Beato Fray Dalmacio Moner, O.P. Religioso presbítero dominico España – 1291 – 1341

 Beato Dalmacio Moner, Sacerdote,24

Beato Fray Dalmacio Moner, O.P. Religioso presbítero dominico

España – 1291 – 1341

fecha: 24 de septiembre
fecha en el calendario anterior: 26 de septiembre
n.: 1291 – †: 1341 – país: España
canonización: Conf. Culto: Inocencio XIII 13 ago 1721
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Dalmacio Moner, BeatoMartirologio Romano: En Gerona, de Cataluña, en España, beato Dalmacio Moner, presbítero de la Orden de Predicadores, conocido por su amor a la soledad y al silencio (1341).

El beato Dalmacio Moner (san Dalmau Moner para los catalanes) nace el año 1289 en Santa Coloma de Farners, a unos 20 kms. de la ciudad de Girona. Sus padres eran de condición económica acomodada, como consta por su comparecencia en diversos juicios sobre conflictos de bienes, relatados en documentos de la época.

Cursó estudios elementales con los padres benedictinos, En Gerona, donde radicó en su adolescencia y juventud, aprendió las artes liberales; en esa época conoció a los padres dominicos, a quienes admiró por sus conocimientos.

Estudió lógica en Montpellier, profesó en 1314 en la Orden de los Predicadores, concluyó filosofía en Valencia y se doctoró en teología.

Fue docente en Castelló, Tarragona y Cervera. Se distinguió por la extrema obediencia a la Regla Dominica, su entrega a la oración, estudio y predicación; promovió vocaciones entre los jóvenes, además de ser consejero de prelados, reyes y catedráticos.

Contribuyó en la organización de nuevos conventos y formó centros de espiritualidad y apostolado. En vida, los frailes y el pueblo lo reconocían como santo; le llamaban “el fraile que habla con el ángel“, debido a su piedad y silencio; además, se le atestiguaron levitaciones y favores considerados milagrosos.

Fray Dalmacio practicó la austeridad también en el alimento, vestido y aposento. Durante su vida religiosa, no sólo fue solícito en el cumplimiento de los ayunos y abstinencias, prescritos por las Constituciones dominicanas, sino que renunció del todo a comer carne (salvo en caso de enfermedad) y procuraba alimentarse de verduras endurecidas -a veces de raíces- y de legumbres, cocidas y preferentemente frías. Cuando había de compartir la misma comida que los otros religiosos en el refectorio, evitaba los platos sabrosos o les echaba agua para quitarles el sabor. En cuanto a la vestimenta, usaba hábitos viejos y apedazados, aunque procuraba ir limpio.

Cuando le regalaban un hábito o una capa, pedía a otro religioso que la usase primero él hasta envejecerla por el uso. Su celda era pequeña y angosta, una de las destinadas a los novicios o jóvenes estudiantes. Oraba hasta altas horas de la noche y, cuando le vencía el sueño, se acostaba sobre un saco de sarmientos, a modo de colchón, y reposaba su cabeza sobre un saco rellenado de paja sin cortar, a modo de almohada.
En los cuatro últimos años de su vida vivió una vida de extrema austeridad. Empeñado en dedicar los últimos años de su vida a la contemplación y a la mortificación de su cuerpo, obtuvo del P. Maestro General de los dominicos en 1336 un permiso especial para ir a vivir y morir en la Cueva de Santa Magdalena, conocida aún hoy día como La Sainte Baume, situada cerca de Marsella y custodiada por los frailes dominicos franceses. Vivió allí unos meses, pero tuvo que volver a Girona por asuntos urgentes.

Entonces fue cuando empezó el cuatrienio más severo de su vida en Girona. Volvió a conseguir del P. Maestro General un permiso especial para vivir como anacoreta en una cueva angosta y húmeda excavada en una de las laderas de la amplia huerta del Convento de Santo Domingo. Allí pasó los cuatro últimos años de su vida dedicado a la oración, contemplación y penitencia, con la única obligación comunitaria de acudir al convento a las horas de las comidas y de los rezos en el coro.

El P. Diago resume su muerte con estas palabras: “Recibidos los Santos Sacramentos de la Iglesia, estando presentes los frailes más importantes de la Provincia que habían acudido a aquel convento para celebrar el capítulo y, rogando por él, murió dichosamente de edad de cincuenta años en aquella áspera cueva a 24 de septiembre del año de 1341.

portadapredicador (1)ENTREVISTA (ficticia) A FRAY DALMACIO MONER

Ha costado, pero lo hemos conseguido. Fray Pascual Notari ha viajado en el tiempo, hasta los principios del s.XIV, para entrevistar a uno de los dominicos más famosos de entonces, el beato Dalmacio Moner. Escuchemos qué nos quiere decir este gran contemplador y predicador de Girona.

Para muchos eres un desconocido. Preséntate tú mismo.

Entre mi gente me conocen como Dalmau Moner. Nací en Santa Coloma de Farners (Girona). Mi vida transcurre entre 1289 y 1341. En este sentido soy “medieval”. Pero, ante todo, soy fraile dominico, vuestro hermano. Así me gustaría que me conociesen.


¿Qué es lo que más recuerdas de tu juventud?

Que eran muy pocos los que entonces podían recibir una formación. He de considerarme afortunado porque pude ir a la ciudad de Girona a estudiar “Artes Liberales” (así se llamaban entonces): cursos de grado elemental y superior que, al final, te capacitaban para poder continuar en la universidad. Mi familia no disponía de recursos económicos suficientes, y para costearme los estudios daba clases particulares a gente más joven. Tuve un alumno que llegaría a ser un famoso jurisconsulto.


¿Cómo surgió tu vocación?

Estudiando en Girona conocí a los dominicos. Tenían allí un convento. Hice amistad con ellos. Era una comunidad de reciente fundación. Vivían intensamente el ambiente de oración, de vida fraterna, de verdadera amistad, de pobreza evangélica, de reflexión sobre la Palabra de Dios y de Predicación del Evangelio. A mí aquello me impactó. Fue el despertar vocacional. Pedí ingresar en la comunidad y allí hice la profesión religiosa.


¿Estuviste en otras comunidades dominicanas?

Por breves periodos de tiempo. Comencé los estudios de Teología en el convento de Girona, y los completé en el de Valencia, en el de Barcelona y en Montpellier. Enseñé algunos cursos de lógica en el convento de Tarragona y de Cervera. Fui también a consolidar comunidades dominicanas que empezaban, como la Manresa y la de Balaguer.


¿Siempre estudiando, enseñando o consolidando fundaciones?

Mi comunidad a la que siempre volvía y en la que me sentía más identificado era la de Girona. A mí lo que me atraía de la vocación dominicana era el Contemplar y dar a los demás lo contemplado, y esto fue lo que principalmente intenté vivir. Contemplar a través de la oración y de la reflexión asidua de la Palabra de Dios era una experiencia muy grata para mí. Me llenaba, me abría horizontes. Sin un trato con Dios y con su Palabra no podemos comunicar el mensaje del Evangelio, no podemos dar a los demás lo contemplado.


Decían que tenías una extraordinaria capacidad para acompañar y aconsejar a las personas.

La gente venía a verme, a hablar conmigo, a pedirme orientación; muchos acudían apurados por carencias materiales y espirituales de todo tipo. Yo intentaba, sobre todo, acoger, escuchar y ayudar a los que en aquella sociedad, e incluso en la misma Iglesia, se sentían completamente abandonados. En estos encuentros surgía la posibilidad de dar a conocer el mensaje de Jesús. Todos se llamaban “cristianos” pero la inmensa mayoría desconocía el Evangelio. Intentaba predicar también así.


El célebre historiador Francisco Diago dice de ti que eras un “pájaro solitario”.

Lo dice porque cuando iba con los frailes en misión de predicación procuraba buscar momentos de soledad para orar, reflexionar y meditar sobre los evangelios. También procuraba encontrar esos momentos estando en el convento, incluso pedí permiso al Maestro de la Orden para que, en sintonía con la vida comunitaria, pudiese tener un lugar de mayor retiro en el convento, y me lo concedió. He valorado también el silencio, ese ámbito interior de la persona que sólo Dios puede llenar.

¿Es cierto que fuiste tan austero y penitente?

Ese es un lenguaje muy propio de mis biógrafos. He querido libremente vivir con sencillez y pobreza, conforme al evangelio, al estilo de Santo Domingo. El afán de los bienes materiales hace que nos olvidemos de Dios y del prójimo necesitado, y es un obstáculo para la predicación del evangelio. En lo referente a las penitencias creo que exageran. No he rehusado las que me ha deparado la vida que, por otra parte, no tenían ni punto de comparación con las que tenía que soportar tantísima la gente en la edad media.


Te consideran santo y amigo de Dios.

Santo de verdad solamente es Dios, y hemos de vivir a su imagen y semejanza. Procuré seguir a Jesucristo al estilo de Santo Domingo y de los primeros apóstoles, con rectitud de corazón y mirada limpia. Siempre quise tener a Dios por amigo y amar sinceramente al prójimo, y esto quise vivirlo en autenticidad y en verdad.
Agradecemos a Fray Dalmacio Moner, nuestro hermano y santo dominico, que nos haya dedicado un poco de su tiempo para aportarnos estos rasgos de su vocación.

Su culto fue confirmado por Inocencio XIII de 13 de agosto de 1721. 

Fuente: ser.dominicos.org

Beato Dalmacio Moner, el fraile que habla con el ángel

Beato Dalmacio Moner, Sacerdote,2

 

Anuncios

Acerca de beatajuanadeaza

Somos laicos en diversas actividades pastorales, con el objetivo de seguir a Jesucristo al modo de Santo Domingo de Guzmán, Barinas - Venezuela
Esta entrada fue publicada en Evangelio de hoy y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s