Este estilo de vida lo describe Francisco en la Carta a todos los fieles penitentes.
  • Un tal fray Rodrigo introdujo en la vida de penitencia a Isabel, ya predispuesta para los valores del espíritu. Los testimonios de su franciscanismo, que aparecen en las fuentes isabelinas, son innegables:
  • — Consta que Isabel cedió a los frailes franciscanos una capilla en Eisenach.
  • — También, que hilaba lana para el sayal de los frailes menores.
  • — Cuando fue expulsada de su castillo, sola y abandonada, acudió a los Franciscanos para que cantaran un Te Deum en acción de gracias a Dios.
    • — El Viernes Santo día 24 de marzo de 1228, puestas las manos sobre el altar desnudo, hizo profesión pública en la capilla franciscana. Asumió el hábito gris de penitente como signo externo.
    • — Las cuatro doncellas, interrogadas en el proceso de canonización, también tomaron este hábito gris. Esta “túnica vil“, con la que Isabel quiso ser sepultada, significaba que la profesión religiosa le había conferido una nueva identidad.
    • — El hospital que fundó en Marburgo (1229) lo puso bajo la protección de san Francisco, canonizado pocos meses antes.
    • — El autor anónimo cisterciense de Zwettl (1236), afirma que “vistió el hábito gris de los Frailes Menores“.

El empeño demostrado por Isabel en vivir la pobreza, regalarlo todo y dedicarse a la mendicidad, ¿no eran las exigencias de Francisco a sus seguidores?

Estos testimonios vienen corroborados por otras fuentes que ilustran la vida penitencial de Isabel, tales como las reglas y otros documentos franciscanos, el Memoriale propositi o regla antigua de los penitentes, las semejanzas o conformidades entre Isabel y Francisco.

LAS DOS PROFESIONES DE ISABEL

En las fuentes biográficas encontramos dos profesiones de Isabel y dos maneras de hacer la profesión que estaban en uso entonces. Con la primera entró en la Orden de la Penitencia, todavía en vida de su esposo. Con sus manos en las manos del visitador, Conrado de Marburgo, prometió obediencia y continencia. Conrado era un predicador de la cruzada, pobre y austero, probablemente sacerdote secular. Isabel, con el consentimiento de Luis, lo eligió personalmente porque era pobre. Los visitadores no tenían que ser necesariamente franciscanos. San Francisco, en la Regla no bulada (1221), ordena que “ninguna mujer en absoluto sea recibida a la obediencia por algún hermano, sino que, una vez aconsejada espiritualmente, haga penitencia donde quiera” (1 R 12).

Con Isabel profesaron además tres de sus doncellas o compañeras, que formaron una pequeña fraternidad de oración y vida ascética bajo la guía de su superior-visitador Conrado.

Después de la muerte de Luis su esposo, las doncellas acompañaron a Isabel en su exilio del castillo hacia el reino de los pobres. Fueron su aliento en las horas amargas de soledad y abandono. Junto con ella emitieron una segunda profesión pública el Viernes Santo de 1228, viniendo a formar así una fraternidad religiosa. Sus doncellas recibieron como ella el hábito gris y se empeñaron en el mismo propósito de testimoniar la misericordia de Dios; comían y trabajaban juntas, salían juntas a visitar las casas de los pobres o a buscar alimentos para repartirlos a los necesitados. Al regresar, se ponían a orar.

Se trataba de una verdadera vida religiosa para mujeres profesas, sin clausura estricta y dedicadas a una labor social: servicio a los pobres, marginados, enfermos, peregrinos… Era una forma de vida consagrada en el mundo.

Pero la aprobación canónica de semejante estilo de vida comunitaria femenina, sin clausura estricta, tuvo que esperar siglos para ser reconocido por la Iglesia. La vida en el monasterio era entonces la única forma canónica admitida por la Iglesia para las comunidades religiosas de mujeres.

Isabel, sin duda, supo coordinar ambas dimensiones de vida, la de la intimidad con Dios y la del servicio activo a los pobres: “Mariam induit, Martham non exuit”, vistió el hábito de María, pero no se despojó del de Marta.

Hoy las congregaciones femeninas de la TOR son unas 400, con más de cien mil religiosas profesas, que siguen las huellas de Isabel en la vida activa y contemplativa, y pueden llamarse sus herederas.

PRINCESA Y PENITENTE MISERICORDIOSA

La breve vida de Isabel está saturada de servicio amoroso, de gozo y de sufrimiento. Su prodigalidad y trato con los indigentes provocaba escándalo en la corte de Wartburgo; no encajaba en su medio. Muchos vasallos la tenían como una loca. Aquí encontró una de sus grandes cruces: vivió crucificada en la sociedad a la que pertenecía y entre aquellos que desconocían la misericordia.

En el ejercicio pleno de su autoridad, cuando era todavía la gran condesa y en ausencia de su marido, tuvo que afrontar la emergencia de una carestía general que hundió al país en el hambre. No dudó en vaciar los graneros del condado para socorrer a los menesterosos. Isabel servía personalmente a los débiles, los pobres y los enfermos. Cuidó leprosos, la escoria de la sociedad, como Francisco. Día tras día, hora tras hora, pobre con los pobres, vivió y ejerció la misericordia de Dios en el río de dolor y de miseria que la envolvía.

En los desventurados Isabel veía la persona de Cristo (Mt 25,40). Esto le dio fuerza para vencer su repugnancia natural, tanto que llegó a besar las heridas purulentas de los leprosos.

Pero Isabel no sólo usó del corazón, sino también de la inteligencia en su obra asistencial. Sabía que la caridad institucionalizada es más efectiva y duradera. En vida de su marido, contribuyó en la erección de hospitales en Eisenach y Gotha. Luego construyó el de Marburgo, la obra predilecta de su viudedad. Para atenderlo fundó una fraternidad religiosa con sus amigas y doncellas.

Trabajaba con sus propias manos en la cocina preparando la comida, en el servicio de los indigentes hospitalizados; fregaba los platos y alejaba las sirvientas cuando éstas se lo querían impedir. Aprendió a hilar lana y a coser vestidos para los pobres y para ganarse el sustento.

ISABEL CONTEMPLATIVA Y SANTA

La santidad aparece en la historia de la Iglesia como una locura, la locura de la cruz. Y la de Isabel es una espléndida locura. En su vida brilla con singular esplendor la virtud de la caridad. Su persona es un canto al amor, compuesto de servicio y abnegación, volcado a sembrar el bien.

Se propuso vivir el Evangelio sencillamente, sin glosa diría Francisco, en todos los aspectos, espiritual y material. No dejó nada escrito, pero numerosos pasajes de su vida sólo pueden entenderse desde una comprensión literal del Evangelio. Hizo realidad el programa de vida propuesto por Jesús en el Evangelio:

— El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda por amor a mí o al Evangelio, la recobrará (Lc 17,33; Mc 8,35).

— Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mc 8,34-35).

— Si quieres ser perfecto ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme (Mt 19,21).

— El que ama a su padre, madre e hijos más que a mí, no puede ser digno de mí (Mt 10,37).

La ardiente fuerza interior de Isabel brotaba de su relación con Dios. Su oración era intensa, continua, a veces, hasta el éxtasis. La conciencia constante de la presencia del Señor era la fuente de su fortaleza y alegría, y de su compromiso con los pobres. Pero también el encuentro de Cristo en los pobres estimulaba su fe y su oración.

Su peregrinación hacia Dios está jalonada por gestos decididos de desprendimiento interior hasta llegar al despojo total, como Cristo en la cruz. Al final de su vida no le quedó para sí nada más que la túnica gris y pobre de penitencia, que quiso conservar como símbolo y mortaja.

Isabel irradiaba gozo y serenidad. El fondo de su alma era el reino de la paz. Vivió realmente la perfecta alegría enseñada por Francisco, en la tribulación, en la soledad y en el dolor. “Debemos hacer felices a las personas”, les decía a sus doncellas, sus hermanas.

CONCLUSIÓN

Isabel pasó por esta vida como un meteoro luminoso y esperanzador. Hizo resplandecer la luz en el corazón de muchas almas. Llevó el gozo a los corazones afligidos. Nadie podrá contar las lágrimas que secó, las heridas que vendó, el amor que supo despertar.

Su santidad fue una novedad rica en matices y eminentes virtudes. Desde entonces ya no fueron solamente las mártires o las vírgenes las elevadas al honor de los altares, sino también las esposas, las madres y las viudas.

Isabel recorrió el camino del amor cristiano como seglar, en su condición de esposa y de madre; pero, después de la segunda profesión, fue una mujer plenamente consagrada a Dios y al alivio de la miseria humana.

La Tercera Orden de san Francisco, tanto la Regular como la Secular, se propone reavivar la memoria de su santa Patrona en el octavo centenario de su nacimiento y desea proponerla como luz y modelo de compromiso evangélico. La Familia Franciscana quiere honrar a la primera mujer que alcanzó la santidad en el seguimiento de Cristo según la “forma de vida” de Francisco.

Si evocamos su nacimiento, su personalidad singular y su sensibilidad, es para que, a través del conocimiento y de la admiración, también nosotros nos convirtamos en instrumentos de paz, y aprendamos a verter un poco de bálsamo en las heridas de los marginados de nuestro tiempo, a humanizar nuestro entorno, a secar algunas lágrimas. Derramemos la bondad del corazón allá donde falta la misericordia del Padre. Que el compromiso que vivió Isabel estimule nuestro propio compromiso. Su ejemplo e intercesión iluminarán nuestro camino hacia el Padre, fuente de todo amor: el bien, todo bien, sumo bien; la quietud y el gozo.

Roma, 17 de Noviembre, Fiesta de Santa Isabel

 

BIOGRAFÍA DE SANTA ISABEL DE HUNGRÍA

 

Fuentes principales

 

  • Conrado de Marburgo, Epístola, llamada también Summa Vitae, una síntesis biográfica, 1232.

 

  • Dicta quatuor ancillarum [Declaraciones de las cuatro doncellas].

  • Cesáreo de Heisterbach, cisterciense, Vita sancte Elysabeth lantgravie, [Vida de Santa Isabel, gran condesa] 1236.

  • Anónimo de Zwettl, cisterciense, Vita Sanctae Elisabeth, Landgravie Thuringiae [Vida de santa Isabel, gran condesa de Turingia] 1236.

  • Crónica de Reinhardsbrun, monasterio benedictino.

  • Anónimo Franciscano, Vita beate Elisabeth, [Vida de santa Isabel] de finales del s. XIII.

  • Dietrich de Apolda, dominico, Vita S. Elisabeth, [Vida de Sta. Isabel] entre 1289 y 1291.

* * * * *

De una carta de Conrado de Marburgo,

director espiritual de santa Isabel,

al papa Gregorio IX, escrita en 1232

Pronto Isabel comenzó a destacar por sus virtudes, y, así como durante toda su vida había sido consuelo de los pobres, comenzó luego a ser plenamente remedio de los hambrientos. Mandó construir un hospital cerca de uno de sus castillos y acogió en él gran cantidad de enfermos e inválidos; a todos los que allí acudían en demanda de limosna les otorgaba ampliamente el beneficio de su caridad, y no sólo allí, sino también en todos los lugares sujetos a la jurisdicción de su marido, llegando a agotar de tal modo todas las rentas provenientes de los cuatro principados de éste, que se vio obligada finalmente a vender en favor de los pobres todas las joyas y vestidos lujosos.

Tenía la costumbre de visitar personalmente a todos sus enfermos, dos veces al día, por la mañana y por la tarde, curando también personalmente a los más repugnantes, a los cuales daba de comer, les hacía la cama, los cargaba sobre sí y ejercía con ellos muchos otros deberes de humanidad; y su esposo, de grata memoria, no veía con malos ojos todas estas cosas. Finalmente, al morir su esposo, ella, aspirando a la máxima perfección, me pidió con lágrimas abundantes que le permitiese ir a mendigar de puerta en puerta.

En el mismo día del Viernes santo, mientras estaban desnudados los altares, puestas las manos sobre el altar de una capilla de su ciudad, en la que había establecido frailes menores, estando presentes algunas personas, renunció a su propia voluntad, a todas las pompas del mundo y a todas las cosas que el Salvador, en el Evangelio, aconsejó abandonar. Después de esto, viendo que podía ser absorbida por la agitación del mundo y por la gloria mundana de aquel territorio en el que, en vida de su marido, había vivido rodeada de boato, me siguió hasta Marburgo, aun en contra de mi voluntad: allí, en la ciudad, hizo edificar un hospital, en el que dio acogida a enfermos e inválidos, sentando a su mesa a los más míseros y despreciados.

Afirmo ante Dios que raramente he visto una mujer que a una actividad tan intensa juntara una vida tan contemplativa, ya que algunos religiosos y religiosas vieron más de una vez cómo, al volver de la intimidad de la oración, su rostro resplandecía de un modo admirable y de sus ojos salían como unos rayos de sol.

Antes de su muerte, la oí en confesión, y, al preguntarle cómo había de disponer de sus bienes y de su ajuar, respondió que hacía ya mucho tiempo que pertenecía a los pobres todo lo que figuraba como suyo, y me pidió que se lo repartiera todo, a excepción de la pobre túnica que vestía y con la que quería ser sepultada. Recibió luego el cuerpo del Señor y después estuvo hablando, hasta la tarde, de las cosas buenas que había oído en la predicación: finalmente, habiendo encomendado a Dios con gran devoción a todos los que la asistían, expiró como quien se duerme plácidamente.

* * * * *

LAS DOS PASIONES DE ISABEL DE HUNGRÍA

(VIII Centenario de su nacimiento)

Homilía de Fr. José Rodríguez Carballo, Min. Gen. OFM

17 de noviembre de 2006

Queridos hermanos: El Señor os dé la paz.

Coincidiendo con la clausura de nuestro encuentro, se inicia hoy oficialmente el VIII Centenario del nacimiento de santa Isabel, princesa de Hungría, gran Condesa de Turingia y penitente franciscana. Este jubileo, que toca muy de cerca a los hermanos y hermanas de la TOR (Tercera Orden Regular) y de la OFS (Orden Franciscana Seglar), que se honran de tenerla como patrona, ha de ser también celebrado convenientemente por cuantos formamos parte de la gran Familia Franciscana, pues santa Isabel es, con toda justicia, una de sus glorias.

Y ante esta celebración jubilar, en profunda comunión con toda la Familia Franciscana, particularmente con los hermanos y hermanas de la TOR y de la OFS, es lógico que nos preguntemos: ¿Qué mensaje nos dirige a nosotros, Hermanos Menores, la figura de santa Isabel? ¿Qué puede decir a los franciscanos de hoy, una mujer envuelta en la penumbra de un pasado remoto y en un mundo lleno de leyendas? ¿Qué puede decirnos esta mujer de la que nos separan tantos años y tantas otras cosas?

Su mensaje, y lo que la convierte en una figura realmente actual, arranca y toma fuerza de sus dos grandes pasiones: pasión por Cristo y pasión por los pobres. Dos pasiones que la colocan en perfecta sintonía espiritual y carismática con Francisco, en quien sin duda se inspiró, y con Clara, es decir, con dos corazones conquistados por Cristo y por los pobres, en los que descubrieron a Cristo. Toda su vida, incluida su extrema penitencia, sólo puede ser entendida a la luz de estas dos pasiones.

La pasión por Cristo llevó a Isabel a asumir el Evangelio como forma de vida y a vivirlo en el más genuino estilo de Francisco: sencillamente, sin glosa, en todos sus aspectos espirituales y concretos. Propósito éste que se manifiesta en sus actitudes existenciales más profundas, tales como el reconocimiento del señorío absoluto de Dios, la exigencia de despojarse de todo y hacerse pequeña como una niña para entrar en el reino del Padre, el cumplimiento hasta sus últimas consecuencias del mandamiento nuevo del amor.

No dejó nada escrito, pero numerosos pasajes de su vida sólo pueden entenderse desde una comprensión literal del Evangelio. Hizo realidad el programa de vida propuesto por Jesús en el Evangelio:

— El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda por amor a mí o al Evangelio, la recobrará (Lc 17,33; Mc 8,35).

— Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mc 8,34-35).

— Si quieres ser perfecto ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme (Mt 19,21).

— El que ama a su padre, madre e hijos más que a mí, no puede ser digno de mí (Mt 10,37).

Su pasión por Cristo se manifestaba y se alimentaba a través de una comunión profunda con Él, hecha de una vida de oración intensa, continua, que a veces desembocaba en el éxtasis. La conciencia constante de la presencia del Señor era la fuente de su fortaleza, de su alegría y de su compromiso con los pobres. Pero también el encuentro de Cristo en los pobres estimulaba su fe y su plegaria, porque en este encuentro era llevada a “identificarse” con ellos. No hay que extrañarse de esto desde el momento en que su peregrinación hacia el encuentro con Dios estaba jalonada por pasos decididos de desprendimiento hasta llegar al despojo total, como Cristo en la cruz. Al final de su vida no le quedó para sí nada más que la túnica gris y pobre de penitencia, que quiso conservar como símbolo y mortaja.

Su pasión por Cristo, que siendo rico se hizo pobre, la llevó a seguirlo radicalmente y a descubrirlo y servirlo en sus “representantes, los pobres y crucificados de la tierra”, como los llama el documento final de nuestro Capítulo extraordinario (El Señor nos habla en el camino, 9). Isabel servía personalmente a los marginados, a los pobres, a los enfermos. Como Francisco, cuidaba a los leprosos, la escoria de la sociedad. Día tras día, hora tras hora, pobre tras pobre, vivió y encontró la misericordia de Dios en el río de dolor y de miseria que la envolvía. En los desventurados, Isabel veía la persona de Cristo (Mt 25,40). Esto le dio fuerzas para vencer su repugnancia natural, tanto que llegó a besar las heridas purulentas de los leprosos.

Forjada en la fragua evangélica de Francisco de Asís, al igual que el Poverello y que Clara, su “plantita”, Isabel abandonó las vanaglorias y ambiciones mundanas, el boato de la corte, las comodidades, las riquezas, los vestidos lujosos… Bajó de su castillo y puso su tienda entre los despreciados y los heridos para servirles.

La santidad consiste en amar como Jesús nos amó. Amar a Dios y amar al prójimo son dos mandamientos que no se pueden separar. Pasión por Cristo y pasión por los pobres son dos pasiones que necesariamente van siempre juntas. ¿Pero todo eso no es una locura? Sí, es la locura del amor, que no conoce límites, es la locura de la santidad. Y la de Isabel es una auténtica locura. En su vida brilla con singular esplendor la supremacía de la caridad. Su persona es un canto al amor, plasmado en el servicio y la abnegación, volcado a sembrar el bien, como el amor de toda “mujer buena” de la que nos hablaba la primera lectura proclamada (cf. Si 26,1-3). Este amor, que hizo brotar en ella una ardiente fuerza interior, propia de una “mujer valerosa” (cf. Si 26,2) como era Isabel, la llevó a irradiar alegría y serenidad, incluso en la tribulación, la soledad y el dolor. Y así, fiel a su misión -“Debemos hacer felices a las personas“, les decía a sus doncellas, sus hermanas-, Isabel alegraba el corazón de cuantos a ella se acercaban (cf. Si 26,13). El fondo de su alma estaba habitado por el reino de la paz.

Isabel pasó por esta vida como un meteoro luminoso y esperanzador. Iluminó la oscuridad de muchas almas. Llevó la alegría a los corazones afligidos. Nadie podrá contar las lágrimas que enjugó, las heridas que curó, el amor que despertó.

En este momento en que nuestra Orden está empeñada en una renovación profunda que nos lleva a seguir “más de cerca” y “más radicalmente” a Cristo, y cuando el Capítulo general extraordinario nos ha invitado repetidas veces a “ser menores con los menores de la tierra”, Isabel se nos presenta no sólo como una mujer profundamente evangélica, sino también como un modelo a seguir en su pasión por Cristo y por los pobres.

Que a lo largo de este año jubilar evoquemos la personalidad tan singular de Isabel, para que, a través del conocimiento y de la admiración de esta figura, todos sigamos a Cristo y, tras las huellas de Francisco, de Clara y de Isabel, nos convirtamos en instrumentos de paz y alegría, y aprendamos a verter un poco de bálsamo en las heridas de quienes viven en nuestro ambiente, a humanizar las vicisitudes en que vivimos, a secar algunas lágrimas. Abramos nuestros corazones allá donde no campea la misericordia del Padre. Que el compromiso que vivió Isabel estimule nuestro propio compromiso. Su ejemplo y su intercesión iluminarán nuestro camino hacia el Padre, fuente de todo amor: el bien, todo bien, sumo bien; la quietud y el gozo.

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LAUDES Oración de la mañana Semana XXXII de Tiempo Ordinario Laudes Viernes SANTA ISABEL DE HUNGRÍA Salterio IV 17 de noviembre 

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LAUDES
Oración de la mañana

Semana XXXII de Tiempo Ordinario

Laudes
Viernes
SANTA ISABEL DE HUNGRÍA

Santa Isabel de Hungría

Era hija de Andrés, rey de Hungría, y nació el año 1207; siendo aún niña, fue dada en matrimonio a Luis, landgrave de Turingia, del que tuvo tres hijos. Vivía entregada a la meditación de las cosas celestiales y, después de la muerte de su esposo, abrazó la pobreza y erigió un hospital en el que ella misma servía a los enfermos. Murió en Marburgo el año 1231.

17 de noviembre

 

OREMOS  HOY POR: LA PAZ EN VENEZUELA

OREMOS  HOY POR Su Cumpleaños A:

Fr.

 

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant El Señor es bueno, bendecid su nombre.

–Salmo 99–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

Se repite la antífona

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Se repite la antífona

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

Se repite la antífona

“El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.”

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant El Señor es bueno, bendecid su nombre.

Himno: POR EL DOLOR CREYENTE QUE BROTA DEL PECADO.

Por el dolor creyente que brota del pecado,
por no haberte querido de todo corazón,
por haberte, Dios mío, tantas veces negado,
con súplicas te pido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido, por no haberte encontrado,
porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como una hiedra sobre el árbol cortado
el recuerdo que brota cargando de ilusión.

porque es como la hiedra, déjame que te abrace,
primero amargamente, lleno de flor después,
y que a ti, viejo tronco, poco a poco me enlace,
y que mi vieja sombra se derrame a tus pies. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con Espíritu firme.

– Salmo 50 –  CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón, 
en el juicio brillará tu rectitud. 
Mira, que en la culpa nací, 
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero, 
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; 
lávame quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría, 
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista, 
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme; 
no me arrojes lejos de tu rostro, 
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, 
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos, 
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios, 
Dios salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios, 
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: 
un corazón quebrantado y humillado 
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, 
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos, 
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.z

Ant. 1 Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con Espíritu firme.

 

Ant. 2 Alégrate Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.

Cántico : ACCIÓN DE GRACIAS POR LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO Tb 13, 10-15.117-19

Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus elegidos en Jerusalén,
la ciudad del Santo;
por las obras de tus hijos te azotará,
pero de nuevo se compadecerá 
de los hijos de los justos.

Confiesa dignamente al Señor
y bendice al rey de los siglos,
para que de nuevo sea en ti
edificado su tabernáculo con alegría,
para que alegre en ti a los cautivos
y muestre en ti su amor hacia los desdichados,
por todas las generaciones y generaciones.

Brillarás cual luz de lámpara
y todos los confines de la tierra vendrán a ti.
Pueblos numerosos vendrán de lejos
al nobre del Señor, nuestro Dios,
trayendo ofrendas en sus manos,
ofrendas para el rey del cielo.

Las generaciones del las generaciones
exultarán en ti.
y benditos para siempre todos los que te aman.

Alégrate y salta de gozo por los hijos de los justos,
que serán congregados,
y al Señor de los justos bendecirán.

Dichosos los que te aman;
en tu paz se alegrarán.
Dichosos cuantos se entristecieron por tus azotes,
pues en ti se alegrarán
contemplando toda tu gloria,
y se regocijarán para siempre.

Bendice, alma mía, al Dios, rey grande,
porque Jerusalén con safiros y esmeraldas
será reedificada,
con piedras preciosas sus muros
y con oro puro sus torres y sus almenas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Alégrate Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.

 

Ant. 3 Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.

– Salmo 147 –  RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN.

Glorifica al Señor Jerusalén;
alaba a tu Dios Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de Ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
té sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas 
y con el frío congela las aguas;
envía una orden y se derriten; 
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob, 
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así, 
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.

LECTURA BREVE Ga 2, 19b-20

Estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

SEGUNDA LECTURA

De una Carta escrita por Conrado de Marburgo, director espiritual de santa Isabel
(Al Sumo pontífice, año 1232: A. Wyss, «Hessisches Urkundenbuch» 1, Leipzig 1879, 31-35)

 

 

 

 

ISABEL RECONOCIÓ Y AMÓ A CRISTO EN LA PERSONA DE LOS POBRES 

 

Pronto Isabel comenzó a destacar por sus virtudes, y, así como durante toda su vida había sido consuelo de los pobres, comenzó luego a ser plenamente remedio de los hambrientos. Mandó construir un hospital cerca de uno de sus castillos y acogió en él gran cantidad de enfermos e inválidos; a todos los que allí acudían en demanda de limosna les otorgaba ampliamente el beneficio de su caridad, y no sólo allí, sino también en todos los lugares sujetos a la jurisdicción de su marido, llegando a agotar de tal modo todas las rentas provenientes de los cuatro principados de éste, que se vio obligada finalmente a vender en favor de los pobres todas las joyas y vestidos lujosos.

Tenía la costumbre de visitar personalmente a todos sus enfermos, dos veces al día, por la mañana y por la tarde, curando también personalmente a los más repugnantes, a los cuales daba de comer, les hacia la cama, los cargaba sobre sí y ejercía con ellos muchos otros deberes de humanidad; y su esposo, de grata memoria, no veía con malos ojos todas estas cosas. Finalmente, al morir su esposo, ella, aspirando a la máxima perfección, me pidió con lágrimas abundantes que le permitiese ir a mendigar de puerta en puerta.

En el mismo día del Viernes santo, mientras estaban denudados los altares, puestas las manos sobre el altar de una capilla de su ciudad, en la que había establecido frailes menores, estando presentes algunas personas, renunció a su propia voluntad, a todas las pompas del mundo y a todas las cosas que el Salvador, en el Evangelio, aconsejó abandonar. Después de esto, viendo que podía ser absorbida por la agitación del mundo y por lá gloria mundana de aquel territorio en el que, en vida de su marido, había vivido rodeada de boato, me siguió hasta Marburgo, aun en contra de mi voluntad; allí, en la ciudad, hizo edificar un hospital, en el que dio acogida a enfermos e inválidos, sentando a su mesa a los más míseros y despreciados.

Afirmo ante Dios que raramente he visto una mujer que a una actividad tan intensa juntara una vida tan contemplativa, ya que algunos religiosos y religiosas vieron más de una vez como, al volver de la intimidad de la oración, su rostro resplandecía de un modo admirable y de sus ojos salían como unos rayos de sol.

Antes de su muerte la oí en confesión, y, al preguntarle cómo había de disponer de sus bienes y de su ajuar, respondió que hacía ya mucho tiempo que pertenecía a los pobres todo lo que figuraba como suyo, y me pidió que se lo repartiera todo, a excepción de la pobre túnica que vestía y con la que quería ser sepultada. Recibió luego el cuerpo del Señor y después estuvo hablando, hasta la tarde, de las cosas buenas que había oído en la predicación; finalmente, habiendo encomendado a Dios con gran devoción a todos los que la asistían, expiró como quien se duerme plácidamente.

RESPONSORIO BREVE

V. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.
R. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

V. Desde el cielo me enviará la salvación.
R. El Dios que hace tanto por mí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto.

Cántico de Zacarías.  EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto.

PRECES.

Confiados en Dios, que cuida con solicitud de todos los que ha creado y redimido con la sangre de su Hijo, invoquémosle diciendo:

Escucha, Señor, y ten piedad.

Dios misericordioso, asegura nuestros pasos en el camino de la verdadera santidad,

haz que busquemos siempre cuanto hay de verdadero, noble y justo.

No nos abandones para siempre, por amor de tu nombre

no olvides tu alianza con nosotros.

Con alma contrita y espíritu humillado te seamos aceptos,

porque no hay confusión para los que en ti confían.

Tú que has querido que participáramos en la misión profética de Cristo,

haz que proclamemos ante el mundo tus maravillas.

Se pueden añadir algunas [Intenciones] libres

Dirijámonos al Padre, con las mismas palabras que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro ………….

ORACIÓN.

Dios nuestro, que concediste a santa Isabel de Hungría el don de reconocer y venerar a Cristo en los pobres, concédenos, por su intercesión, que sirvamos siempre a los necesitados y afligidos con una incansable caridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.

Fuente: oficiodivino.com

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OFICIO DIVINO LAUDES Oración de la mañana Semana XXXII de Tiempo Ordinario Laudes Jueves IV semana De la Feria. Salterio IV 16 de noviembre 

OFICIO DIVINO

beata-juana-de-aza

LAUDES
Oración de la mañana

Semana XXXII de Tiempo Ordinario

Laudes Jueves

IV semana

De la Feria. Salterio IV

16 de noviembre 

 

OREMOS HOY: POR LAS INTENSIONES DEL PAPA FRANCISCO, Por Venezuela

Oremos Hoy Por la Cofradía del Rosario en la Parroquia Nuestra Señora el Carmen 

Por Su Cumpleaños A

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant Entrad en la presencia del Señor con alegría. 

INVITATORIO

–Salmo 99–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

Se repite la antífona

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Se repite la antífona

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

Se repite la antífona

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.”

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant Entrad en la presencia del Señor con alegría. .

Himno: OH DIOS, AUTOR DE LA LUZ.E.

Oh Dios, autor de la luz,
de los cielos la lumbrera,
que el universo sostienes
abriendo tu mano diestra.

La aurora, con mar de grana,
cubriendo está las estrellas,
bautizando humedecida
con el rocío la tierra.

Auséntase ya las sombras,
al orbe la noche deja,
y al nuevo día el lucero,
de Cristo imagen, despierta.

Tú, Día de Día, oh Dios,
y Luz de Luz, de potencia
soberana, oh Trinidad,
doquier poderoso reinas.

Oh Salvador, ante ti
inclinamos la cabeza,
y ante el Padre y el Espíritu,
dándole gloria perpetua. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.

Salmo 142, 1-11 – LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas 
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece, 
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos, 
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos 
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed ti como tierra reseca.

Escúchame enseguida, Señor, 
que me falta el aliento. 
No me escondas tu rostro, 
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia, 
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir, 
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor, 
que me refugio en ti. 
Enséñame a cumplir tu voluntad, 
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno, 
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sáname de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.

 

Ant. 2 El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz.

Cántico: CONSUELO Y GOZO PARA LA CIUDAD SANTA. Is. 66,10-14a

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, 
todos los que la amáis,
alegraos de su alegría, 
los que por ella llevasteis luto;
a su pecho seréis alimentados 
y os saciaréis de sus consuelos
y apuraréis las delicias 
de sus pechos abundantes.

Porque así dice el Señor: 
Yo haré derivar hacia ella 
como un río la paz,
como un torrente en crecida, 
las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus cristuras 
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo 
y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo se alegrará vuestro corazón
y vuestros huesos florecerán como un prado.”

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz.

 

Ant. 3 Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

– Salmo 146– PODER Y BONDAD DEL SEÑOR

Alabad al Señor que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

El Señor reconstruye Jerusalén, 
reúne a los deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados, 
venda sus heridas.

Cuenta el número de las estrellas, 
a cada una la llama por su nombre. 
Nuestro Señor es grande y poderoso, 
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes, 
humilla hasta el polvo a los malvados.

Entonad la acción de gracias al Señor, 
tocad la cítara para nuestro Dios,
que cubre el cielo de nubes, 
preparando la lluvia para la tierra;

que hace brotar hierba en los montes, 
para los que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado, 
y a las crías de cuervo que graznan.

No aprecia el vigor de los caballos, 
no estima los músculos del hombre:
el Señor aprecia a sus fieles, 
que confían en su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

LECTURA BREVE Rm 8, 18-21

Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Resultado de imagen para De la Homilía de un autor del siglo segundo (Cap. 13, 2--14, 5: Funk 1, 159-161)SEGUNDA LECTURA

 

De la Homilía de un autor del siglo segundo
(Cap. 13, 2–14, 5: Funk 1, 159-161)

 

LA IGLESIA VIVA ES EL CUERPO DE CRISTO

 

Dice el Señor: Todo el día, sin cesar, ultrajan mi nombre en medio de las naciones; y también en otro lugar: ¡Ay de aquel por cuya causa ultrajan mi nombre! ¿Por qué razón ultrajan el nombre de Dios? Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira.

Cuando nos oyen decir que Dios afirma: Si amáis a los que os aman no es grande vuestro mérito, pero grande es vuestra virtud si amáis a vuestros enemigos y a quienes os odian, se llenan de admiración ante la sublimidad de estas palabras; pero luego, al contemplar cómo no amamos a los que nos odian y que ni siquiera sabemos amar a los que nos aman, se ríen de nosotros y con ello el nombre de Dios es blasfemado.

Así pues, hermanos, si cumplimos la voluntad de Dios, perteneceremos a la Iglesia primera, es decir, a la Iglesia espiritual, que fue creada antes que el sol y la luna; pero, si no cumplimos la voluntad del Señor, seremos de aquellos de quienes afirma la Escritura: Habéis convertido mi templo en una cueva de bandidos. Por tanto, procuremos pertenecer a la Iglesia de la vida, para alcanzar así la salvación.

Creo que no ignoráis que la Iglesia viva es el cuerpo de Cristo. Dice, en efecto, la Escritura: Creó Dios al hombre, hombre y mujer los creó; el hombre es Cristo, la mujer es la Iglesia; ahora bien, los escritos de los profetas y de los apóstoles nos enseñan también que la Iglesia no es de este tiempo, sino que existe desde el principio; en efecto, la Iglesia era espiritual como espiritual era el Señor Jesús, pero se manifestó visiblemente en los últimos tiempos para llevarnos a la salvación.

Esta Iglesia que era espiritual se ha hecho visible en la carne de Cristo, mostrándonos con ello que, si nosotros conservamos intacta esta Iglesia por medio de nuestra carne, la recibiremos en el Espíritu Santo, pues nuestra carne es como la imagen del Espíritu y nadie puede gozar del modelo si ha destruido su imagen. Todo esto quiere decir, hermanos, lo siguiente: Conservad con respeto vuestra carne, para que así tengáis parte en el Espíritu. Y, si afirmamos que la carne es la Iglesia y el Espíritu es Cristo, ello significa que quien deshonra la carne deshonra la Iglesia, y este tal no será tampoco partícipe de aquel Espíritu, que es el mismo Cristo. Con la ayuda del Espíritu Santo, esta carne puede, por tanto, llegar á gozar de aquella incorruptibilidad y de aquella vida que es tan sublime, que nadie puede explicar ni describir, pero que Dios ha preparado para sus elegidos.

RESPONSORIO BREVE

V. Velando medito en ti, Señor.
R. Velando medito en ti, Señor.

V. Porque fuiste mi auxilio.
R. Medito en ti, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Velando medito en ti, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.  Anuncia, Señor, la salvación a tu pueblo y perdónanos nuestros pecados.

Cántico de zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Anuncia, Señor, la salvación a tu pueblo y perdónanos nuestros pecados.

PRECES.

Invoquemos a Dios, de quien viene la salvación para su pueblo, diciendo:

Tú, que eres nuestra vida, escúchanos, Señor.

 

Bendito seas, Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque en tu gran misericordia nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza viva,

por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

 

 

Concede hoy trabajo a quienes lo buscan, pan a los hambrientos, alegría a los tristes,

a todos la gracia y la salvación

 

Tú que, en Cristo, renovaste al hombre, creado a imagen tuya

 

haz que reproduzcamos la imagen de tu Hijo.

 

Derrama en nuestros corazones, lastimados por el odio y la envidia,

tu Espíritu de amor. 

 

Concede hoy trabajo a quienes lo buscan, pan a los hambrientos, alegría a los tristes

a todos la gracia y la salvación

Se pueden añadir algunas [Intenciones] libres

 

Por Jesús hemos sido hechos Hijos de Dios; por esto nos atrevemos a decir:

Padre nuestro ………….

ORACIÓN.

Concédenos, Señor, acoger siempre el anuncio de la salvación para que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos te sirvamos, con santidad y justicia todos nuestros días. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R, Amén.

 

Fuente: oficiodivino.com

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MIÉRCOLES TRIGESIMOSEGUNDA SEMANA Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 11-19 Comentarios

MIÉRCOLES TRIGESIMOSEGUNDA SEMANA

Año impar

Escuchad reyes, para que aprendáis la Sabiduría

 

Resultado de imagen para Lectura del libro de la Sabiduría  6, 1-11Lectura del libro de la Sabiduría  6, 1-11

 
¡Escuchen, reyes, y comprendan!
¡Aprendan, jueces de los confines de la tierra!
¡Presten atención, los que dominan multitudes
y están orgullosos de esa muchedumbre de naciones!
Porque el Señor les ha dado el dominio,
y el poder lo han recibido del Altísimo:
Él examinará las obras de ustedes y juzgará sus designios.
 
Ya que ustedes, siendo ministros de su reino,
no han gobernado con rectitud
ni han respetado la Ley
ni han obrado según la voluntad de Dios,
él caerá sobre ustedes en forma terrible y repentina,
ya que un juicio inexorable espera a los que están arriba.
 
Al pequeño, por piedad, se le perdona,
pero los poderosos serán examinados con rigor.
Porque el Señor de todos no retrocede ante nadie,
ni lo intimida la grandeza:
Él hizo al pequeño y al grande,
y cuida de todos por igual,
pero los poderosos serán severamente examinados.
 
A ustedes, soberanos, se dirigen mis palabras,
para que aprendan la Sabiduría y no incurran en falta;
porque los que observen santamente las leyes santas
serán reconocidos como santos,
y los que se dejen instruir por ellas,
también en ellas encontrarán su defensa.
Deseen, entonces, mis palabras;
búsquenlas ardientemente, y serán instruidos.

 
Palabra de Dios.

SALMO     Sal 81, 3-4. 6-7

¡Levántate, Señor, y juzga a la tierra!

 ¡Defiendan al desvalido y al huérfano,
hagan justicia al oprimido y al pobre;
libren al débil y al indigente,
rescátenlos del poder de los impíos! R.

 
Yo había pensado: «Ustedes son dioses,
todos son hijos del Altísimo.»
Pero morirán como cualquier hombre,
caerán como cualquiera de los príncipes. R.

 
 
ALELUIA     1Tes 5, 18

 
Aleluya.
Den gracias a Dios en toda ocasión:
esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús.
Aleluya.

.

 
 
EVANGELIO

Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 11-19
 
    Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»
    Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes.» Y en el camino quedaron purificados.

   Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
    Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?» Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado.»

 
Palabra del Señor.

Leer el comentario del Evangelio por  Vida de san Francisco de Asís llamada “Compilación de Perusia” (c. 1311Imagen relacionada

“Dar gloria a Dios”

    Dos años antes de su muerte, el bienaventurado Francisco, estaba ya muy enfermo, sobre todo de los ojos, lo que le hacía sufrir mucho… Estuvo más de cincuenta días sin poder soportar, durante el día la luz del sol, ni durante la noche la claridad del fuego. Constantemente permanecía en la oscuridad en el interior de la casa, en su celda… Una noche, en la que reflexionaba sobre las tribulaciones que soportaba, tuvo lástima de sí mismo y dijo interiormente: “¡Señor, ayúdame en mis enfermedades a fin de que tenga la paciencia suficiente para soportarlas!” Y, de repente, oyó una voz interior: “Dime, hermano, si para compensar tus sufrimientos y tribulaciones te dieran un inmenso y precioso tesoro…, ¿no te alegrarías?… Alégrate, pues, y gózate en tus enfermedades y tribulaciones: desde ahora vive en paz como si ya compartieras mi Reino.”

    El día siguiente dijo a sus compañeros…: “Dios me ha dado una gracia y bendición tan grandes que, en su misericordia, se ha dignado asegurarme a mi, su pobre e indigno servidor que estoy viviendo todavía aquí abajo, que un día compartiría su Reino. Es por esta razón, para su gloria, para mi consolación y para la edificación del prójimo que voy a componer una nueva “Alabanza al Señor” por sus criaturas. Cada día éstas no sirven para nuestras necesidades; sin ellas no podríamos vivir y, sin embargo, es a través de ellas que el género humano ofende mucho al Creador. También cada día nos olvidamos de un beneficio tan grande no alabando, como es debido, al Creador y Dispensador de todos estos dones”…

    A estas “Alabanzas al Señor” que empiezan así: “Altísimo, Omnipotente y buen Señor”, les llamóCántico del hermano Sol”. En efecto, es la más bella de todas las criaturas, la que, de manera más apropiada, se compara a Dios. Y decía: “A la salida del sol todo hombre debería alabar a Dios por haber creado este astro que durante el día da a los ojos la luz; al atardecer, cuando la noche llega, todo hombre debería alabar a Dios por esta otra criatura, nuestro hermano el fuego, el cual permite a nuestros ojos que, en medio de las tinieblas, podamos ver con claridad. Todos somos como ciegos, y es por estas dos criaturas que Dios nos da la luz. Es por eso que, por estas criaturas y por las demás que nos sirven cada día, debemos alabar particularmente a su glorioso Creador.

    Él mismo lo hacía con todo su corazón, tanto enfermo como sano, y gustosamente invitaba a los demás a cantar la gloria del Señor. Cuando estuvo abatido por la enfermedad, a menudo entonaba este cántico y hacía que lo terminaran sus compañeros; de esta manera, considerando la gloria del Señor, se olvidaba de la violencia de sus dolores y males. Es así como se comportó hasta el día de su muerte.

LA GRACIA del Miércoles 15 de Noviembre de 2017

 

 

Santos del 15 de noviembre

San Alberto Magno

 

San Alberto, apellidado “Magno”, obispo y doctor en Iglesia, que ingresó en la Orden de Predicadores en París, enseñó de palabra y en sus escritos las disciplinas filosóficas y divinas, y fue maestro de santo Tomás de Aquino, uniendo maravillosamente la sabiduría de los santos con la ciencias humanas y naturales. Después se vio obligado a aceptar la sede episcopal de Ratisbona, esforzándose asiduamente en fortalecer la paz entre los pueblos, pero al cabo de un año prefirió la pobreza de la Orden a toda clase de honores y murió santamente en Colonia, en la Lotaringia Germánica. Ver… San Alberto Magno: Doctor de la Iglesia y patrono de químicos y geólogos

 

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OFICIO DIVINO Semana XXXII de Tiempo Ordinario Laudes Miércoles Memoria 15 de noviembre

OFICIO DIVINO

Semana XXXII de Tiempo Ordinario

Laudes Miércoles

Memoria

15 de noviembre

San Alberto Magno

San Alberto, apellidado “Magno”, obispo y doctor en Iglesia, que ingresó en la Orden de Predicadores en París, enseñó de palabra y en sus escritos las disciplinas filosóficas y divinas, y fue maestro de santo Tomás de Aquino, uniendo maravillosamente la sabiduría de los santos con la ciencias humanas y naturales. Después se vio obligado a aceptar la sede episcopal de Ratisbona, esforzándose asiduamente en fortalecer la paz entre los pueblos, pero al cabo de un año prefirió la pobreza de la Orden a toda clase de honores y murió santamente en Colonia, en la Lotaringia Germánica.

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

–Salmo 66–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Se repite la antífona

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

Que canten de alegría las naciones,
porque riges al mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Se repite la antífona

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga, que le teman
hasta los confines del orbe.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría. 

HIMNO

Al retornar este día,
con voz alegre y canora,
celebrando al Redentor,
cantemos de Dios la gloria.

Por Cristo, el Creador inmenso
hizo la noche y la aurora,
con inmóvil ley fijando
la sucesión de las horas.

La luz eterna eres tú,
la antígua ley perfeccionas,
y no conoces crepúsculo,
y no te apagan las sombras.

Concédenos, Padre eterno,
que vivamos hoy con loa,
con que agrademos a Cristo,
si tu Espíritu nos colma. Amén.

SALMODIA

Ant.1 Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme.

– Salmo 107 –– ALABANZA AL SEÑOR Y PETICIÓN DE AUXILIO.

Dios mío, mi corazón está firme,
para ti cantaré y tocaré, gloria mía.
Despertad cítara y arpa,
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor,
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria;
para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario:
“Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,
Efraím es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme,
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.”

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil;
con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.1 Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme.

 

Ant. 2 El Señor me ha revestido de justicia y santidad.

Cántico: ALEGRIA DEL PROFETA ANTE LA NUEVA JERUSALÉN Is 61, 10-

Desbordo de gozo en el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como a un novio que se pone la corona, 
o a una novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes, 
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará justicia 
y los himnos ante todos los pueblos.

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que despunte la aurora de su justicia
y su salvación llamee cono antorcha.

Los pueblos verán tu justicia, 
y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo 
pronunciado por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán “Abandonada”; 
ni a tu tierra, “Devastada”;
a ti te llamarán “Mi favorita“, 
y a tu tierra, “Desposada”,
porque el Señor te prefiere a ti, 
y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia, 
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa, 
la encontrará tu Dios contigo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 El Señor me ha revestido de justicia y santidad.

Ant. 3 Alabaré al Señor mientras viva.

– Salmo 145 –  – FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS.

Alaba, alma mía, al Señor: 
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes, 
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo, 
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, 
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra, 
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente, 
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos, 
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan, 
el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la viuda 
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente, 
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén..

Ant. 3 Alabaré al Señor mientras viva.

LECTURA BREVE  Dt 4, 30-40a 


H
as de reconocer hoy y recordar que el Señor es Dios, en lo alto del cielo y abajo en la tierra, y que no hay otro. Guarda los mandatos y preceptos que te voy a dar hoy.

 

0.-Madre_CabriniSEGUNDA LECTURA

 

 

De la Homilía de un autor del siglo segundo
(Cap. 10. 1-12, 1; 13, 1: Funk 1, 157-159)

 

 

PERSEVEREMOS EN LA ESPERANZA

 

Hermanos míos, hagamos la voluntad del Padre que nos ha llamado y esforcémonos por vivir ejercitando la virtud con el mayor celo; huyamos del vicio como del primero de nuestros males y rechacemos la impiedad, a fin de que el mal no nos alcance. Porque si nos esforzamos en obrar el bien lograremos la paz. La razón por la que algunos hombres no alcanzan la paz es porque se dejan llevar por temores humanos y posponen las promesas futuras a los gozos presentes. Obran así porque ignoran cuán grandes tormentos están reservados a quienes se entregan a los placeres de este mundo y cuán grande es la felicidad que nos está preparada en la vida eterna. Y si ellos fueran los únicos que hicieran esto, sería aún tolerable; pero el caso es que no cesan de pervertir a las almas inocentes con sus doctrinas depravadas, sin darse cuenta de que de esta forma incurren en una doble condenación: la suya propia y la de quienes los escuchan.

Nosotros, por tanto, sirvamos a Dios con un corazón puro y así seremos justos; porque si no servimos a Dios y desconfiamos de sus promesas, entonces seremos desgraciados. Se dice, en efecto, en los profetas: Desdichados los de ánimo doble, los que dudan en su corazón, los que dicen: «Todo esto hace tiempo que lo hemos oído, ya fue dicho en tiempo de nuestros padres; hemos esperado, día tras día, y nada de ello se ha realizado¡Oh insensatos! Comparaos con un árbol; tomad, por ejemplo, una vid: primero se le cae la hoja, luego salen los brotes, después puede contemplarse la uva verde, finalmente aparece la uva ya madura. Así también mí pueblo: primero sufre inquietudes y tribulaciones, pero luego alcanzará la felicidad.

Por tanto, hermanos míos, no seamos de ánimo doble, antes bien perseveremos en la esperanza a fin de recibir nuestro galardón, porque es fiel aquel que ha prometido dar a cada uno según sus obras. Si practicamos, pues, la justicia ante Dios, entraremos en el reino de los cielos y recibiremos aquellas promesas que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre.

Estemos, pues, en todo momento en expectación del reino de Dios, viviendo en la caridad y en la justicia, pues desconocemos el día de la venida del Señor. Por tanto, hermanos, hagamos penitencia y obremos el bien, pues vivimos rodeados de insensatez y de maldad. Purifiquémonos de nuestros antiguos pecados y busquemos nuestra salvación arrepintiéndonos de nuestras faltas en lo más profundo de nuestro ser. No adulemos a los hombres ni busquemos agradar solamente a los nuestros; procuremos, por el contrario, edificar con nuestra vida a los que no son cristianos, evitando así que el nombre de Dios sea blasfemado por nuestra causa.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Bendigo al Señor en todo momento.

V. Su alabanza está siempre en mi boca.
R. En todo momento.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendigo al Señor en todo momento.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

Cántico de zacarías Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

PRECES.

Cristo, reflejo de la gloria del Padre, nos ilumina con su palabra; acudamos pues a él diciendo:

Rey de la gloria, escúchanos.

Te bendecimos, Señor, autor y consumador de nuestra fe,

porque de las tinieblas nos has trasladado a tu luz admirable.

Tú que abriste los ojos de los ciegos y diste oído a los sordos,

aumenta nuestra fe.

Haz, Señor, que permanezcamos siempre en tu amor,

y que este amor nos guarde fraternalmente unidos.

Ayúdanos para que resistamos a la tentación, aguantemos en la tribulación

y te demos gracias en la prosperidad

Se pueden añadir algunas intenciones libres

 

Dejemos que el Espíritu de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones, se una a nuestro espíritu, para clama

Padre nuestro…

ORACIÓN

Recuerda, Señor, tu santa alianza consagrada con el nuevo sacramento de la sangre del Cordero, para que tu pueblos obtenga el perdón de sus pecados, y un aumento constante de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Fuente: oficiodivino.com

 

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San Alberto Magno: Doctor de la Iglesia y patrono de químicos y geólogos

San Alberto Magno: Doctor de la Iglesia y patrono de químicos y geólogos

 

San Alberto nació en Lauingen, ciudad perteneciente a la diócesis de Augsburg, Bayern (Alemania). Según algunos autores, pudo nacer a finales del siglo XII, quizás en el año 1193, pero según otros su nacimiento debería fijarse en el año 1206. Es muy probable que su familia no perteneciese a la nobleza, pero quizás si estuviese relacionada con la milicia, con la vida militar, existiendo autores que afirman que su padre era el administrador del feudo de Lauingen, dependiente de Hohenstaufen. Desde muy joven la naturaleza le llamó poderosamente la atención y era un apasionado investigador de los secretos de los bosques, del campo y de los pájaros. Era lo que hoy llamaríamos, un apasionado naturalista.

Poco más se sabe de su juventud y adolescencia. Sin embargo, hay constancia de que en la Navidad de 1222 se encontraba en Lombardía (Italia) y que fue testigo de un gran terremoto que aquel año sacudió el Norte de Italia. Más tarde fue a Padua y Venecia para investigar los fenómenos naturales. Por algo es el patrono de los geólogos, es mi patrón.

Estudió en la Universidad de Padua y en el año 1229 entró en la Orden de los Frailes Predicadores (Dominicos) de la mano del Beato Jordán de Sajonia y, aunque había iniciado el noviciado en Padua, lo envió al convento dominico de Colonia, que era el más importante de Alemania, su país natal. Probablemente hizo la profesión en Colonia y también es probable que en esa misma ciudad completase los estudios de teología y se ordenase de sacerdote. A partir de 1234 fue nombrado lector (una especie de maestro), primero en Hildesheim y posteriormente en Friburgo, Ratisbona y Estrasburgo, pasando posteriormente a la Universidad de París para completar su formación académica, recibiendo el título de docente, profesor de teología en el año 1245.

Fue nombrado regidor del Estudio General Dominicano de Colonia desde 1248 a 1254, siendo uno de sus discípulos Santo Tomás de Aquino, el cual escuchó de Alberto los comentarios del texto “De divinis nominibus” obra del pseudo Dionisio, los comentarios a los escritos éticos de Aristóteles y al Cuarto libro de Las Sentencias” de Pedro Lombardo. Estos tres importantes textos fueron comentados por Alberto a Tomás.

Pero en este tiempo, además de a la enseñanza filosófica y teológica, Alberto se dedicaba también al ministerio sacerdotal y al bien público, haciendo de intermediario para conseguir la paz entre el arzobispo de Colonia y los habitantes de la ciudad, que estaban enfrentados. También recomendó a Tomás de Aquino para que fuese a la Universidad de París.

En el año 1254 fue elegido en Worms como padre provincial de la Provincia Dominica de Alemania, de la que dependían unos cuarenta conventos, algunos de ellos enclavados en lo que hoy es Austria   También dependían de su dirección espiritual numerosos conventos de monjas dominicas y tuvo que asistir a los Capítulos Resultado de imagen para San Luís IX rey de FranciaGenerales de la Orden celebrados en Milán en 1255 y en París en 1256. Probablemente, en aquella ocasión en Paris, San Luís IX rey de Francia le regaló una reliquia de la Cruz de Cristo. Durante su época de padre provincial visitó numerosos conventos, favoreció la vida contemplativa en los monasterios femeninos, presidió varios Capítulos Provinciales de la Orden y ratificó la fundación de las Dominicas del Paraíso en la ciudad de Soest en 1255.

En septiembre de 1256, estando la Curia Papal en Agnani, defendió con vigor el derecho que tenían los dominicos a enseñar en las universidades. Había detractores, abanderados por Guillermo de Saint Amour, que decían que esta no era tarea de una Orden mendicante como realmente era la Orden de Predicadores. Pero, el día 5 de octubre de 1256, el Papa Alejandro IV condenó las tesis de Guillermo y encargó a Alberto que diera un curso en la Universidad de la Curia. Empezó en Roma y terminó en Viterbo unos “Comentarios al Evangelio de San Juan y a las epístolas de San Pablo” y al mismo tiempo en el que estaba escribiendo, se dedicó a aconsejar a cuantos a él acudían y a llevar una vida ejemplar como fraile.

Habiendo sido relevado de su responsabilidad de padre provincial en el Capítulo General realizado en Florencia en el año 1257, volvió a Colonia dedicándose de nuevo a la enseñanza, colaborando con Buenhombre el bretón, Florencio de Hesdin, Tomás de Aquino y Pedro de Tarantasia (el futuro Papa Inocencio V) en la redacción de la “ratio studiorum dominicana”, texto aprobado en el Capítulo General de Valenciennes en 1259. Habiendo surgido una nueva disputa entre el arzobispo de Colonia y su ciudad, Alberto fue admitido por todos como árbitro y el 28 de junio de 1258 consiguió un acuerdo entre las partes. Lo mismo hizo en otras disputas surgidas en Utrech, Bonn, Burtscheid, Lieja y Rütten.

Resultado de imagen para el Papa Alejandro IVEl día 5 de enero de 1260 el Papa Alejandro IV lo nombró obispo de Ratisbona (Regensburg). Inmediatamente se dedicó a sanear económicamente la diócesis, reorganizó las parroquias y conventos e impulsó las obras de caridad. Una vez que la diócesis quedó saneada, le pidió al Papa que aceptara su renuncia y así, pasando por Viena, volvió de nuevo a Italia en 1261. Urbano IV, recién elegido Papa, escuchó su petición y después de haberle aceptado su renuncia, le autorizó a hacer testamento reteniéndolo en la Curia donde estaban Tomás de Aquino, Guillermo de Moerbeke y otros personajes ilustres para que los instruyese y les informase de sus trabajos científicos, ya que Alberto, nunca había abandonado su predilección por investigar los fenómenos naturales y las  ciencias de la época, entre ellas, la alquimia (por eso es el patrón de los químicos). Es en esta época cuando descubrió el tratado aristotélico denominado “De motu animalium” que publicó, acompañándolo de un comentario suyo. Con sus estudios, introdujo el aristotelismo en la teología cristiana.

El día 13 de febrero de 1263 fue designado por el Papa como predicador de una Cruzada y promotor en Alemania y demás países germanoparlantes de la ayuda solidaria hacia Tierra Santa. El se dedicó a visitar las ciudades alemanas más importantes recogiendo grandes cantidades de dinero para ayudar a los cristianos de los Santos Lugares. De él dependía el famoso predicador francés Bertoldo de Ratisbona. Existen numerosos documentos de la época que relatan sus itinerarios por tierras alemanas pero nada se sabe de qué predicaba, o sea, de si estaba de acuerdo o no con las Cruzadas aunque si se sabe que estaba de acuerdo con ayudar a los cristianos palestinos.

El 5 de agosto de 1263 el Papa lo nombró “proveedor espiritual de la ciudad y diócesis de Colonia” para que resolviera otro nuevo conflicto entre el arzobispo y su ciudad (¡menudo personaje debió ser dicho arzobispo!) y posteriormente, el 31 de octubre de 1263 le encargó el control de la elección del obispo de Brandeburgo. Pero el 2 de octubre de 1264 murió Urbano IV y su sucesor, Clemente IV, determinó que Alberto debía cesar en estas funciones especiales que le encargaban desde Roma y así lo dejó tranquilo desde 1264 a 1267. Con esa tranquilidad, terminó de escribir los “Comentarios al Evangelio de San Lucas”, estableciéndose en Estrasburgo entre 1267 y 1270. En la ciudad existía un floreciente centro de estudios dominicos, segundo en importancia después del de Colonia.

Mientras estuvo en Estrasburgo se dedicó a estudiar, enseñar, evangelizar y pacificar. Allí ejerció el ministerio episcopal consagrando iglesias en Alsacia y en Suiza y en el verano de 1268, el Papa Clemente IV lo envió a Mecklenburgo para apaciguar las luchas entre el duque y los jóvenes de la región. Desde luego, San Alberto fue modelo de persona apacible, que ejercía de árbitro entre partes y que conseguía ponerlas de acuerdo. Pero en 1271 otra vez se enfrentaron el arzobispo y los ciudadanos de Colonia y otra vez tuvo que ir allí para imponer la paz, cosa que consiguió nuevamente. Y, en ese ambiente tuvo tiempo para seguir escribiendo y recibir un nuevo encargo del Papa: representarlo en la elección del abad de Fulda.

En Colonia se encontró con el rey Rodolfo de Asburgo, el Beato Juan de Vercelli y con su amigo Ulrico (que fue su discípulo predilecto en Estrasburgo) y que entonces era provincial de la Orden y allí surgió la promesa de apoyo que Alberto le daría al rey Rodolfo ante el Papa Gregorio X en el II Concilio de Lyon, celebrado en el año 1274. Posteriormente, en los años sucesivos hasta 1277 se dedicó totalmente a su ministerio y a sus estudios. En enero de 1279 hizo testamento a favor de la Iglesia y de la Orden Dominicana y murió el día 15 de noviembre de 1280 en la celda de su convento de la Santa Cruz de Colonia.

Se dice que fue de estatura mediana, de constitución fuerte y sana, de temperamento sanguíneo, enérgico, muy trabajador y siempre escrutando todo lo que veía tanto en sus viajes como en sus largos tiempos de estudio. Diríamos que tenía una curiosidad innata, era de alma noble y grande, intelectual, comprensivo, que especulaba con las ciencias pero que al mismo tiempo se mostraba contemplativo, que intuía los problemas de su tiempo buscando siempre soluciones a dichos problemas. Era generoso, promovió grandes cosas sin descuidar las cosas pequeñas. Aunque era intelectual, al mismo tiempo era profundamente espiritual, hombre de oración, resumiendo, un humilde y dignísimo hijo de Santo Domingo de Guzmán. En él se fundían la contemplación y la  especulación científica. ¡Cuánta falta hace esto hoy en día dentro de la Iglesia! Ulrico de Estrasburgo, su alumno y amigo escribió de él: “Era un hombre de ciencia y de Dios, que causaba estupor”.

Un signo de la grandeza de su personalidad es que fascinó a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores. Entre los siglos XIII y XV, hubo una enorme profusión de leyendas que se entrelazaron unas con otras; algunas lo mostraban como mago que dominaba las ciencias ocultas, incluso hicieron pasar como suyos trabajos que no lo eran; pero otras insistían en su singular doctrina, en su piedad mariana, en su santidad. No se sabe exactamente el origen del apelativo que le dieron de Magno (Grande), pero en el siglo XIV, ya está documentado este apelativo.

La acción científica ejercitada por San Alberto tanto en el campo de la filosofía como en el de la teología, es profunda, duradera, potente, como la de Santo Tomás de Aquino y es por eso por lo que Mardonnet dice:” Tomás fue un río, pero Alberto era un torrente”. En todas las ramas del saber se encuentra la obra de este gran santo escolástico alemán, al que se le llama “Doctor Universal”. Fue importante como naturalista, pero fundamentalmente fue filósofo y teólogo. Su obra literaria se extiende a casi todas las disciplinas. Las profanas y las sagradas. Bajo el título de: Opera omnia” fueron publicadas por primera vez en Lyón en el año 1651. Escribió sobre lógica, física, matemáticas, ciencias naturales, geometría, metafísica, ética, teología, exégesis… escribió sobre todo. Viendo su obra para preparar este artículo he llegado a contar hasta ochenta títulos sobre diversas materias, incluso, sobre política.

Cuando murió en el año 1280 fue sepultado en una magnífica Resultado de imagen para Sixto IVtumba situada en el coro del convento de Colonia. En el año 1483, con la autorización de Sixto IV fue exhumado el cadáver. Un brazo fue enviado como regalo al convento de Santo Domingo en Bologna (Italia), donde aun se conserva. Cuando el convento de Colonia fue suprimido en el año 1798, sus restos fueron llevados a la vecina iglesia de San Andrés. En 1949 se hizo el último reconocimiento de los restos y fueron puestos en la cripta de la iglesia en el sarcófago que aparece en la foto. Su culto se inició casi inmediatamente después de su muerte y rápidamente, se extendió. Incluso, ya en vida, gozaba de gran fama de santidad. En su pueblo natal, su casa fue transformada en oratorio.

El Papa Pío II, en el año 1459 incluyó su nombre en el catálogo de los santos de la iglesia, entonces equivalente a una beatificación. Inocencio VIII, en 1484 le concedió a los dominicos de Colonia y Ratisbona el poder celebrarlo como beato con Oficio propio, lo que se extendió por toda la Orden en el año 1670. A petición de todos los obispos alemanes, el  Beato Papa Pío IX lo proclamó Doctor de la Iglesia, aunque sin embargo la canonización solemne no se produjo hasta el pontificado de Pío XI. Con la Bula “in Thesauris sapientiae” de fecha 16 de diciembre de 1931, lo canonizó y proclamó Doctor de la Iglesia Universal. Desde entonces se han realizado numerosísimos estudios sobre su obra.

El Venerable Papa Pío XII en el año 1942 con el Breve pontificio “Ad Deum”, lo nombró patrono de los profesionales dedicados a la química y a las ciencias naturales; por eso he dicho ya antes que es patrono de los químicos y de los geólogos. Como curiosidad diré, que en el día de San Alberto Magno, o sea, hoy, los geólogos celebrábamos una fiesta en la que “bautizábamos como geólogos” a los alumnos de primero de carrera dándoles un “cariñoso martillazo en la cabeza” con un martillo de geólogo. Nunca hubo heridos, ¿eh?

Fuente: preguntasantoral.es 

San Alberto Magno. Obispo y Doctor de la Iglesia

 

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MARTES  TRIGESIMOSEGUNDA SEMANA Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas  17, 7-10 Comentarios

 
MARTES  TRIGESIMOSEGUNDA SEMANA

Año impar

A los ojos de los insensatos parecían muertos;
pero ellos están en paz

Lectura del libro de la Sabiduría   2, 23 — 3, 9

Dios creó al hombre para que fuera incorruptible
    y lo hizo a imagen de su propia naturaleza,
    pero por la envidia del demonio
    entró la muerte en el mundo,
    y los que pertenecen a él tienen que padecerla.
 
    Las almas de los justos están en las manos de Dios,
    y no los afectará ningún tormento.
    A los ojos de los insensatos parecían muertos;
    su partida de este mundo fue considerada una desgracia
    y su alejamiento de nosotros, una completa destrucción;
    pero ellos están en paz.
    A los ojos de los hombres, ellos fueron castigados,
    pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad.
    Por una leve corrección, recibirán grandes beneficios,
    porque Dios los puso a prueba
    y los encontró dignos de Él.
    Los probó como oro en el crisol
    y los aceptó como un holocausto.
    Por eso brillarán cuando Dios los visite,
    y se extenderán como chispas por los rastrojos.
    Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos,
    y el Señor será su rey para siempre.
    Los que confían en él comprenderán la verdad
    y los que le son fieles permanecerán junto a él en el amor.
    Porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos.

Palabra de Dios.

SALMO     Sal 33, 2-3. 16-19
 
R. ¡Bendeciré al Señor en todo tiempo!

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.
 
Los ojos del Señor miran al justo
y sus oídos escuchan su clamor;
pero el Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra. R.
 
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos. R.


 

 
ALELUIA     Jn 14, 23

Aleluya.
«El que me ama será fiel a mi palabra,
y mi Padre lo amará e iremos a él», dice el Señor.
Aleluya.

 
 
EVANGELIO

Somos simples servidores,
no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas  17, 7-10

 
    El Señor dijo:
    Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: «Ven pronto y siéntate a la mesa»? ¿No le dirá más bien: «Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después»? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
    Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: «Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber».

 
Palabra del Señor.

Leer el comentario del Evangelio por Santa Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad  Un camino muy sencillo

 

Somos simples servidores

 

    No os canséis de buscar la causa de los grandes problemas de la humanidad. Contentaos de hacer lo que está en vuestras manos par resolverlos aportando vuestra ayuda a los que tienen necesidad de ella. Algunos me dicen que haciendo caridad a los demás descargamos a los Estados de sus responsabilidades hacia los necesitados y los pobres. No me quiebro la cabeza por ello porque, generalmente, los Estados no ofrecen amor. Hago simplemente todo lo que puedo hacer, el resto no es de mi competencia. 

    ¡Dios ha sido tan bueno con nosotros! Trabajar con amor es siempre un medio para acercarnos a él. ¡Mirad lo que Cristo hizo durante su vida terrena! Pasó haciendo el bien.” (Hch 10,38) Les recuerdo a mis hermanas que Cristo pasó los tres años de su vida pública curando enfermos, leprosos, niños y otros. Es exactamente lo que hacemos nosotras, predicando el evangelio con nuestras obras. 

    Consideramos que servir a los demás es un privilegio. Intentamos en cada  momento hacerlo de todo corazón. Sabemos bien que nuestra acción no es más que una gota en el océano, pero sin nuestra acción esta gota faltaría.

LA GRACIA del Martes 14 de Noviembre de 2017

 

Santos del 14 de noviembre

San José Pignatelli

Santo español de la ilustre familia Pignatelli uno de cuyos vástagos fue elevado al mismísimo puesto de sucesor de Pedro en la persona del Pontífice Inocencio XII y cuyas raíces se hunden en la historia hasta rayar la leyenda.Ver… San José Pignatelli Restaurador de los Jesuitas, 14 de Noviembre

 

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San José Pignatelli Restaurador de los Jesuitas, 14 de Noviembre

San José Pignatelli

Restaurador de los Jesuitas, 14 de Noviembre

(Fiesta:14/11)

José Pignatelli (José Pignatelli, 1737-1811) había nacido en un palacio, pero lo veneramos por haber dado orientación y apoyo a los jesuitas durante los durísimos años en que la Compañía de Jesús estuvo suprimida. Tanto su padre italiano como su madre española descendían de familias nobles y Pignatelli nació en el palacio familiar de Zaragoza, España. Cuando falleció su madre en 1743, su padre trasladó la familia a Nápoles. Cuatro años después moría también el padre.

Pignatelli volvió a Zaragoza en 1749 para estudiar en el colegio de los jesuitas de su ciudad natal, y vivió con la comunidad. El 8 de mayo de 1753 entró en el noviciado de Tarragona, siguiendo después el itinerario normal de formación, estudiando filosofía y teología. Fue ordenado sacerdote la semana anterior a Navidad de 1762 y pasó los cuatro años y medio siguientes en Zaragoza haciendo apostolados humildes: enseñando gramática a los niños, visitando la cárcel de la ciudad, y atendiendo a los prisioneros y condenados a muerte.

Resultado de imagen para Carlos IIIPignatelli había abandonado la vida privilegiada de Grande de España por la sencilla rutina de un profesor jesuita, pero todo cambió súbitamente el 3 de abril de 1767, cuando el rey Carlos III expulsó a los jesuitas de sus reinos y confiscó sus propiedades. Cinco mil jesuitas lo perdieron todo y de un día para otro quedaron en la calle. Pignatelli podría haber hecho valer los privilegios de clase para quedarse en España, pero prefirió acompañar al exilio a sus hermanos jesuitas. El anciano rector de Zaragoza, delegó sabiamente su autoridad en aquel joven sacerdote. Cuando los jesuitas de Zaragoza llegaron a Tarragona, encontraron otros jesuitas a la espera de ser deportados, entre ellos al provincial, que delegó también su autoridad en Pignatelli, convirtiéndole en superior religioso de unos 600 jesuitas.

Un convoy de 13 naves dejó España llevando al exilio italiano a los jesuitas, pero no se les permitió desembarcar en Civitavecchia, en la costa occidental de Italia, ni en el puerto de Bastia de la isla de Córcega. Arribaron por fin a Bonifacio, en el extremo sur de Córcega, lugar que tuvieron que abandonar un año después cuando Francia compró la isla a Génova en septiembre de 1768. Amontonaron a los jesuitas en barcos y les llevaron a Génova, iniciando así una marcha de 300 millas hasta Ferrara en los Estados Pontificios. Para los jesuitas ancianos o de mala salud el camino fue muy duro; todos acabaron exhaustos.

Resultado de imagen para Clemente XIVLos exiliados encontraron acogida en Ferrara gracias a la amabilidad de un primo de Pignatelli y futuro cardenal, Monseñor Francisco Pignatelli. Pero la situación era muy inestable, ya que las monarquías europeas seguían presionando al papa Clemente XIII para que suprimiese la Compañía de Jesús. Éste se resistía, pero su sucesor, Clemente XIV acabó por ceder, y el 21 de julio de 1773 decretó la disolución de la Compañía de Jesús con su breve Dominus ac Redemptor noster. Pignatelli y otros 23.000 jesuitas pasaron sin más a ser ex-jesuitas, libres de sus votos. Los sacerdotes seguían siendo sacerdotes, pero los hermanos y los escolares quedaban como laicos.

Pignatelli se trasladó a Bolonia, y durante los próximos 24 años se mantendría en contacto con sus hermanos dispersos. Adoptó una actitud activa escribiendo al provincial de la Compañía en la Rusia Blanca (hoy Bielorrusia) y pidiéndole la readmisión. Catalina la Grande de Rusia había prohibido que se promulgase el breve papal de supresión en sus territorios, de modo que los jesuitas de Rusia Blanca siguieron existiendo sin interrupción. Fernando, duque de Parma, deseaba también tener a los jesuitas en sus estados e inició negociaciones con los jesuitas de la Rusia Blanca. En 1793 llegaban tres jesuitas a su ducado para abrir una comunidad. Pignatelli se asoció con el grupo. Por fin, el 6 de julio de 1797 hacía los votos religiosos. Dos años más tarde era maestro de novicios en Colorno, único noviciado de la Compañía en ese momento en toda Europa occidental. El 7 de mayo de 1803 el superior de Rusia le nombra provincial de Italia.

Resultado de imagen para Pío VIIPero a este prometedor comienzo siguieron años agitados. Cuando las tropas francesas ocuparon Parma en 1804, los jesuitas marcharon al exilio a Nápoles, pues Pío VII había restaurado al Compañía, con un breve especial de 30 de julio de 1804, en el Reino de las Dos Sicilias. Muchos antiguos jesuitas acudieron allí para volver a la Compañía. Pignatelli disfrutó de la hospitalidad napolitana sólo durante dos años, hasta que José Bonaparte invadió el país y obligó a los jesuitas no nativos a abandonarlo. Emigraron hasta Roma, donde Pío VII les recibió con los brazos abiertos; abrieron una comunidad en S. Pantaleón, cerca del Coliseo, y pronto un noviciado en Orvieto.

Pignatelli llevaba 40 años en el exilio cuando llegó a Roma, siempre acariciando la esperanza de que llegara la total restauración de la Compañía, pero resignado al hecho de no verla en vida. Sus últimos dos años fueron de un continuo debilitarse, siempre con hemorragias, probablemente provocadas por úlceras de estómago. El mes de octubre de 1881 lo pasó ya en cama. Falleció en paz el 15 de noviembre, tres años antes de que Pío VII restaurase la Compañía.

14 Noviembre:

San José Pignatelli. Confesor

Fuente: Archidiócesis de Madrid

 

 

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OFICIO DIVINO LAUDES (Oración de la mañana) Semana XXXII de Tiempo Ordinario IV semana MARTES DE LA SEMANA XXXII De la Feria. Salterio IV 14 de noviembre

 

OFICIO DIVINO

LAUDES
(Oración de la mañana)

Semana XXXII de Tiempo Ordinario

beata-juana-de-aza

IV semana

MARTES DE LA SEMANA XXXII
De la Feria. Salterio IV

14 de noviembre

OREMOS HOY: POR LAS INTENSIONES DEL PAPA FRANCISCO, Por Venezuela

Oremos Hoy Por la Cofradía del Rosario en la Parroquia Nuestra Señora el Carmen

Por Su Cumpleaños A

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.

Salmo 23

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

Se repite la antífona

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Se repite la antífona

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Se repite la antífona

Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.

Himno: ESTÁTE, SEÑOR, CONMIGO.

Estate. Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía,
donde tú vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía,
si tu vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida,
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la imortal que tú das,
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 Para tí es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

– Salmo 100 – PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO

Voy a cantar la bondad y la justicia, 
para ti es mi música, señor,
voy a explicar el camino perfecto. 
¿Cuándo vendrás a mí?

Andaré con rectitud de corazón 
dentro de mi casa;
no pondré mis ojos 
en intenciones viles.

Aborrezco al que obra mal, 
no se juntará conmigo; 
lejos de mí el corazón torcido, 
no aprobaré al malvado.

Al que en secreto difama a su prójimo 
lo haré callar, 
ojos engreídos, corazones arrogantes 
no los soportaré.

Pongo mis ojos en los que son leales, 
ellos vivirán conmigo;
el que sigue un camino perfecto, 
ése me servirá.

No habitará en mi casa 
quien comete fraudes; 
el que dice mentiras 
no durará en mi presencia.

Cada mañana haré callar 
a los hombres malvados,
para excluir de la ciudad del Señor 
a todos los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Para tí es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

Ant. 2 No nos desampares, Señor, para siempre.

Cántico: ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO Dn. 3, 26-27.29, 34-41

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza y glorioso es tu nombre.

Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros 
y todas tus obras son verdad, 
y rectos tus caminos, 
justos todos tus juicios.

Hemos pecado y cometido iniquidad 
apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre, 
no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza, 
no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abraham, tu amigo, 
por Isaac, tu siervo, 
por Israel, tu consagrado,
a quienes prometiste 
multiplicar su descendencia 
como las estrellas del cielo, 
como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño 
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra 
a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes, 
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios, 
ni ofrendas, ni incienso; 
ni un sitio donde ofrecerte primicias, 
para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito, 
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros 
o una multitud de corderos cebados;

que éste sea hoy nuestro sacrificio, 
y que sea agradable en tu presencia: 
porque los que en ti confía 
no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón, 
te respetamos y buscamos tu rostro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 No nos desampares, Señor, para siempre.

Ant. 3 Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

Salmo 143, 1-10 ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ

Bendito el señor, mi Roca, 
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo, 
mi escudo y mi refugio, 
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? 
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo; 
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende, 
toca los monte, y echarán humo, 
fulmina el rayo y dispérsalos, 
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba; 
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas, 
de las manos de los extranjeros, 
cuya boca dice falsedades, 
cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, 
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: 
para ti que das la victoria a los reyes, 
y salvas a David, tu siervo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

.

Ant. 3 Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

LECTURA BREVE Is 55,1

Oid, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar: vino y leche de balde.

SEGUNDA LECTURA

 

 

De la Homilía de un autor del siglo segundo
(Cap. 8, 1-9, 11: Funk 1, 152-156)

 

 

EL ARREPENTIMIENTO DE UN CORAZÓN SINCERO

Hagamos penitencia mientras vivimos en este mundo. Somos, en efecto, como el barro en manos del artífice. De la misma manera que el alfarero puede componer de nuevo la vasija que está modelando, si le queda deforme o se le rompe, cuando todavía está en sus manos, pero, en cambio, le resulta imposible modificar su forma cuando la ha puesto ya en el horno, así también nosotros, mientras estamos en este mundo, tenemos tiempo de hacer penitencia y debemos arrepentirnos con todo nuestro corazón de los pecados que hemos cometido mientras vivimos en nuestra carne mortal, a fin de ser salvados por el Señor.

Una vez que hayamos salido de este mundo, en la eternidad, ya no podremos confesar nuestras faltas ni hacer penitencia. Por ello, hermanos, cumplamos la voluntad del Padre, guardemos casto nuestro cuerpo, observemos los mandamientos de Dios, y así alcanzaremos la vida eterna. Dice, en efecto, el Señor en el Evangelio: Si no habéis sido fieles en lo poco, ¿quién os confiará lo mucho? Porque os aseguro que quien es fiel en lo poco es también fiel en lo mucho. Esto es lo mismo que decir: «Guardad puro vuestro cuerpo e incontaminado el sello de vuestro bautismo, para que seáis dignos de la vida eterna

Que ninguno de vosotros diga que nuestra carne no era juzgada ni resucitará; reconoced, por el contrario, que ha sido por medio de esta carne en la que vivís que habéis sido salvados y habéis recibido la visión. Por ello debemos mirar nuestro cuerpo como si se tratara de un templo de Dios. Pues de la misma manera que habéis sido llamados en esta carne, también en esta carne saldréis al encuentro del que os llamó. Si Cristo el Señor, el que nos ha salvado, siendo como era espíritu, quiso hacerse carne para podernos llamar, también nosotros por medio de nuestra carne recibiremos la recompensa.

Amémonos, pues, mutuamente a fin de que podamos llegar todos al reino de Dios. Mientras tenemos tiempo de recobrar la salud, pongámonos en manos de Dios, para que él, como nuestro médico, nos sane; y demos los honorarios debidos a este nuestro médico. ¿Qué honorarios? El arrepentimiento de un corazón sincero. Porque él conoce de antemano todas las cosas y penetra en el secreto de nuestro corazón. Tributémosle, pues, nuestras alabanzas no solamente con nuestros labios, sino también con todo nuestro corazón, a fin de que nos acoja como hijos. Pues el Señor dijo: Quien cumple la voluntad de mi Padre será mi hermano.

RESPONSORIO BREVE

V. Escucha mi voz, Señor, espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor, espero en tu palabra.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor, espero en tu palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de nuestro enemigos, líbranos, Señor.

Cántico de zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la mano de nuestro enemigos, líbranos, Señor.

PRECES.

Dios nos otorga el gozo de poder alabarlo en este comienzo del día, reavivando con ello nuestra esperanza, Invoquémosle, pues, diciendo:

 

Por el honor del tu nombre escúchanos, Señor.

Dios y Padre de nuestro Salvador Jesucristo,

 

te damos gracias porque, por mediación de tu Hijo, nos has dado el conocimiento y la inmortalidad.

Danos, Señor, un corazón humilde

 

para que vivamos sujetos unos a otros en el temor de Cristo.

Infunde tu Espíritu en nosotros tus siervos,

para que nuestro amor fraterno sea sin fingimiento.

Tú que has dispuesto que el hombre dominara el mundo con su esfuerzo,

 

haz que nuestro trabajo te glorifique y santifique a nuestros hermanos.

Se pueden añadir algunas [Intenciones] libres

Ya que Dios nos muestra siempre su amor de Padre, velando amorosamente por nosotros, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro ………….

ORACIÓN.

Aumenta, Señor, nuestra fe, para que esta alabanza que brota de nuestro corazón vaya siempre acompañada de frutos de vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.

Fuente: oficiodivino.com

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LUNES TRIGESIMOSEGUNDA SEMANA Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 1-6 Comentarios

LUNES TRIGESIMOSEGUNDA SEMANA

 

 

Año impar

La Sabiduría es un espíritu amigo de los hombres.
El espíritu del Señor llena la tierra

 

Principio del libro de la Sabiduría  1, 1-7

Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra,
piensen rectamente acerca del Señor
y búsquenlo con sencillez de corazón.
Porque él se deja encontrar por los que no lo tientan,
y se manifiesta a los que no desconfían de Él.
Los pensamientos tortuosos apartan de Dios,
y el Poder puesto a prueba, confunde a los insensatos.

La Sabiduría no entra en un alma que hace el mal
ni habita en un cuerpo sometido al pecado.
Porque el santo espíritu, el educador, huye de la falsedad,
se aparta de los razonamientos insensatos,
y se siente rechazado cuando sobreviene la injusticia.

La Sabiduría es un espíritu amigo de los hombres,
pero no dejará sin castigo las palabras del blasfemo,
porque Dios es el testigo de sus sentimientos,
el observador veraz de su corazón,
y escucha todo lo que dice su lengua.
Porque el espíritu del Señor llena la tierra,
y él, que mantiene unidas todas las cosas,
sabe todo lo que se dice.

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 138, 1-10

R.¡Llévame por el camino eterno, Señor!

Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares. R

.

Antes que la palabra esté en mi lengua,
tú, Señor, la conoces plenamente;
me rodeas por detrás y por delante
y tienes puesta tu mano sobre mí;
una ciencia tan admirable me sobrepasa:
es tan alta que no puedo alcanzarla. R.

¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?
¿A dónde huiré de tu presencia?

Si subo al cielo, allí estás tú;
si me tiendo en el Abismo, estás presenteR.

Si tomara las alas de la aurora
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano
y me sostendría tu derechaR.

ALELUYA     Flp 2, 15d. 16ª

Aleluya.
Brillen como rayos de luces en el mundo,
mostrando la Palabra de Vida.
Aleluya.

EVANGELIO

 

Si tu hermano vuelve siete veces al día diciendo:
«Me arrepiento», perdónalo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas  17, 1-6

Jesús dijo a sus discípulos:
«Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. Por lo tanto, ¡tengan cuidado!
Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo

Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
El respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería».

Palabra del Señor.

panoramacatolicoLeer el comentario del Evangelio por  Beato Carlos de Foucauld (1858-1916), ermitaño y misionero en el Sahara  Carta del 15/07/1916 (Obras espirituales, antología de textos, san Pablo 1998, p.228)

Perdónale

El amor consiste no en sentir que se ama, sino en querer amar: cuando se quiere amar, se ama; cuando se quiere amar por encima de todo, se ama por encima de todo. Si ocurre que se cae en una tentación, es que el amor es demasiado débil, no es que no haya amor : hay que llorar como san Pedro, arrepentirse como san Pedro, humillarse como él, como él decir también tres veces: “ Yo os amo, os amo, vos sabéis que a pesar de mis debilidades y pecados, os amo” (Jn 21,15s).

En cuanto al amor que Jesús nos tiene, nos lo ha probado suficientemente como para que creamos en él sin sentirlo: sentir que le amamos y que nos ama, sería el cielo; el cielo no es, salvo raros momentos y raras excepciones, para aquí abajo

.

Recordemos con frecuencia la doble historia de las gracias que Dios nos hizo personalmente desde nuestro nacimiento y el de nuestras infidelidades; encontraremos… allí el motivo para perdernos en una confianza ilimitada en su amor. Nos ama porque es bueno, no porque nosotros somos buenos; ¿Acaso las madres no aman a sus hijos descarriados? Así encontraremos cómo profundizar en la humildad y la desconfianza en nosotros mismos. Procuremos redimir un poco nuestros pecados por el amor al prójimo, por el bien hecho al prójimo. La caridad hacia el prójimo, los esfuerzos por hacer el bien a otros son un remedio excelente que hay que utilizar ante las tentaciones: es pasar de la simple defensa al contraataque.

LA GRACIA del Lunes 13 de Noviembre de 2017

Santos del 13 de noviembre

Beatos Kamen, Pavel, Josaphat –Kamen Vitchev, -Pavel Djidjov y Josaphat Chichkov  Presbíteros y Mártires,

En Sofía, ciudad de Bulgaria, beatos Kamen (Pedro) Vitchev, Pavel (Pablo, en el siglo José) Djidjov y Josaphat (en el siglo Roberto) Chichkov, presbíteros de la Congregación de los Agustininos de la Asunción, que bajo un régimen hostil a Dios, acusados falsamente y encarcelados por ser cristianos, merecieron recibir por su muerte el premio prometido a los discípulos de Cristo († 1952) Ver…Beatos Kamen, Pavel, Josaphat  Kamen Vitchev, Pavel Djidjov y Josaphat Chichkov https://beatajuanadeaza.wordpress.com/2017/11/13/beatos-kamen-pavel-josaphat-kamen-vitchev-pavel-djidjov-y-josaphat-chichkov/ vía @Beatajuamadeaza

Fuente: evangeliodeldia.org

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