Beato Pedro Jorge Frassati, O.P. Laico Terciario dominico Italia – 1901 – 1925

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Beato Pedro Jorge Frassati, O.P. Laico Terciario dominico (Italia – 1901 – 1925)

Beato Pedro Jorge Frassati, O.P. Laico Terciario dominico

Italia – 1901 – 1925

En Turín, ciudad de Italia, beato Pedro Jorge Frassati, joven militante en varias asociaciones de seglares católicos y gran deportista, que se entregó alegremente y con toda su energía a las obras de caridad en favor de pobres y enfermos, hasta que, afectado por una parálisis fulminante, descansó en el Señor.

“Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando…”
“Cada día comprendo mejor la gracia de ser católico. Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando… Incluso a través de cada desilusión tenemos que recordar que somos los únicos que poseemos la verdad”.

Quizá sean pocos los que se atrevan a escribir hoy día, con grandes letras, el párrafo anterior. Escribirlo no sólo con las palabras, sino, sobre todo, con la vida. Como lo hizo un joven decidido e intrépido que se llamaba Pier Giorgio Frassati.

Pier Giorgio había nacido el 6 de abril de 1901 de una rica familia de Turín. Su padre, Alfredo, era el fundador del periódico La Stampa, en el que se divulgaban ideas liberales, no ciertamente favorables a la Iglesia. Alfredo llegó a ser embajador de Italia ante Alemania, lo cual permitió a la familia el vivir y establecer amistades en el mundo alemán.
Pier Giorgio recibió en casa una educación correcta, pero sin una fe vivida. Al iniciar la adolescencia sintió una fuerte necesidad de zambullirse en el Evangelio, de ser un cristiano al cien por ciento. Por eso fue miembro de un gran número de asociaciones católicas: tenía un gran anhelo de conocer más su fe, de crecer en la vida de oración, de vivir en un sincero compromiso por los demás, sea en la asistencia social, sea en el enseñar y dar testimonio de sus convicciones cristianas.

Cuando llega a la Universidad, percibe un ambiente hostil contra todo lo que huela a católico. Pier Giorgio no duda en promover actividades espirituales entre los universitarios. A veces a riesgo de más de algún choque violento con grupos intolerantes (esos que presumían de “liberales”, de “libertadores comunistas”, o de “patriotas” en las filas del fascismo).

En el panel de anuncios de la universidad de Turín pone un día, entre las muchas hojas y folletos que hablan de fiestas y diversiones, un cartel para invitar a los estudiantes a la adoración nocturna. Los “anticlericales” deciden intervenir para arrancar la “provocación” de Pier Giorgio. Al llegar, se encuentran allí delante al joven, que defiende enérgicamente su derecho a expresar las propias convicciones. Al final el panel queda completamente destruido, y el anuncio de Pier Giorgio acaba hecho pedazos…

Además del trabajo con los jóvenes universitarios, Pier Giorgio quiere dedicarse a los más necesitados, a los pobres, a los enfermos. Encuentra también tiempo para acompañar a un sacerdote dominico que da catequesis a los niños de un barrio obrero para defenderle ante los insultos y agresiones de algunos comunistas amenazadores, y no pocas veces se llega a los golpes…

Cuando el fascismo llega a su apogeo, Pier Giorgio intuye el carácter anticatólico (y antihumano) de la nueva ideología, y no duda en enfrentarse con los nuevos enemigos. Se irrita especialmente cuando ve cómo algunos católicos muestran su simpatía hacia los fascistas. Su fama de enemigo del nuevo poder llega a ser conocida. Hasta tal punto, que un domingo, cuando Pier Giorgio come en casa con su madre, un escuadrón de fascistas entra para destrozarlo todo. Nuestro joven aparece en el vestíbulo de ingreso, arranca un bastón a uno de los agresores y, con el bastón en mano, pone en fuga a los fascistas.

A muchos impresiona ver al hijo de los Frassati por las calles con un carro con los bártulos de gente pobre que busca una casa, o mientras visita a los hijos de los obreros para darles catequesis. En su familia lo tienen por loco. Casi siempre llega tarde, muchas veces sin dinero. No duda en prescindir del tranvía para dar lo ahorrado a quien pueda necesitar una limosna.Es una vida apasionante: compromiso social, compromiso político, compromiso militante en numerosas organizaciones católicas, especialmente en los grupos de universitarios católicos y miembro muy activo de la Tercera Orden de Santo Domingo de Guzmán. Compromiso, como dijimos, entre los más necesitados.

Un día invita a uno de sus amigos a un mayor compromiso de caridad, a visitar y atender a los pobres. El amigo le dice que tiene miedo, que no se atreve a entrar en casas miserables, donde todo es suciedad, donde las enfermedades contagiosas dominan por doquier. Pier Giorgio le responde con sencillez y convicción: visitar a los pobres es ¡visitar a Jesús!

Entre los pobres la providencia tenía prevista la llegada de la hora definitiva. Un día de finales de junio de 1925, el peligro se hace realidad. Pier Giorgio contrae, después de una de sus visitas, una poliomielitis fulminante.

Empieza a sentir fuertes dolores de cabeza y pierde el apetito. En su casa, sin embargo, no le hacen mucho caso, pues apenas tiene 24 años y es un joven robusto. Además, la abuela se encuentra muy grave, y todos están volcados sobre ella.

Pier Giorgio siente cómo el mal va avanzando, sin que se le atienda debidamente. Sólo cuando ya se encuentra en una situación dramática, sus padres se dan cuenta y reaccionan. Demasiado tarde. Desesperados, piden un suero especial al instituto Pasteur de París, pero ya no queda nada por hacer.

Con la humildad y el desapego con el cual había vivido se enfrentaba ahora, en plena juventud, a la muerte. O, mejor, al encuentro con aquel Jesús que tanto había amado, por el cual había luchado en la universidad y en la calle, entre los pobres o entre jóvenes de clase media poco activos en su fe.

Por eso no resultó extraño su último gesto. Pidió a su hermana Luciana que tomase de su habitación una caja con inyecciones, y escribió encima de ella la dirección de la persona a la cual había que llevar la medicina.

La muerte llega el 4 de julio de 1925. Los funerales se tienen dos días después. Son una explosión de cariño y afecto hacia un joven que había vivido para los demás. Son también el momento en el cual los padres de Pier Giorgio descubren realmente quién era su hijo, cuánta gente lo quería, lo mucho que había hecho, sencillamente, sin aspavientos, en las largas horas que pasaba fuera de casa.

“Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando…”. La vida de Pier Giorgio fue, realmente, vida. Porque amó su fe, y porque su fe le llevó a amar y a servir a Jesús en sus hermanos.

Pier Giorgio Frassati fue declarado beato por Juan Pablo II el 20 de mayo de 1990. Sobre su personalidad, Benedicto XVI comentaba:

“Joven como vosotros, vivió con gran compromiso su formación cristiana y dio su testimonio de fe, sencillo y eficaz. Fue un muchacho fascinado por la belleza del Evangelio de las Bienaventuranzas, que experimentó toda la alegría de ser amigo de Cristo, de seguirle, de sentirse de manera viva parte de la Iglesia” (a los jóvenes, Turín 2 de mayo de 2010).

Dominico Seglar

¿Por qué se hizo dominico Pedro Jorge sin renunciar a su condición de laico?

La primera razón, por la que Pedro Jorge Frassati abrazó el carisma dominico, fue el amor a la verdad, a la verdad del Evangelio y al Evangelio de la verdad.

Carácter decidido, hombre coherente y consecuente con esta idea Fontal, varón de oración-comunión con Dios, tenía hambre de profundizar en toda la riqueza de la fe, en la que basaba toda su vida, fuente de su alegría, de su amistad y caridad cristianas, que le inundaban de paz. Estaba enamorado de la verdad de Dios en Cristo Jesús, y quería contagiarla.

Es el ideal que encontró plasmado en el lema que expresa el carisma dominicano: Contemplar a Dios (Jesucristo-Verdad) para dar a los demás los frutos de esta contemplación.

Su vocación dominicana no fue improvisada. La meditó durante más de tres años. El itinerario que le llevó a cristalizarla comenzó en 1918, al iniciar su carrera en el Politécnico. Hasta entonces había tenido pocos contactos con los dominicos. Pero, desde ese momento, empieza a frecuentar la iglesia y el convento de Santo Domingo de Turín. Era asesor religioso del centro «Cesare Balbo» del Politécnico, el padre dominico Filippo Robotti, el cual le habló de la posibilidad de pertenecer a la familia dominicana y compartir su carisma como dominico seglar. El padre le facilitó libros sobre la historia de la orden y sus figuras, que Frassati leía con avidez. Por último, le dejó la Regla de vida de los Dominicos Seglares, y el año 1922 se decidió a ser dominico seglar.

Después de un año de experiencia, en mayo de 1923 hizo su profesión en la Fraternidad Dominicana. Pedro Jorge estaba emocionado en aquel momento. Tenía la cara surcada de lágrimas. Un testigo presencial, el padre Mario Desiderio, constató:

«Me impresionó la compostura, seriedad y devoción de un joven alto, robusto, elegantemente vestido, que tomó el nombre de fray Jerónimo. Recuerdo, también, la alegría de aquel joven: le salía por los poros. Recuerdo el alboroto que se armó en la sacristía con los compañeros, terminada la ceremonia: parecía que se caían la sacristía, la iglesia, el convento».

El 31 de agosto de 1923, escribía Pedro Jorge, desde Pollone, a uno de los amigos íntimos, Antonio Villani:

«Carísimo: Estoy contentísimo de que quieras formar parte de la gran familia de Santo Domingo… Las obligaciones son pequeñas, de lo contrario podrías pensar que yo no podría pertenecer a una orden que exigiera demasiado… Espero que hagas la toma de hábito en el magnífico templo de Turín, y entonces estaré junto a ti, para darte el abrazo fraterno, porque tú, ligado ya a mí por los lazos de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, lo serás doblemente por tener en común conmigo a Santo Domingo como padre».

Las otras razones por las que se hizo dominico tienen nombre propio de dominicos italianos, en los que él veías encarnado el ideal de Santo Domingo. Primero, fray Jerónimo Savonarola, cuyo nombre adoptó al ingresar en la orden dominicana. Y luego, los dos gigantes de la santidad y de la sabiduría: Santo Tomás de Aquino y Santa Catalina de Siena. Pedro Jorge Jerónimo Frassati encontró en el carisma dominicano un camino seguro, alegre y ascendente para el seguimiento de Jesucristo, camino, verdad y vida.

En el aniversario de la muerte de Pier Giorgio, 4 de julio de 2007, Benedicto XVI evocó la figura y el testimonio ejemplar del joven dominico seglar, al final de la audiencia general, ante los jóvenes, enfermos y recién casados:

«Que su ejemplo os dé fuerzas, queridos jóvenes, para testimoniar el Evangelio en toda circunstancia. Que os ayude a vosotros, queridos enfermos, a ofrecer vuestros sufrimientos cotidianos para que se realice en el mundo la civilización del amor. Que os apoye a vosotros, queridos recién casados, a construir vuestra familia sobre la sólida base de la íntima unión con Dios».

Como se sabe, Pedro Jorge Frassati fue uno de los diez Patronos que tuvo la última Jornada Mundial de la Juventud en Sydney. Sus restos incorruptos fueron trasladados de la catedral de Turín a la de Sydeny, donde permanecieron expuestos en una de sus Capillas, dotada de video y abundante material fotográfico. Allí se produjo una peregrinación ininterrumpida de jóvenes de todo el mundo, a quienes se les invitaba a conocer e imitar su vida, según el testimonio del mismo Papa, Benedicto XVI, en una alocución en Castelgandolfo, en donde hacía balance de las Jornada Mundial de la Juventud (27 de agosto de 2008)

(Esta breve biografía se inspira en un trabajo de Antonio Sicari, Retratos de santos, vol. 2, Editorial Encuentro, Madrid 1996).

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Acerca de beatajuanadeaza

Somos laicos en diversas actividades pastorales, con el objetivo de seguir a Jesucristo al modo de Santo Domingo de Guzmán, Barinas - Venezuela
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