OFICIO DIVINO Laudes sábado Memoria 13 de enero LAUDES (Oración de la mañana) San Hilario de Poitiers

OFICIO DIVINO

Laudes sábado
Memoria

13 de enero

LAUDES
(Oración de la mañana)

San Hilario de Poitiers

Resultado de imagen para San Hilario de PoitiersSan Hilario, obispo y doctor de la Iglesia, que fue elevado a la sede de Poitiers, en Aquitania (hoy Francia), en tiempo del emperador Constancio, quien había abrazado la herejía arriana, y luchó denodadamente en favor de la fe nicena acerca de la Trinidad y de la divinidad de Cristo, siendo desterrado, por esta razón, durante cuatro años a Frigia. Compuso unos comentarios muy célebres sobre los Salmos y sobre el evangelio de san Mateo (367).

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant Del Señor es la tierra y cuanto la llena, venid adorémosle. 

INVITATORIO

–Salmo 66–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Se repite la antífona

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

Que canten de alegría las naciones,
porque riges al mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Se repite la antífona

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga, que le teman
hasta los confines del orbe.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

 Ant Del Señor es la tierra y cuanto la llena, venid adorémosle. 

Himno: EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU.

En el nobre del Padre, del Hijo, y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora,
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.

Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra,
tú pronuncias el mar como sentencia.

Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.

Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas,
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.

¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.

SALMODIA

Ant 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Salmo 118, 145-152 TE INVOCO DE TODO CORAZÓN

Te invoco de todo corazón;
respóndeme Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa; escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

Ant 2. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cántico: HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR ROJO Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado al mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es “El Señor”.

Los carros del faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: “Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.”

Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿ Quién como tú, terrible entre los santos,
temibles por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
lo llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

Ant 3. Alabad al Señor, todas las naciones.

Salmo 116 – INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA.

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamadlo, todos los pueblos:

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor, todas las naciones.

LECTURA BREVE  2Pe 1,10-11

Hermanos, poned más empeño todavía en consolidar vuestra vocación y elección. Si hacéis así, nunca jamás tropezaréis; de este modo se os consederá generosamente la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 

Resultado de imagen para san Clemente primero, papSEGUNDA LECTURA

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
(Cap. 31-33: Funk 1, 99-103)

POR LA FE DIOS JUSTIFICÓ A TODOS DESDE EL PRINCIPIO

Procuremos hacernos dignos de la bendición divina y veamos cuáles son los caminos que nos conducen a ella. Consideremos aquellas cosas que sucedieron en el principio. ¿Cómo obtuvo nuestro padre Abraham la bendición? ¿No fue acaso porque practicó la justicia y la verdad por medio de la fe? Isaac, sabiendo lo que le esperaba, se ofreció confiada y voluntariamente al sacrificio. Jacob, en el tiempo de su desgracia, marchó de su tierra, a causa de su hermano, y llegó a casa de Labán, poniéndose a su servicio; y se le dio el cetro de las doce tribus de Israel.

El que considere con cuidado cada uno de estos casos comprenderá la magnitud de los dones concedidos por Dios. De Jacob, en efecto, descienden todos los sacerdotes y levitas que servían en el altar de Dios; de él desciende Jesús, según la carne; de él, a través de la tribu de Judá, descienden reyes, príncipes y jefes. Y en cuanto a las demás tribus de él procedentes, no es poco su honor, ya que el Señor había prometido: Multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo. Vemos, pues, cómo todos éstos alcanzaron gloria y grandeza no por sí mismos ni por sus obras ni por sus buenas acciones, sino por el beneplácito divino. También nosotros, llamados por su beneplácito en Cristo Jesús, somos justificados no por nosotros mismos ni por nuestra sabiduría o inteligencia ni por nuestra piedad ni por las obras que hayamos practicado con santidad de corazón, sino por la fe, por la cual Dios todopoderoso justificó a todos desde el principio; a él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

¿Qué haremos, pues, hermanos? ¿Cesaremos en nuestras buenas obras y dejaremos de lado la caridad? No permita Dios tal cosa en nosotros, antes bien, con diligencia y fervor de espíritu, apresurémonos a practicar toda clase de obras buenas. El mismo Hacedor y Señor de todas las cosas se alegra por sus obras. El, en efecto, con su máximo y supremo poder, estableció los cielos y los embelleció con su sabiduría inconmensurable; él fue también quien separó la tierra firme del agua que la cubría por completo, y la afianzó sobre el cimiento inamovible de su propia voluntad; él, con sólo una orden de su voluntad, dio el ser a los animales que pueblan la tierra; él también, con su poder, encerró en el mar a los animales que en él habitan, después de haber hecho uno y otros.

Además de todo esto, con sus manos sagradas y puras, plasmó al más excelente de todos los seres vivos y al más elevado por la dignidad de su inteligencia, el hombre, en el que dejó la impronta de su imagen. Así, en efecto, dice Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.» Y creó Dios al hombre; hombre y mujer los creó. Y, habiendo concluido todas sus obras, las halló buenas y las bendijo diciendo: Creced y multiplicaos. Démonos cuenta, por tanto, de que todos los justos estuvieron colmados de buenas obras, y de que el mismo Señor se complació en sus obras. Teniendo semejante modelo, entreguémonos con diligencia al cumplimiento de su voluntad, pongamos todo nuestro esfuerzo en practicar el bien.

RESPONSORIO BREVE

V. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.
R. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

V. Mi heredad en el país de la vida.
R. Tú eres mi refugio.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte.

PRECES

Bendigamos a Cristo que para ser ante Dios el pontífice misericordioso y fiel de los hombres se hizo en todo semejante a nosotros, y supliquémosle diciendo:

Muéstranos, Señor, los tesoros de tu amor.

Señor, sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo,

te consagramos este nuevo día.

Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada,

y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra,

encamina hoy nuestros pasos para que obremos también como ella según tu voluntad.

Haz que mientras vivimos aún en este mundo que pasa anhelemos la vida eterna,

y por la fe, la esperanza y el amor vivamos ya contigo en tu reino

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Con la misma confianza que tiene los hijos con su padre, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:

Padre nuestro…

ORACIÓN

Te pedimos, Señor, que la claridad de la resurrección de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra vida; que no temamos ante la oscuridad de la muerte y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

FUENTE: oficiodivino.com

 

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OFICIO DIVINO TIEMPO ORDINARIO VIERNES DE LA SEMANA I De la Feria. Salterio I  12 de enero

 

OFICIO DIVINO

TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA I
De la Feria. Salterio I 

12 de enero

Santa Margarita Bourgeoys 

En Montreal, en la provincia de Quebec, en Canadá, santa Margarita Bourgeoys, virgen, que prestó gran ayuda a los colonos y a los soldados, y trabajó para asegurar la formación cristiana de las jóvenes, fundando para ello la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora (1700).

 

INVOCACIÓN INICIAL


V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO


Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

 

INVITATORIO

–Salmo 23–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

Se repite la antífona

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Se repite la antífona

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Se repite la antífona

Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.


Himno: 
EDIFICASTE UNA TORRE

Edificaste una torre
para tu huerta florida;
un lagar para tu vino
y, para el vino, una viña.

Y la viña no dió uvas,
ni el lagar buena bebida:
sólo racimos amargos
y zumos de amarga tinta.

Edificaste una torre, 
Señor, para tu guarida;
un huerto de dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un blanco silencio de horas
y un verde beso de brisas

Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo de arcilla,
esta sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu herida
te dieron frutos amargos, 
amargas uvas y espinas.

¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu silencio y grita! 
Que mi lagar enrojezca 
cuando tu planta lo pisa,
y que tu mesa se endulce
con el vino de tu viña. Amén.


SALMODIA


Ant 1. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.


Salmo 50 
– CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO

Misericordia, Dios mío por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa; 
lava del todo mi delito, 
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, 
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé, 
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón, 
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací, 
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero, 
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame : quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría, 
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro, 
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, 
afiánzame con espíritu generoso: 
enseñaré a los malvados tus caminos, 
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre ¡oh Dios, 
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios, 
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado 
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión 
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales, 
ofrendas y holocaustos, 
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.

 


Ant 2. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

Cántico: QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR. Is 45, 15-25

Es verdad: tú eres un Dios escondido, 
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el señor salva a 
Israel con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen 
nunca jamás.

Así dice el Señor, creador del cielo 
– él es Dios -,
él modeló la tierra, 
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía, 
sino que la formó habitable:
Yo soy el Señor y no hay otro

No te hablé a escondidas, 
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
Buscadme en el vacío.”

Yo soy el Señor que pronuncia sentencia 
y declara lo que es justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos, 
supervivientes de las naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera,
y rezan a un dios que no puede salvar.

Declarad, aducid pruebas, 
que deliberen juntos:
¿Quién anunció esto desde antiguo, 
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo, el Señor? 
– No hay otro Dios fuera de mí –

Yo soy un Dios justo y salvador, 
y no hay ninguno más.

Volveos hacia mí para salvaros, 
confines de la tierra,
pues yo soy Dios y no hay otro.

Yo juro por mi nombre, 
de mi boca sale una sentencia,
una palabra irrevocable:
Ante mí se doblara toda rodilla, 
por mí jurará toda lengua,” 
dirán: “Solo el Señor 
tiene la justicia y el poder.

A Él vendrán avergonzados 
los que se enardecían contra él,
con el Señor triunfará y se gloriara 
la estirpe de Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.


Ant 3. Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.


Salmo 99 
– ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO.

Aclama al Señor, tierra entera, 
servid al Señor con alegría, 
entrad en su presencia con aclamaciones.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos, 
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos, 
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

El Señor es bueno. 
Su misericordia es eterna, 
su fidelidad por todas las edades.”

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.


LECTURA BREVE  
Ef 4,29-32

No salga de vuestra boca palabra desedificante, sino la que sirva para la necesaria edificación, comunicando la gracia a los oyentes. Y no provoquéis más al Santo Espíritu de Dios, con el cual fuisteis marcados para el día de la redención. Desterrad de entre
vosotros todo exacerbamiento, animosidad, ira, pendencia, insulto y toda clase de maldad. Sed por el contrario, bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos mutuamente como también Dios os ha perdonado en Cristo.

 

SEGUNDA LECTURA

 

 

De la Disertación de san Atanasio, obispo, Contra los gentiles (Núms. 42-43: PG 25, 83-87)

 

 

TODO, POR EL VERBO, COMPONE UNA ARMONÍA VERDADERAMENTE DIVINA



Ninguna cosa de las que existen o son hechas empezó a ser sino en el Verbo y por el Verbo, como nos enseña el evangelista teólogo, cuando dice: Ya al comienzo de las cosas existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Por él empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por él. Así como el músico, con la lira bien templada, ejecuta una armonía, combinando con los recursos del arte los sonidos graves con los agudos y los intermedios, así también la Sabiduría de Dios, teniendo en sus manos el universo como una lira, une las cosas de la atmósfera con las de la tierra, y las del cielo con las de la atmósfera, y las asocia todas unas con otras, gobernándolas con su voluntad y beneplácito. De este modo produce un mundo unificado, hermosa y armoniosamente ordenado, sin que por ello el Verbo de Dios deje de permanecer inmutable junto al Padre, mientras pone en movimiento todas las cosas, según le place al Padre, con la invariabilidad de su naturaleza. Todo, en definitiva, vive y se mantiene, por donación suya, según su propio ser y, por él, compone una armonía admirable y verdaderamente divina.

Tratemos de explicar esta verdad tan profunda por medio de una imagen: pongamos el ejemplo de un coro numeroso. En un coro compuesto de variedad de personas, de niños, mujeres, hombres maduros y adolescentes, cada uno, bajo la batuta del director, canta según su naturaleza y sus facultades: el hombre con voz de hombre, el niño con voz de niño, la mujer con voz de mujer, el adolescente con voz de adolescente, y sin embargo de todo el conjunto resulta una armonía. Otro ejemplo: nuestra alma pone simultáneamente en movimiento todos nuestros sentidos, cada uno según su actividad específica, y así, en presencia de algún estímulo exterior, todos a la vez se ponen en movimiento: el ojo ve, el oído oye, la mano toca, el olfato huele, el gusto gusta, y también sucede con frecuencia que actúan los demás miembros corporales, por ejemplo, los pies se ponen a andar. De manera semejante acontece en la creación en general. Ciertamente, los ejemplos aducidos no alcanzan a dar una idea adecuada de la realidad, y por esto es necesaria una más profunda comprensión de la verdad que quieren ilustrar.

Es decir, que todas las cosas son gobernadas a un solo mandato del Verbo de Dios, de manera que, ejerciendo cada ser su propia actividad, del conjunto resulta un orden perfecto.

RESPONSORIO BREVE


V. En la mañana hazme escuchar tu gracia.
R. En la mañana hazme escuchar tu gracia.

V. Indícame el camino que he de seguir.
R. Hazme escuchar tu gracia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la mañana hazme escuchar tu gracia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.


Cántico de Zacarías. 
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.


PRECES


Adoremos a Cristo, que salvó al mundo con su cruz, y supliquémosle diciendo:

Señor, ten misericordia de nosotros.

Señor Jesucristo, cuya claridad es nuestro sol y nuestro día,

haz que, desde el amanecer, desaparezca de nosotros todo sentimiento malo.

Vela, Señor, sobre nuestros pensamientos, palabras y obras,


a fin de que nuestro día sea agradable ante tus ojos.

Aparta de nuestros pecados tu vista,

y borra en nosotros toda culpa.

Por tu cruz y tu resurrección,

llénanos del gozo del Espíritu Santo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Dios misericordioso, que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de tu palabra: acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado; que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y de la caridad que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN


V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

 

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Jueves de la primera semana del tiempo ordinario Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,40-45 Comentarios y Reflexión

Israel fue derrotado y el arca de Dios capturada

Primera lecturaResultado de imagen para libro de Samuel  4, 1b-11

Lectura del primer libro de Samuel  4, 1b-11

 

En aquellos días, se reunieron los filisteos para atacar a Israel. Los israelitas salieron a enfrentarse con ellos y acamparon junto a Piedrayuda, mientras que los filisteos acampaban en El Cerco. Los filisteos formaron en orden de batalla frente a Israel. Entablada la lucha, Israel fue derrotado por los filisteos; de sus filas murieron en el campo unos cuatro mil hombres.
La tropa volvió al campamento, y los ancianos de Israel deliberaron: «¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos? Vamos a Siló, a traer el arca de la alianza del Señor, para que esté entre nosotros y nos salve del poder enemigo.»
Mandaron gente a Siló, a por el arca de la alianza del Señor de los ejércitos, entronizado sobre querubines. Los dos hijos de Elí, Jofní y Fineés, fueron con el arca de la alianza de Dios. Cuando el arca de la alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel lanzó a pleno pulmón el alarido de guerra, y la tierra retembló.
Al oír los filisteos el estruendo del alarido, se preguntaron: «¿Qué significa ese alarido que retumba en el campamento hebreo?»
Entonces se enteraron de que el arca del Señor había llegado al campamento y, muertos de miedo, decían:
«¡Ha llegado su Dios al campamento! ¡Ay de nosotros! Es la primera vez que nos pasa esto. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos, los dioses que hirieron a Egipto con toda clase de calamidades y epidemias? ¡Valor, filisteos! Sed hombres, y no seréis esclavos de los hebreos, como lo han sido ellos de nosotros. ¡Sed hombres, y al ataque!»
Los filisteos se lanzaron a la lucha y derrotaron a los israelitas, que huyeron a la desbandada. Fue una derrota tremenda: cayeron treinta mil de la infantería israelita. El arca de Dios fue capturada, y los dos hijos de Elí, Jofní y Fineés, murieron.

Salmo

Sal 43,10-11.14-15.24-25

R/. Redímenos, Señor, por tu misericordia

Ahora nos rechazas y nos avergúenzas,
y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y nuestro adversario nos saquea. R/.

Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen muecas las naciones. R/.

Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión? R/.

 

ALELUYA     Cf. Mt 4, 23

Aleluya.
Jesús proclamaba la Buena Noticia del Reino
y curaba todas las dolencias de la gente.
Aleluya.

La lepra desapareció y quedó purificado

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Leer el comentario del Evangelio por  San Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita descalzo, doctor de la Iglesia La Llama de amor viva (B); 2,16-17

“Jesús extendió su mano y lo tocó.”

 

    Más tú, oh divina vida, nunca matas sino para dar vida, así como nunca llagas sino para sanar. Cuando castigas, levemente tocas, y eso basta para consumir el mundo; pero cuando regalas, muy de propósito asientas, y así, del regalo de tu dulzura no hay número. Llagásteme para sanarme, oh divina mano, u mataste en mí lo que me tenía muerta sin la vida de Dios en que ahora me veo vivir. Y esto hiciste tú con la liberalidad de tu generosa gracia, de que usaste conmigo con el toque que me tocaste del resplandor de tu gloria y figura de su sustancia, (cf Hb 1,3) que es tu Unigénito Hijo, en el cual, siendo él tu sabiduría, tocas fuertemente desde un fin hasta otra fin (cf Sb 8,1);  este Unigénito Hijo tuyo, oh, mano misericordiosa del Padre, es el toque delicado con que me tocaste en la fuerza de tu cauterio y me llagaste.

    Oh, pues, tú, toque delicado, Verbo Hijo de Dios, que por la delicadez de tu ser divino penetras sutilmente la sustancia de mi alma, y, tocándola delicadamente, en ti la absorbes toda en divinos modos de deleites y suavidades nunca oídas en la tierra de Canaán, ni vistas en Temán” (cf Ba 3,22) Oh, pues, mucho y en grande manera mucho delicado toque del Verbo, para mí tanto más, cuanto, habiendo trastornado los montes y quebrantado las piedras en el monte Orbe con la sombra de tu poder y fuerza que iba delante, te diste más suave y fuertemente a sentir al profeta en silbo de aire delgado (cf 1R 19,12) Oh aire delgado y delicado, di, ¿cómo tocas delgada y delicadamente, Verbo, Hijo de Dios, siendo tan terrible y poderoso? Oh, dichosa y mucho dichosa el alma a quien tocares delgada y delicadamente, (…) “los escondes (…) en el escondrijo de tu rostro, que es el Verbo, de la conturbación de los hombres (Sl 30,21).

LA GRACIA del Jueves 11 de Enero de 2018

Reflexión del Evangelio de hoy

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Fue una derrota tremenda

Tenemos que confesarlo limpiamente, a los seguidores de Jesús, el que no ha mandado amarnos unos a otros incluso a los enemigos, nos resultan extraños los relatos del AT, como el de la primera lectura de hoy, donde las protagonistas son las guerras del pueblo de Israel con los filisteos y donde quieren involucrar a Yahvé en esas batallas. Los israelitas no se podían creer que los filisteos le infligiesen una “derrota tremenda”, después de haber contado incluso con la presencia del Arca de la Alianza del Señor con ellos.

Algunas lecciones podemos sacar de esta primera lectura. Tener a Dios de nuestra parte no significa que todo nos va a salir bien. En el juego de la vida humana hay otras muchas libertades distintas a las de Dios y a las que Dios respeta, aunque vayan en contra de su voluntad. El ejemplo más claro lo tenemos en la muerte de su Hijo Jesús. La unión con el Padre era total. El Padre Dios estaba a favor de su Hijo, pero permitió que las fuerzas del mal, “el poder de las tinieblas”, derrotasen a Jesús muriendo injustamente en una cruz. Aunque el Padre siguió con él y no dejó que el mal venciese para siempre al bien, el odio al amor, y le resucitó al tercer día.

Igual nos puede pasar a nosotros. Nosotros queremos seguir a Jesús, hacer su voluntad, sabiendo que no nos va a dejar solos, pero eso no garantiza que todo nos va a salir bien. Las fuerzas del mal nos pueden vencer. Lo que Jesús nos asegura es que en todo momento, en todas nuestras peripecias vitales, él nos va a acompañar, va a estar con nosotros. También en nuestras derrotas. Pero Jesús también nos ha prometido que llegará un día en  que las fuerzas del mal serán vencidas para siempre y nos resucitará a una vida de total felicidad y para toda una eternidad.

Quiero, queda limpio

Entrañable la escena del evangelio de hoy. Con su comportamiento, Jesús había provocado una imagen como la que alberga el leproso en su corazón. El leproso está seguro de dos cosas: que Jesús tiene poder para curarlo y que le va a curar porque tiene entrañas de misericordia y ha venido a aliviar nuestros males humanos. Le pide a Jesús que lo cure de esa manera tan sentida: “Si quieres, puedes limpiarme”. Ante esta petición, Jesús no se resiste: “Quiero, queda limpio”. Sabiendo además que el leproso estaba obligado a vivir apartado de sus vecinos. La lepra era una enfermedad espantosa. Pero Jesús se salta esta norma establecida y no solamente le cura sino que le cura tocándole su cuerpo leproso. Jesús pide al leproso que no divulgue su curación, ya que lo único que pretendió fue curarle y no hacer publicidad de sí mismo.  

Santos del día 11 de enero

 

Beato Gonzalo de Amarante,Beato Gonzalo de Amarante

Presbìtero Dominico

En Amarante, lugar de Portugal, beato Gonzalo, presbítero de Braga, quien, después de una larga peregrinación por Tierra Santa, ingresó en la Orden de Predicadores, retirándose a una ermita, ayudó a construir un puente y trabajó en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación. ver…Beato Gonzalo de Amarante, Presbìtero Dominicohttps://beatajuanadeaza.wordpress.com

Fuente:: evangeliodeldia.org

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OFICIO DIVINO JUEVES DE LA SEMANA I De la Feria. Salterio I 11 de enero Beato Gonzalo de Amarante

OFICIO DIVINO

JUEVES DE LA SEMANA I
De la Feria. Salterio I

11 de enero

Beato Gonzalo de AmaranteBeato Gonzalo de Amarante

Hijo de una familia noble de Portugal, se hizo sacerdote de la diócesis de Braga pero tras una peregrinación a Tierra Santa ingresó en la Orden de Predicadores y se retiró a Amarante donde llevó una vida de oración, de predicación y milagros, atendiendo las necesidades del pueblo. Murió en Amarante en 1259

LAUDES
(Oración de la mañana)


INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza


INVITATORIO


Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

–Salmo 23–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

Se repite la antífona

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Se repite la antífona

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Se repite la antífona

Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

Himno: CRECE LA LUZ BAJO TU HERMOSA MANO.

Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo primogénito.

Él hizo amanecer ante tus ojos
y enalteció la aurora,
cuando aún no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarle.

Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es quien nos reanima y fortalece,
y hace posible el himno
que, ante las maravillas de tus manos,
cantamos jubilosos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en la claridad de la mañana,
el signo de tu rostro.

Envía, Padre eterno, sobre el mundo
el soplo de tu Hijo,
potencia de tu diestra y primogénito
de todos los que mueren. Amén.

 

SALMODIA

Ant 1. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Salmo 56  ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO.

Misericordia, Dios mío, misericordia, 
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a las sombras de tus alas 
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios Altísimo, 
al Dios que hace tanto por mí: 
desde el cielo me enviará la salvación, 
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones 
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas, 
su lengua es una espada afilada:

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos 
para que sucumbiera; 
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío, 
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar: 
despierta, gloria mía; 
Despertad, cítara y arpa; 
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor; 
tocaré para ti ante las naciones: 
por tu bondad, que es más grande que los cielos; 
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío, 
y llene la tierra tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.


Ant 2. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Cántico: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO Jr 31, 10-14

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas: 
el que dispersó a Israel lo reunirá, 
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob, 
lo rescato de una mano más fuerte.”

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, 
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
a los rebaños de ovejas y de vacas; 
su alma será como un huerto regado, 
y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozará los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo, 
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes 
con manjares sustanciosos, 
y mi pueblo se saciará de mis bienes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

 

Ant 3. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Salmo 47HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN.

Grande es el Señor y muy digno de alabanza 
en la ciudad de nuestro Dios, 
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios, 
Dios descuella como un alcázar.

Mirad : los reyes se aliaron 
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados 
y huyeron despavoridos;

allí los agarró un temblor 
y dolores como de partos;
como un viento del desierto, 
que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto 
en la ciudad de Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios: 
que Dios la ha fundado para siempre.

¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia 
en medio de tu templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza 
llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena e justicia:
el monte Sión se alegra, 
las ciudades de Judá se gozan 
con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión, 
contando sus torreones;
fijaos baluartes, 
observad sus palacios,

para poder decirles a la próxima generación:
Este es el Señor, nuestro Dios.”
Él nos guiará por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

LECTURA BREVE  Is 66,1-2


Así dice el Señor: “El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme?;¿o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío –oráculo del Señor–. En ese pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.”

 

SEGUNDA LECTURA

 

 

De la Disertación de san Atanasio, obispo, Contra los gentiles
(Núms. 40-42: PG 25, 79-83)

 

 

EL VERBO DEL PADRE EMBELLECE, ORDENA Y CONTIENE TODAS LAS COSAS


El Padre de Cristo, santísimo e inmensamente superior a todo lo creado, como óptimo gobernante, con su propia sabiduría y su propio Verbo, Cristo, nuestro Señor y salvador, lo gobierna, dispone y ejecuta siempre todo de modo conveniente, según a él le parece adecuado. Nadie ciertamente negará el orden que observamos en la creación y en su desarrollo, ya que es Dios quien así lo ha querido. Pues, si el mundo y todo lo creado se movieran al azar y sin orden, no habría motivo alguno para creer en lo que hemos dicho. Mas si, por el contrario, el mundo ha sido creado y embellecido con orden, sabiduría y conocimiento, hay que admitir necesariamente que su creador y embellecedor no es otro que el Verbo de Dios.

Me refiero al Verbo que por naturaleza es Dios, que procede del Dios bueno, del Dios de todas las cosas, vivo y eficiente; al Verbo que es distinto de todas las cosas creadas, y que es el Verbo propio y único del Padre bueno; al Verbo cuya providencia ilumina todo el mundo presente, por él creado. El, que es el Verbo bueno del Padre bueno, dispuso con orden todas las cosas, uniendo armónicamente lo que era entre sí contrario. Él, el Dios único y unigénito, cuya bondad esencial y personal procede de la bondad fontal del Padre, embellece, ordena y contiene todas las cosas.

Aquel, por tanto, que por su Verbo eterno lo hizo todo y dio el ser a las cosas creadas no quiso que se movieran y actuaran por sí mismas, no fuera a ser que volvieran a la nada, sino que, por su bondad, gobierna y sustenta toda la naturaleza por su Verbo, el cual es también Dios, para que, iluminada con el gobierno, providencia y dirección del Verbo, permanezca firme y estable, en cuanto que participa de la verdadera existencia del Verbo del Padre y es secundada por él en su existencia, ya que cesaría en la misma si no fuera conservada por el Verbo, el cual es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura; por él y en él se mantiene todo, lo visible y lo invisible, y él es la cabeza de la Iglesia, como nos lo enseñan los ministros de la verdad en las sagradas Escrituras.

Este Verbo del Padre, omnipotente y santísimo, lo penetra todo y despliega en todas partes su virtualidad, iluminando así lo visible y lo invisible; mantiene él unidas en sí mismo todas las cosas y a todas las incluye en sí, de tal manera que nada queda privado de la influencia de su acción, sino que a todas las cosas y a través de ellas, a cada una en particular y a todas en general, es él quien les otorga y conserva la vida.

RESPONSORIO BREVE

V. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.
R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

V. Guardaré tus leyes.
R. Respóndeme, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.


CÁNTICO EVANGÉLICO


Ant. Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR  Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.


PRECES

Demos gracias a Cristo que nos ha dado la luz del día y supliquémosle diciendo:

Bendícenos y santifícanos, Señor.

Tú que te entregaste como víctima por nuestros pecados,

acepta los deseos y las acciones de este día.

Tú que nos alegras con la claridad del nuevo día,

sé tú mismo el lucero brillante de nuestros corazones.

Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos rodean

para que logremos así ser imágenes de tu bondad.

En la mañana haznos escuchar tu gracia

y que tu gozo sea hoy nuestra fortaleza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Fieles a la recomendación del salvador, digamos llenos de confianza filial:

Padre nuestro…


ORACION

Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudamos a ti, al empezar el día, a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Que vive y reina contigo.


CONCLUSIÓN


V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Fuente: oficiodivino.com

 

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Beato Gonzalo de Amarante, Presbìtero Dominico

Beato Gonzalo de Amarante,Beato Gonzalo de Amarante

Presbìtero Dominico

Elogio: En Amarante, lugar de Portugal, beato Gonzalo, presbítero de Braga, quien, después de una larga peregrinación por Tierra Santa, ingresó en la Orden de Predicadores, retirándose a una ermita, ayudó a construir un puente y trabajó en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación.

Nació en Tagilde (Portugal), en el año 1187 en el seno de una familia noble, siendo instruido desde pequeño por un sacerdote que destacaba por su piedad. Cuando tuvo la edad apropiada, el arzobispo de Braga lo ordenó de sacerdote asignándole una importante asignación económica a la que él renunció. Durante catorce años estuvo de peregrinación por Tierra Santa, Constantinopla, Roma y otros lugares y de vueltas a Portugal, decidió llevar una vida de ermitaño en Amarante.

Era muy devoto de la Santísima Virgen y después de haber tenido una aparición suya, decidió vestir el hábito de la Orden de Predicadores en Guimaraes. Después de haber ejercido durante algún tiempo el apostolado de la predicación, obtuvo permiso de sus superiores para retirarse nuevamente a Amarante y dedicarse de nuevo a llevar vida de ermitaño y a socorrer a cuantos a él acudían. Se le atribuye la construcción de un puente sobre el río Tamega. Con respecto a la construcción de este puente hay una leyenda que dice que estando el santo buscando dinero para la construcción del mismo, acudió a un rico solicitándole algunas monedas. El rico escribió una nota en un papel y le dijo al santo que se la llevara a su esposa que estaba despachando en una tienda, quién al leerla se echó a reír, ya que la nota decía: “Pon esta nota en un platillo de la balanza y dale tantas monedas como sea necesario para equilibrar la balanza”. Puso el papel en un platillo y empezó a echar monedas en el otro, asombrándose de que el platillo se desbordaba sin que la balanza se equilibrara. Fue el santo el que dijo basta”, cogió las monedas, las echó en una bolsa y se fue. Otra anécdota que se cuenta es que cuarenta años después de la muerte del santo, ante unas lluvias torrenciales, el agua del río comenzó a subir peligrosamente y un árbol que era arrastrado por la corriente, quedó cogido en el puente estando a punto de romperlo. El santo se apareció, quitó el árbol y las aguas volvieron a su cauce.

 Profetizó el día de su muerte, que fue el 10 de enero del 1259 después de habérsele aparecido de nuevo la Santísima Virgen. Desde un primer momento su sepulcro fue muy venerado y el propio rey Juan III, construyó sobre el mismo el actual convento dominico de Amarante.  Su culto fue aprobado para Portugal por parte del Papa Julio III. Posteriormente, el Papa Paulo IV, en el 1560, le concedió un oficio litúrgico propio. Esta fiesta del 10 de enero y este oficio, fue extendido a toda la Orden de Santo Domingo por el Papa Clemente X. Sobre su iconografía, solo puedo decirte que se le representa vestido con el hábito de la Orden de Predicadores, con un bastón de peregrino en una mano y con unos peces en la otra, su culto fue aprobado en 1560 y su cuerpo se venera en una iglesia a él dedicada. Su culto fue concedido a toda la Orden el 10 de julio de 1671 y su cuerpo se venera en una iglesia a él dedicada. Su culto fue concedido a toda la Orden el 10 de julio de 1671.

Fuente:: preguntasantoral.es

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Miércoles de la primera semana del tiempo ordinario Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,29-39 Comentarios y Reflexión

Miércoles de la primera semana del tiempo ordinario

Habla, Señor, porque tu servidor escucha

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 3,1-10.19-20:

 

En aquellos dias, el niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí. La palabra del Señor era rara en aquel tiempo, y no abundaban las visiones. Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse, y no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios.
El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.»

Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llarnado.»

Respondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte
Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aqui estoy; vengo porque me has llamado

Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte

Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado

Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha.”»

Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!»

Él respondió: «Habla, que tu siervo te escucha.»

Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor.

Salmo

Sal 39,2.5.7-8a.8b-9.10

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños. R/.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.

«Como está escrito en mi libro:
para hacer tu voluntad

Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.

ALELUYA     Jn 10, 27
 
Aleluya.
«Mis ovejas escuchan mi voz,
Yo las conozco y ellas me siguen», dice el Señor.
Aleluya.

Sanó a muchos enfermos que sufrían diversos males

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,29-39

 

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.

Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»

Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Leer el comentario del Evangelio por San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia Sermón sobre el salmo 85, CCL 30, 117

 

 

En un descampado se puso a orar

 

    Dios no hubiera podido hacer a los hombres un don más grande que su Verbo, su Palabra, por quien creó todas las cosas. Le hizo el jefe de todos, es decir, su cabeza, e hizo de ellos sus miembros. (Ef 5, 23.30), para que sea al mismo tiempo Hijo de Dios e Hijo del hombre: un solo Dios con el Padre, un solo hombre con los hombres. Nos ha hecho este don para que hablando a Dios en la oración nunca separemos de él a su Hijo, y para que el cuerpo del Hijo, al orar, no se separe de su jefe; para que Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, sea el único salvador de su cuerpo, y al mismo tiempo el que ora por nosotros, ora en nosotros y es orado por nosotros.

    Ora por nosotros como sacerdote, ora en nosotros como jefe, la cabeza del cuerpo, es orado por nosotros como a nuestro Dios. Reconozcamos, pues, en él nuestras palabras  y sus palabras en nosotros… No ha dudado en absoluto, unirse con nosotros. Toda la creación le está sujeta porque toda la creación fue creada por él: “En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho (Jn 1,1s)Pero si más adelante, en las Escrituras escuchamos la voz del mismo Cristo gimiendo, orando, reconociendo, no dudemos en atribuirle también estas palabras. Que contemplemos a aquel que “a pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios… tomó la condición de esclavo… actuando como un hombre cualquiera, se rebajo hasta someterse a la muerte y una muerte de cruz” (Flp 2,6s). Que, suspendido en la cruz, le escuchemos hacer suya la oración de un salmo… Oramos a Cristo en su condición de Dios, y él ora en su condición de siervo; por un lado, el Creador, por el otro, un hombre unido a la creación, formando un solo hombre con nosotros –la cabeza y el cuerpo. Nosotros le oramos, y oramos por él y en él.

LA GRACIA del Miércoles 10 de Enero de 2018

 

Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP

Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro

Reflexión del Evangelio de hoy

Háblame Señor, que tu siervo escucha

Nuestra vida debe ser como la de Samuel: “Háblame Señor, que tu siervo escucha” Predisposición total a la voluntad de Dios. Porque Dios nos sigue llamando igual que al profeta, nos sigue necesitando en medio de este mundo en el que vivimos, como el dueño de la vid a los obreros.

Samuel no sabe quién le llama, su desconcierto es como el que podemos sentir nosotros muchas veces. Nuestro mundo está lleno de ruido y tal vez no seamos capaces de distinguir la voz de Dios en medio de nuestras preocupaciones, de las noticias que nos bombardean a todas horas, de la banalidad relativista en la que se ha sumergido la sociedad. Pero Dios sigue llamándonos en la noche y nosotros debemos estar atentos a su voz y dispuestos a seguir su voluntad. Nuestra misión es esa: ser obreros fieles que trabajan en sus campos, ayudar al dueño para que la cosecha sea abundante.

Nuestro corazón debe ser como el del joven Samuel: abierto y dispuesto siempre para levantarnos y caminar por los senderos de la Palabra.

La verdadera salud viene de Cristo

En el Evangelio de hoy vemos como las gentes buscan a Jesús para que les sane. San Marcos nos hace una descripción detallada de cómo van a casa de Pedro y a partir de ese momento, y tras curar a la suegra del apóstol, serán muchos los que se acerquen a Él buscando la salud. Pero el Evangelista nos señala como también, junto a los enfermos del cuerpo, le acercaban a los enfermos del espíritu (endemoniados). Efectivamente, Cristo es fuente de salud en el más amplio sentido de la palabra: Él, y solo Él, nos restituye el equilibrio espiritual que será la base fundamental de nuestra vida.

Al día siguiente vemos como Cristo madruga para retirase a orar a un lugar apartado. Son una constante en los Evangelios esos momentos de intimidad de Jesús con el Padre, esa búsqueda de la soledad y el recogimiento para rezar. Hermosa enseñanza que se nos da a través del ejemplo, verdadera llamada a la oración personal que tanto practicaba nuestro Padre Santo Domingo y que para nosotros, junto a la oración comunitaria, deben constituir la base de nuestra vida espiritual. Y realmente es un buen plan de vida: el Señor madruga, ora y continúa el camino de la misión: “Vamos a otra parte, a las aldeas próximas para predicar allí, pues para esto he salido” le dirá a sus discípulos: Ahí tenemos el carisma de nuestras vidas, la razón de ser de nuestro paso por el mundo como Hijos de la Iglesia; apóstoles en mitad del mundo, dispuestos a anunciar la Buena Nueva allá donde estemos, con el ejemplo de nuestra vida cotidiana; con el amor a la familia, a los amigos y a los que no lo son; con el trabajo bien hecho y con las manos abiertas para todo el que nos busque y el que no nos busque.

Hoy Cristo nos habla de la necesidad de la oración, de la necesidad de dejarnos curar por Él, de la obligación de estar siempre en camino. Hoy Cristo, una vez más, nos ha salido al encuentro de la manera más cotidiana y ya dependerá de nosotros el escucharle a corazón abierto a través de nuestra oración personal.     

Santos del 10 de enero 

Beata Ana de los Ángeles Monteagudo, virgen  

En Arequipa, en Perú, beata Ana de los Ángeles Monteagudo, virgen de la Orden de Predicadores, que con sus dones de consejo y profecía se dedicó a promover el bien de toda la ciudad. ver…  Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo. Virgen Religiosa Dominica es una Beata Peruana.

Fuente evangeliodeldia.org

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OFICIO DIVINO TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES DE LA SEMANA I De la Feria. Salterio I 10 de enero Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo. Virgen Religiosa Dominica

OFICIO DIVINO

TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA I
De la Feria. Salterio I

10 de enero

Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo.

Virgen Religiosa Dominica

Ana Monteagudo Ponce de León, conocida como Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, es una beata peruana. Nació en Arequipa el 26 de julio de 1602. Fue hija del español Sebastián Monteagudo de la Jara y de la dama arequipeña Francisca Ponce de León. Fue la cuarta de ocho hermanos. A los tres años, fue entregada a las monjas catalinas que residían en el Monasterio de Santa Catalina, de la Orden Dominica, para ser educada e instruida. 


LAUDES
(Oración de la mañana)


INVOCACIÓN INICIAL


V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza


INVITATORIO

Ant. Adoremos a Dios, porque él nos ha creado.

–Salmo 94–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Se repite la antífona

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Se repite la antífona

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Se repite la antífona

Ojalá escuchéis hoy su voz:
No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.”

Se repite la antífona

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Adoremos a Dios, porque él nos ha creado.


Himno: 
SENTENCIA DE DIOS AL HOMBRE

Sentencia de Dios al hombre
antes que el día comience:
Que tu pan no venga a tu mesa
sin el sudor de tu frente.

Ni el sol se te da de balde,
ni el aire por ser quien eres:
las cosas son herramientas
y buscan quién las maneje.

El mar les pone corazas
de sal amarga a los peces;
el hondo sol campesino
madura a fuego las mieses.

La piedra, con ser la piedra,
guarda una chispa caliente;
y en el rumor de la nube
combaten el rayo y la nieve.

A ti te inventé las manos
y un corazón que no duerme;
puse en tu boca palabras
y pensamiento en tu frente.

No basta con dar las gracias
sin dar lo que las merece:
a fuerza de gratitudes
se vuelve la tierra estéril.” Amén.

SALMODIA


Ant 1.
 Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Salmo 35 – DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS.

El malvado escucha en su interior 
un oráculo del pecado:
No tengo miedo a Dios, 
ni en su presencia.”
Porque se hace la ilusión de que su culpa 
no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen, 
se obstina en el mal camino, 
no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo, 
tu fidelidad hasta las nubes, 
tu justicia hasta las altas cordilleras;
tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a los hombres y animales;
¡que inapreciable es tu misericordia, oh Dios! ;
los humanos se acogen a las sombras de tus alas.

Se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das de beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente de la vida 
y tu luz nos hace ver la luz.

Prolongas tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio, 
que no me eche afuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores; 
derribados, no se puede levantar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Ant 2. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU PUEBLO Jdt 16, 2-3. 15-19

¡Alabad a mi Dios con tambores, 
elevad cantos al Señor con cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e invocad su nombre! 
Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras, 
su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor tú eres grande y glorioso, 
admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación, 
porque tú lo mandaste y existió;
enviaste tu aliento y la construiste, 
nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tus presencias se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.


Ant 3. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.


Salmo 46 
– ENTRONIZACIÓN DEL DIOS DE ISRAEL.

Pueblos todos, batid palmas, 
aclamad a Dios con gritos de júbilos;
porque el Señor es sublime y terrible, 
emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos 
y nos sojuzga las naciones; 
él nos escogió como heredad suya: 
gloria a Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones; 
el Señor, al son de trompetas; 
tocad para Dios, tocad, tocad 
para nuestro rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo: 
tocad con maestría. 
Dios reina sobre las naciones, 
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen 
con el pueblo del Dios de Abraham;
porque de Dios son los grandes de la tierra, 
y él es excelso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

LECTURA BREVE   Tb 4, 16-17. 19-20


N
o hagas a nadie lo que no quieras que te hagan. Da de tu pan al hambriento y da tus vestidos al desnudo. Busca el consejo de los prudentes. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y que lleguen a buen fin todas tus sendas y proyectos.

 

SEGUNDA LECTURA

 


Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(
Libro 4, 6, 3. 5. 6. 7: SC 100, 442. 446. 448-454)

 


EL PADRE ES CONOCIDO POR LA MANIFESTACIÓN DEL HIJO


Nadie puede conocer al Padre sin el Verbo de Dios, esto es, si no se lo revela el Hijo, ni conocer al Hijo sin el beneplácito del Padre. El Hijo es quien cumple este beneplácito del Padre; el Padre, en efecto, envía, mientras que el Hijo es enviado y viene. Y el Padre, aunque invisible e inconmensurable por lo que a nosotros respecta, es conocido por su Verbo, y, aunque inexplicable, el mismo Verbo nos lo ha expresado. Recíprocamente, sólo el Padre conoce a su Verbo; así nos lo ha enseñado el Señor. Y por esto el Hijo nos revela el conocimiento del Padre por la manifestación de sí mismo, ya que el Padre es conocido por la manifestación del Hijo: todo es manifestado por obra del Verbo.

Para esto el Padre reveló al Hijo, para darse a conocer a todos a través de él, y para que todos los que creyesen en él mereciesen ser recibidos en la incorrupción y en el lugar del eterno consuelo (porque creer en él es hacer su voluntad).

Ya por el mismo hecho de la creación el Verbo revela a Dios creador, por el hecho de la existencia del mundo al Señor que lo ha fabricado, por la materia modelada al artífice que la ha modelado y a través del Hijo al Padre que lo ha engendrado; sobre esto hablan todos de manera semejante, pero no todos creen de manera semejante. También el Verbo se anunciaba a sí mismo y al Padre a través de la ley y de los profetas; y todo el pueblo lo oyó de manera semejante, pero no todos creyeron de manera semejante. Y el Padre se mostró a sí mismo, hecho visible y palpable en la persona del Verbo, aunque no todos creyeron por igual en él; sin embargo, todos vieron al Padre en la persona del Hijo, pues la realidad invisible que veían en el Hijo era el Padre, y la realidad visible en la que veían al Padre era el Hijo.

El Hijo, pues, cumpliendo la voluntad del Padre, lleva a perfección todas las cosas desde el principio hasta el fin, y sin él nadie puede conocer a Dios. El conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo está en poder del Padre y nos lo comunica por el Hijo. En este sentido decía el Señor: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar. Las palabras se lo quiere revelar no tienen sólo un sentido futuro, como si el Verbo hubiese empezado a manifestar al Padre al nacer de María, sino que tienen un sentido general que se aplica a todo tiempo. En efecto, el Padre es revelado por el Hijo, presente ya desde el comienzo en la creación, a quienes quiere el Padre, cuando quiere y como quiere el Padre. Y por esto, en todas las cosas y a través de todas las cosas, hay un solo Dios Padre, un solo Verbo, el Hijo, y un solo Espíritu, como hay también una sola salvación para todos los que creen en él.

RESPONSORIO BREVE


V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

V. Dame vida con tu palabra.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

CÁNTICO EVANGÉLICO


Ant. Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.

PRECES

Demos gracias a Cristo y alabémoslo porque ha querido santificarnos y llamarnos hermanos suyos; digámosle, pues, confiados:

Santifica, Señor, a tus hermanos.

Concédenos, Señor, consagrar el principio de este día en honor de tu resurrección 

y haz que todos los trabajos que realicemos durante esta jornada te sean agradables.

Haz que sepamos descubrirte a ti en todos nuestros hermanos,

sobre todo en los tristes, en los más pobres y en los que son menos útiles a los ojos del mundo.

Tú que para aumentar nuestra alegría y afianzar nuestra salvación nos das el nuevo día, signo de tu amor,

renuévanos hoy y siempre para gloria de tu nombre.

Haz que durante este día estemos en paz con todo el mundo

y que a nadie devolvamos mal por mal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tal como Cristo nos enseñó, terminemos nuestra oración diciendo:

Padre nuestro…


ORACIÓN


S
eñor Dios, salvador nuestro, danos tu ayuda para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así, los que de ti hemos nacido en el autismo, seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN


V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

FUENTE: liturgiadelashoras.com

 

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Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo. Virgen Religiosa Dominica es una Beata Peruana.

Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo. Virgen Religiosa Dominica

Ana Monteagudo Ponce de León, conocida como Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, es una beata peruana. Nació en Arequipa el 26 de julio de 1602. Fue hija del español Sebastián Monteagudo de la Jara y de la dama arequipeña Francisca Ponce de León. Fue la cuarta de ocho hermanos. A los tres años, fue entregada a las monjas catalinas que residían en el Monasterio de Santa Catalina, de la Orden Dominica, para ser educada e instruida. 

NOVICIADO

Cuando tenía aproximadamente 14 años de edad, sus padres decidieron que ya había llegado el momento de reintegrarla a la vida de la ciudad y fue retirada del monasterio, con el fin de comprometerla. La joven Ana, de vuelta a su casa, decidió seguir con el mismo género de vida que hasta entonces había llevado en el monasterio de Santa Catalina. Hizo de su habitación un lugar de retiro, donde trabajaba y rezaba todos los días , sin descuidar los quehaceres de la casa. Un día, mientras meditaba en su aposento, se le apareció en una visión, Santa Catalina de Siena, quien le hizo saber de parte de Dios, que había sido elegida para entrar en el estado religioso, vistiendo el hábito dominicano. Le dirigió estas palabras: “Ana, hija mía, este hábito te tengo preparado; déjalo todo por Dios; yo te aseguro que nada te faltará“. Le daba a entender que debía prepararse para un gran combate espiritual, donde no faltarían las asechanzas del enemigo, pero que con la ayuda de Dios obtendría al final la victoria. Confortada por esta visión, Ana decidió buscar la forma más eficaz para regresar al monasterio de Santa Catalina, pues sus familiares no querían que se hiciera religiosa, hasta el punto de vigilarla constantemente. Aprovechando una ocasión en que nadie la vigilaba, salió de la casa y encontró a un joven llamado Domingo que -a petición de ella- la acompañó hasta el monasterio. Una vez llegados al lugar de destino, agradeció al muchacho el favor prestado y le pidió comunicara a sus padres el lugar donde estaba. Sus padres, al conocer el paradero de su hija se indignaron en extremo, pues ya tenían decidido darla por esposa a un joven distinguido y rico; y fueron al monasterio con la firme resolución de hacerla regresar a su casa. A este fin nada dejaron de intentar para disuadirla de su propósito. Le ofrecieron regalos y prometieron darle cuanto le apeteciera; pero ella con todo respeto y humildad les respondió, que se quedasen con todo aquello, que sólo deseaba tener a Jesucristo como esposo y llevar el hábito que llevaba puesto. Les pidió que se resignasen como buenos cristianos con la voluntad de Dios. Viendo los padres de Ana que no conseguían su cometido, se llenaron de ira y recurrieron a las amenazas e injurias, secundados por la Madre Priora, quien -por temor y debilidad- quiso también que regresara con sus padres. A pesar de todo, Ana permaneció firme en su decisión, apoyada por las demás monjas, que aconsejaron retenerla en el monasterio hasta que, calmados los ánimos, se pudiera juzgar lo que fuera para mayor Gloria de Dios. La Madre Priora, mal dispuesta con Ana, se propuso tratarla con mucha dureza, con la finalidad de cansarla y obligarla así a regresar con sus padres; pero Ana soportó esta prueba con gran paciencia y resignación. Entretanto, dolida por el comportamiento de sus padres, quiso reconciliarse con ellos, mediante los buenos oficios de su hermano Sebastián, quien no sólo logró su intento, sino que la socorrió con todo lo necesario para su mantenimiento. Intercedió también ante la Priora para que cambiara su manera de proceder, consiguiendo su cometido. Efectivamente, la Priora reconoció la vocación y el buen espíritu de Ana, y comenzó a quererla como a todas las demás, aceptándola como novicia. Corría el año 1616 cuando Ana fue aceptada como novicia en el Monasterio de Santa Catalina. Fue entonces cuando añadió a su nombre el apelativo “de los Ángeles“. Bien pronto abrazó con alegría todas las austeridades del estado religioso, observando con exactitud la Regla Dominicana y desprendiéndose completamente de los bienes de este mundo. Leyendo un día la vida de San Nicolás de Tolentino, le llamó la atención la gran devoción que este Santo tenía por las benditas Ánimas del Purgatorio y los sufragios que ofrecía para librarlas de las penas de ese lugar; y tomó la resolución de dedicarse también ella a socorrer a esas almas necesitadas. Durante el tiempo de su noviciado comenzó a desarrollar el espíritu de penitencia, castigando su cuerpo con disciplinas y ayunos, adquiriendo de esta manera un mayor dominio de sí misma. Sus delicias estaban en la oración y en la meditación. Especialmente llenaba su alma la consideración de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. 

VIDA EN EL CONVENTO

Terminado el año de noviciado y habiendo dado pruebas más que suficientes de su idoneidad, le llegó el tiempo de su profesión religiosa. Le faltaba la “dote”, que sus padres se negaban a entregar, con el objeto de obligarla a regresar con ellos. Francisco, su hermano sacerdote acudió en su ayuda, pagando generosamente la dote prescrita. Superadas estas dificultades pudo hacer su “Profesión Religiosa” con gran alegría y contento. Abrazado ya el estado religioso y hechos sus votos temporales, dirigió todas sus miradas y consagró todas sus energías a realizar el ideal de la vida religiosa, íntimamente persuadida de que toda su perfección y santidad consistía solamente en el exacto cumplimiento de sus votos y demás obligaciones de religiosa dominica. Procuraba desasirse de los bienes terrenos, vistiendo hábitos usados y remendados, sandalias viejas -desechadas por otras religiosas-, y no poniéndose nunca cosa nueva, dando para las demás las cosas que recibía. Vivía una gran abstinencia, comiendo sólo para conservar la vida, sin regalar su gusto. Conseguía así que su alma tuviese un completo dominio sobre su cuerpo. Fue obediente en todo, casta y pura, mortificada interna y externamente, amante del retiro, diligente en el Coro, y cumplidora de todos sus deberes. Derramaba su espíritu en la oración asidua, tomando de ella la fuerza para el difícil camino de la perfección. La M. Priora, viendo que Ana se inclinaba a las cosas del servicio de Dios, la nombró “sacristana”; oficio que ella ejerció con mucho gusto y exactitud. Cuidaba muchísimo la limpieza y decencia de todo lo relativo al culto y lo trataba con sumo cuidado. Lavaba con gran veneración los corporales y purificadores, considerando que iban a estar en contacto con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El celo por la casa de Dios y la pureza del culto fueron tan grandes en Ana, que con frecuencia amonestaba hasta a los mismos sacerdotes para que tratasen con todo respeto al Señor, rogándoles atendiesen a la santidad del corazón y a la pureza del alma. Era tan minucioso el cuidado que ponía en todo lo relativo al Santo Sacrificio del altar que, hasta preparaba agua aromática para que los sacerdotes se lavasen con ella las manos antes de celebrar la Santa Misa. Fue durante este tiempo cuando tuvo conocimiento de su parentesco con San Tomás de Villanueva, al que llegó a tener una gran devoción. Necesitando el monasterio una imagen de la Santísima Virgen que presidiera los actos de la comunidad, fue Ana quien aceleró los trámites para traerla cuanto antes. Las monjas al ver la maravillosa imagen, tan tierna y acogedora, decidieron darle el nombre de “Nuestra Señora de los Remedios“. Una gran muestra de confianza hacia ella fue el encargo que se le hizo de ser Maestra de Novicias. 

PRIORA DEL MONASTERIO

En 1647, Mons. Pedro de Ortega Sotomayor, recientemente nombrado Obispo de Arequipa, quiso visitar el Monasterio de Santa Catalina. Enseguida comprobó el abandono espiritual en que se encontraba. Conversando con varias de las religiosas descubrió las cualidades extraordinarias de la entonces Maestra de Novicias Ana de los Ángeles y manifestó el deseo de que fuera ella quien gobernase dicho monasterio. A los pocos meses eligieron a Sor Ana de los Ángeles como nueva Priora. Cuando recibió ese cargo, vivían en el monasterio cerca de 300 personas: 75 monjas de Coro; 17 legas; 5 novicias; 14 donadas; 7 criadas personales; 75 educandas; 130 siervas; y no pocas huérfanas y viudas. Estas últimas se refugiaban en el monasterio para cuidar su buen nombre, pero no dejaban de vivir “según el mundo“, rodeadas de servidumbre, entregadas al cuidado de sus personas y gozando de todo lo que la moda de aquel tiempo les ofrecía. Al contacto con este género de vida algunas de las monjas se contagiaban, y degeneraba su espíritu religioso hasta el punto de ser en el monasterio origen de muchos conflictos y pésimo ejemplo para las religiosas más jóvenes. Entretanto la nueva Priora conoce muy bien esta situación y sabe con cuanta prudencia y energía deberá corregir esos graves abusos. 

ÚLTIMOS AÑOS

Los últimos años de su vida se asemejaron a la Pasión de Jesús. Ella la meditaba constantemente, y Dios quiso que en su cuerpo se grabaran las señales del sufrimiento. Fueron casi diez años de constantes enfermedades, que iban debilitando sus fuerzas. Estuvo postrada en cama durante todo este tiempo, privada de la vista, con dolor de hígado, males en los riñones y vesícula, y un sudor continuo que le empapaba todas sus ropas. En esas circunstancias vino a ser para todas las monjas del monasterio un constante modelo de paciencia y aceptación de la voluntad de Dios. Sabía que sus dolores eran gratos a Jesús y que le serían premiados con la corona de la gloria eterna. Ofrecía todos sus achaques en reparación de sus pecados y pidiendo siempre por las almas del purgatorio. En toda su larga enfermedad nunca ocasionó molestias a quienes la cuidaban; se lamentaba más bien de que por su culpa sufrían los demás. Cuando su enfermedad se agravó, pedía confesarse a menudo y recibía la Sagrada Comunión todos los días. El Señor, entretanto, confortaba su alma con gracias extraordinarias, de las que nunca se vanaglorió, aceptándolas siempre con grandísima humildad. No queriendo ocasionar molestias a las demás, les repetía con frecuencia que cuando Dios la llamara, nadie se apercibiría de su muerte. Añadía también que en ese momento no estaría en su celda la imagen de San Nicolás de Tolentino, de la que pocas veces se separaba. Antes de morir, un pintor fue y retrató sus facciones, que es el único testimonio gráfico en vida de ella. La mañana del 10 de enero de 1686 se encontraba mejor de su enfermedad y hasta tenía mejor semblante, de tal manera que nada hacía presagiar su próxima muerte. Antes bien quiso entregar un “real” para que se mandase celebrar una Misa por el alma de una pobre india que se hallaba en gran necesidad. No había pasado mucho tiempo, cuando fueron a su celda para hablarle. La encontraron sentada en la cama, con el cuerpo apoyado hacia un lado, con las manos cruzadas y el Santo Rosario entre ellas. Al ver que no respondía a sus palabras, se le acercaron y la encontraron ya muerta. Murió de la forma que ella había previsto: sin que nadie la acompañara y mientras su querida imagen de San Nicolás de Tolentino se encontraba en la casa del Licenciado Marcos de Molina, que la había pedido para encomendarse a ella en su enfermedad. Apenas se supo de su muerte, acudieron al Monasterio de Santa Catalina gran cantidad de hombres y mujeres, quienes a sus oraciones unieron el dolor por el vacío que Ana de los Ángeles dejaba aquí en la tierra. Los funerales fueron celebrados por Mons. Antonio de León, Obispo de Arequipa; y asistieron los dos Capítulos de la ciudad, (Cabildo Civil y Eclesiástico) junto con gran cantidad de pueblo que llenó toda la iglesia. La fama de santidad y el alto concepto que se tenía de sus virtudes, estimularon al Sr. Obispo y a los personajes de la ciudad a hacer un honor tan singular a esta pobre monja. Fue tal el deseo de poseer algo de Sor Ana de los Ángeles, que el Sr. Obispo para calmar a la multitud se vio obligado a poner pena de excomunión contra aquellos que osasen tocar el cuerpo o los vestidos de la difunta. Fue enterrada bajo el coro del monasterio. Pasados diez meses de su tránsito al Cielo, sus restos mortales fueron trasladados a un lugar más distinguido y digno. Se abrió el ataúd y se encontró el cuerpo de la Beata Ana de los Ángeles no sólo incorrupto, sino también fresco como si hubiese muerto en ese momento, y sin vestigio de mal olor. El médico que asistió para hacer este reconocimiento, introdujo en el pecho la punta de una tijera y comprobó que su carne estaba colorada y fresca. La fama de santidad de Sor Ana de los Ángeles no sólo era reconocida en Arequipa sino también en otros muchos lugares; y por toda suerte de personas. Todos cuantos la trataron vieron en ella el Espíritu de Dios. Tanto los Obispos que fueron sucediéndose en Arequipa como los miembros del Venerable Cabildo Catedralicio, y otras personas doctas del clero regular y secular que la conocieron, descubrieron en ella una verdadera Santa y le tuvieron gran veneración y estima. Por tal motivo, el 17 de Julio de 1686, a los seis meses de su fallecimiento, el Obispo de Arequipa, Mons. Antonio de León inició el “Proceso Informativo” de la vida, virtudes y fama de santidad de Sor Ana de los Ángeles Monteagudo. De este proceso se hicieron dos copias: una se remitió en su momento a la Sagrada Congregación de Ritos y la otra se guardó en los archivos del Monasterio de Santa Catalina. Consta que el documento enviado a Roma se perdió, probablemente en un naufragio. En 1898, el Episcopado Americano, reunido en Roma pidió a S.S. León XIII la canonización de Fray Martín de Porres, incluyendo también la pronta beatificación de Sor Ana de los Ángeles. Mons. Manuel Segundo Ballón inicia la instrucción de un “Proceso Adicional“, que fue remitido a Roma el 18 de Diciembre de 1903. Introduciéndose la Causa de Beatificación en la Sagrada Congregación de Ritos a mediados de Junio de 1917. En 1975 S.S. Pablo VI determina que se expida el decreto por el cual se reconoce oficialmente las virtudes heroicas practicadas por la Sierva de Dios. El 5 de Febrero de 1981 S.S. Juan Pablo II da por válido el milagro atribuido a Sor Ana de los Ángeles, obrado en favor de la señora María Vera de Jarrín, de un gravísimo e incurable tumor canceroso en el útero y en tercer grado. De esta manera culmina el largo proceso de las virtudes y milagros, quedando expedito el camino para la Beatificación.

MILAGROS

El 5 de febrero de 1981 el papa Juan Pablo II, dio por válido el milagro atribuido a Sor Ana de los Angeles. Obrado en favor de la señora María Vera de Jarrín, a la cual curó de un terrible cáncer de útero en tercer grado. La Sra. María Vera de Jarrín, madre de familia, nacida en Arequipa en 1886, fue sometida el día 2 de Noviembre de 1931 a un examen médico del útero, pues padeció frecuentes hemorragias. Como empeorara su salud, el día 10 de Marzo de 1932 fue sometida a una exploración más profunda en el Hospital Goyeneche. Abierta la parte inferior del abdomen, se descubrió, sin ninguna duda, un gravísimo tumor canceroso, que no sólo afectaba al útero sino que se extendía por toda la zona pélvica. No teniendo ninguna posibilidad humana de curación, los médicos omitieron todo tratamiento. No habían transcurrido dos días, cuando la enferma se sintió mejor. Su proceso de recuperación fue acelerándose, de tal manera que al cabo de un mes se la consideró apta para seguir cumpliendo sus quehaceres domésticos. Tres médicos, admirados por ello pensaron inmediatamente en una curación milagrosa. Lo mismo creyeron la enferma, sus parientes y amigos, quienes con indesmayable esperanza habían rogado a Sor Ana de los Ángeles su pronta curación. María Vera de Jarrín entregó su alma a Dios en el año 1966 sin tener ningún indicio de aquella maligna enfermedad.

BEATIFICACIÓN

La causa de santificación de Sor Ana empezó el 16 de julio de 1686, seis meses después de su muerte. Cuando las religiosas catalinas presentaron una petición de santificación por la cantidad de milagros que se le atribuían.

En la visita que realizó el papa Juan Pablo II al Perú en 1985 estuvo en Arequipa. Estando allí, beatificó a Sor Ana de los Ángeles Monteagudo el 2 de febrero de 1985. El Santo Padre pronunció estas palabras: “Hoy la Iglesia en Arequipa y en todo el Perú desea adorar a Dios de una manera especial por los beneficios que Él ha concedido al Pueblo de Dios mediante el servicio de una humilde religiosa: Sor Ana de los Ángeles“.

 

 

Fuente:  verdaderoscatolicos.blogspot.

Historia de Ana de los Ángeles Monteagudo La Primera Beata Arequipeña

 

 

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OFICIO DIVINO TIEMPO ORDINARIO MARTES DE LA SEMANA I De la Feria. Salterio I 9 de enero

OFICIO DIVINO

TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA I
De la Feria. Salterio I

9 de enero

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza


INVITATORIO


Ant. Al Señor, al gran Rey, venid, adorémosle.

INVITATORIO

-Salmo 66–

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Se repite la antífona

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

Que canten de alegría las naciones,
porque riges al mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Se repite la antífona

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga, que le teman
hasta los confines del orbe.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Ant. Al Señor, al gran Rey, venid, adorémosle.


Himno: AL CANTO DE LOS GALLOS.

 Al canto de los gallos
viene la aurora;
los temores se alejan
como las sombras.
¡Dios, Padre nuestro,
en tu nombre dormimos
y amanecemos!

Como luz nos visitas,
Rey de los hombres,
como amor que vigila
siempre de noche;
cuando el que duerme
bajo el signo del sueño
prueba la muerte.

Del sueño del pecado
nos resucitas,
y es señal de tu gracia
la luz amiga.
¡Dios que nos velas!
tú nos sacas por gracia
de las tinieblas.

Gloria al Padre y al Hijo,
gloria al Espíritu,
al que es paz, luz y vida,
al Uno y Trino;
gloria a su nombre
y al misterio divino
que nos lo esconde. Amén.

SALMODIA


Ant 1. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.

Salmo 23  ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares, 
él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes 
y puro corazón,
que no confía en los ídolos 
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor, 
le hará justicia el Dios de salvación.

Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones! alzad los dinteles, 
levantaos, puertas antiguas: 
va a entrar el rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones! alzad los dinteles, 
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.

 

Ant 2. Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.


Cántico: 
ESPERANZA DE ISRAEL EN BABILONIA Tb 13, 1-10

 Bendito sea Dios, que vive eternamente, 
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece, 
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.

Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza, 
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor, 
nuestro Padre por todos los siglos.

Él nos azota por nuestros delitos, 
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones 
por donde estáis dispersados.

Si volvéis a él de todo corazón 
y con toda el alma, 
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros 
y no os ocultará su rostro.

Veréis lo que hará con vosotros, 
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia 
y ensalzaréis al rey de los siglos.

Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder 
a un pueblo pecador.

Convertíos, pecadores, 
obrad rectamente en su presencia:
quizás os mostrará benevolencia 
y tendrá compasión.

Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo, 
y me alegraré de su grandeza.
Anuncien todos los pueblos sus maravillas 
y alábenle sus elegidos en Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.


Ant 3. El Señor merece la alabanza de los buenos.

Salmo 32 – HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS 

Aclamad, justos, al Señor, 
que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando vuestra música con aclamaciones:

que la palabra del Señor es sincera, 
y todas sus acciones son leales,
él ama la justicia y el derecho, 
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera, 
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo y existió; 
él lo mandó, y surgió.

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo, 
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa 
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón, 
y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria, 
ni por su gran ejército se salva.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte 
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo, 
con él se alegra nuestro corazón,
en su Santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

AntEl Señor merece la alabanza de los buenos.

LECTURA BREVE  Rm 13, 11b.12-13a

Ya es hora que despertéis del sueño. La noche va pasando, el día está encima, desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos la armadura de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad.

 

SEGUNDA LECTURA

 

De la Regla monástica mayor de san Basilio Magno, obispo
(Respuesta 2, 1: PG 31, 908-910)

TENEMOS DEPOSITADA EN NOSOTROS UNA FUERZA QUE NOS CAPACITA PARA AMAR

 

El amor de Dios no es algo que pueda aprenderse con unas normas y preceptos. Así como nadie nos ha enseñado a gozar de la luz, a amar la vida, a querer a nuestros padres y educadores, así también, y con mayor razón, el amor de Dios no es algo que pueda enseñarse, sino que desde que empieza a existir este ser vivo que llamamos hombre es depositada en él una fuerza espiritual, a manera de semilla, que encierra en sí misma la facultad y la tendencia al amor. Esta fuerza seminal es cultivada diligentemente y nutrida sabiamente en la escuela de los divinos preceptos y así, con la ayuda de Dios, llega a su perfección.

Por eso nosotros, dándonos cuenta de vuestro deseo por llegar a esta perfección, con la ayuda de Dios y de vuestras oraciones, nos esforzaremos, en la medida en que nos lo permita la luz del Espíritu Santo, por avivar la chispa del amor divino escondida en vuestro interior.

Digamos en primer lugar que Dios nos ha dado previamente la fuerza necesaria para cumplir todos los mandamientos que él nos ha impuesto, de manera que no hemos de apenarnos como si se nos exigiese algo extraordinario, ni hemos de enorgullecernos como si devolviésemos a cambio más de lo que se nos ha dado. Si usamos recta y adecuadamente de estas energías que se nos han otorgado, entonces llevaremos con amor una vida llena de virtudes; en cambio, si no las usamos debidamente, habremos viciado su finalidad.

En esto consiste precisamente el pecado, en el uso desviado y contrario a la voluntad de Dios de las facultades que él nos ha dado para practicar el bien; por el contrario, la virtud, que es lo que Dios pide de nosotros, consiste en usar de esas facultades con recta conciencia, de acuerdo con los designios del Señor.

Siendo esto así, lo mismo podemos afirmar de la caridad. Habiendo recibido el mandato de amar a Dios, tenemos depositada en nosotros, desde nuestro origen, una fuerza que nos capacita para amar; y ello no necesita demostrarse con argumentos exteriores, ya que cada cual puede comprobarlo por sí mismo y en sí mismo. En efecto, un impulso natural nos inclina a lo bueno y a lo bello, aunque no todos coinciden siempre en lo que es bello y bueno; y, aunque nadie nos lo ha enseñado, amamos a todos los que de algún modo están vinculados muy de cerca a nosotros, y rodeamos de benevolencia, por inclinación espontánea, a aquellos que nos complacen y nos hacen el bien.

Y ahora yo pregunto, ¿qué hay más admirable que la belleza de Dios? ¿Puede pensarse en algo más dulce y agradable que la magnificencia divina? ¿Puede existir un deseo más fuerte e impetuoso que el que Dios infunde en el alma limpia de todo pecado y que dice con sincero afecto: Desfallezco de amor? El resplandor de la belleza divina es algo absolutamente inefable e inenarrable. 

RESPONSORIO BREVE


V. Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo.
R. Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo.

V. Mi alcázar, mi libertador.
R. En que me amparo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Nos ha suscitado el Señor una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca de sus Santos profetas.


Cántico de Zacarías.

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, 
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nos ha suscitado el Señor una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca de sus Santos profetas.


PRECES


Ya que hemos sido llamados a participar de una vocación celestial, bendigamos por ello a Jesús, el pontífice de nuestra fe, y supliquémosle diciendo::

Escúchanos, Señor.

Señor Jesús, que por el bautismo has hecho de nosotros un sacerdocio real,

para que por la fuerza del Espíritu Santo nosotros permanezcamos en ti y tú en nosotros.

Ayúdanos, Señor, a guardar tus mandamientos

para que por la fuerza del Espíritu Santo nosotros permanezcamos en ti y tú en nosotros.

 

Danos tu sabiduría eterna

para que permanezca con nosotros y con nosotros trabaje.


Concédenos ser la alegría de cuantos nos rodean

y fuente de esperanza para los decaídos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACIÓN

Escucha, Señor, nuestra oración matutina y con la luz de tu misericordia alumbra la oscuridad de nuestro corazón: para que, habiendo sido iluminados por tu claridad, no andemos nunca tras las obras de las tinieblas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

FUENTE: liturgiadelashoras.com

 

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San Raimundo de Peñafort, dominico fiesta 7 de enero

 

San Raimundo de Peñafort, dominico

Nació en la provincia de Barcelona, en el castillo que su familia tenía en el Alto Panadés, siendo hijo del noble señor propietario del castillo y de su esposa Sara. Los biógrafos medievales fijan su fecha de nacimiento en el año 1175 y si este dato es cierto, murió con más de cien años de edad, por lo que algunos historiadores mantienen que su fecha de nacimiento no es precisa y que debe situarse entre el 1175 y el 1185.

Su primera formación escolástica la recibió en la escuela de la catedral de Barcelona donde aprendió las disciplinas del “trivium” (gramática, lógica y retórica) y del “quadrivium” (aritmética, geometría, música y astronomía), ejerciendo posteriormente como profesor de retórica y de lógica. En Barcelona se ordenó de sacerdote, aunque no se sabe la fecha exacta y en el año 1210 renunció a su cátedra para trasladarse a Bolonia a fin de estudiar derecho. Por un escrito del año 1271 a él atribuido, se cree que el viaje lo hizo a pie pasando por Arlés, Briançon y Turín y que durante el mismo estuvo presente en un milagro realizado por la Santísima Virgen en Monginevro. Sin embargo, existen suficientes motivos para creer que este escrito – que se conoce a través de una copia del siglo XVII – es falso, lo que quiere decir que, en realidad, no se sabe nada de las circunstancias de ese viaje.

En Bolonia conoció a Santo Domingo de Guzmán y siguió los pasos de los grandes maestros de la época: Accursio, Pedro delle Vigne, Sinibaldo Fieschi y otros, llegando a doctorarse en derecho en el año 1216. Permaneció en Bolonia hasta el año 1220, ejerciendo como profesor, enseñando de manera gratuita, aunque el municipio de Bolonia lo ayudaba económicamente en su subsistencia. Es en este tiempo cuando escribe “Summa Iuris”, que es un manual escolástico que tuvo una gran difusión en el siglo XIII.

En el año 1218, el obispo de Barcelona Berengario IV de Palou fue a Bolonia para buscar profesores para el seminario que pretendía construir en su diócesis. Se puso en contacto con Raimundo, que aceptó la oferta y que retornó a su ciudad en el año 1220, acompañado de un grupo de frailes dominicos que Santo Domingo de Guzmán había puesto a su disposición. Recién llegado a Barcelona fue nombrado canónigo de la catedral y el Viernes Santo del año 1222, renunció a su canonjía e ingresó en la Orden de Predicadores.

Castillo de Peñafort.

Durante este tiempo, mientras enseñaba en Barcelona, desempeñó un cierto papel de apoyo en la fundación de la Orden de la Merced, aunque no existen suficientes documentos que puedan precisar cuál fue su cometido en concreto. Como todos sabemos, los frailes mercedarios se dedicaban a la redención de los prisioneros caídos en manos de los sarracenos. Algunos sostienen que, de alguna forma, San Raimundo de Peñafort fue cofundador de la Orden de la Merced junto con San Pedro Nolasco – de quien era confesor -, pero esto es algo que no puede afirmarse con absoluta certeza. Lo que si se puede afirmar es que consiguió que la Confraternidad de Santa Eulalia de Barcelona se transformase en una Orden religiosa, pues obtuvo del Papa Gregorio IX en el año 1235, la bula que autorizaba a sus miembros adoptar la regla de San Agustín.

De este tiempo es una de sus obras más importantes: “Summa de casibus poenitentiae”, que tuvo gran éxito entre los siglos XIII y XIV. Con esta obra penitencial quiso dar a los sacerdotes una especie de normas o reglas para solucionar los casos de conciencia más frecuentes en los que pudiesen encontrarse quienes se dedicaban al ministerio de la confesión. Clara y sistemáticamente realiza las distinciones jurídicas en el campo de la moralidad, subordinando siempre el derecho civil al derecho eclesiástico

En el año 1229 llegó a España el legado papal, cardenal Jean d’Abbeville que había sido enviado desde Roma para gestionar algunas cuestiones delicadas relacionadas con las decisiones del Concilio IV de Letrán. El cardenal lo tomó como su colaborador y juntos, recorrieron todos los reinos de la península. Esto le permitió jugar un papel importante en el concilio de Lérida, cuyos cánones prescribieron la aplicación de las decisiones adoptadas en Letrán. Asimismo, formó parte de los negociadores que trataron sobre la anulación del vínculo matrimonial entre Jaime I de Aragón y Leonor de Castilla, a fin de atenuar las consecuencias de esta anulación en la gobernabilidad de sus reinos.

Cuando el legado papal marchó de España en noviembre del año 1229, recibió la orden del Papa de predicar una cruzada contra los sarracenos en las provincias eclesiásticas de Arlés y Narbona. En realidad se trataba de ayudar a la expedición que Jaime I había emprendido para expulsar a los musulmanes de las Islas Baleares. Su predicación tuvo una gran resonancia en la región del Languedoc, desde donde se envió un fuerte contingente militar que ayudara a Jaime I a conquistar la isla de Mallorca.

En el año 1230, el Papa Gregorio IX se lo llevó a la Curia Romana para que fuese su confesor, elevándolo a la dignidad de capellán y penitenciario. Existen numerosos documentos que acreditan su actividad en este oficio, teniendo que emitir algunas sentencias de excomunión e interdicto, pero sobre todo absolviendo a muchos que eran acusados de herejía. En estos documentos se pueden leer sus respuestas a las numerosas consultas que le presentaban en materia jurídica. Por su competencia jurídica entró en contacto con los personajes más importantes de la época y tuvo que pronunciarse sobre temas tan difíciles como por ejemplo el de las relaciones humanas y comerciales de los frailes franciscanos y dominicos con los musulmanes en Túnez.

Sobre todo, ayudó al Papa en su lucha contra las herejías y tuvo cierta influencia en la introducción de la Inquisición en el año 1232 en la provincia de Tarragona, así como en todo el reino de Aragón, en el año 1235. Pero su mayor actividad durante todo este período de tiempo de permanencia en Roma, fue la redacción de una serie de “Decretales”, que debían sustituir en la práctica jurídica a numerosas normas anteriormente existentes. Esta obra la inició en el año 1230 por expresa orden del Papa y la terminó de confeccionar en cuatro años. Esta nueva colección de normas, el “Corpus Decretalium”, es decir, el Código de Derecho Canónico Medieval, fue promulgado el 6 de septiembre del año 1234 mediante la bula papal “Rex pacificus”, lo que le confirió un carácter oficial para toda la Iglesia. Tuvo una gran difusión llegando a ser uno de los textos más copiados, citados y utilizados durante la Baja Edad Media.

En el año 1236, habiendo terminado este trabajo y otras actividades desarrolladas en Roma y rechazando la designación papal como arzobispo de Tarragona, retornó a Barcelona y, dos años más tarde, en el Capítulo General de la Orden, por unanimidad y en su ausencia, fue nombrado Maestro General de la Orden de Predicadores. Contra su voluntad, tuvo que aceptar el cargo, dedicándose a simplificar la legislación de la Orden redactando nuevas Constituciones, las cuales fueron aprobadas en el año 1240. Ese mismo año, presentó su dimisión en el Capítulo de Bolonia y se retiró al convento de Barcelona, donde destacó por su humildad, piedad y amor a la Eucaristía.

En esta última parte de su vida, su actividad principal fue la defensa y la propagación de la fe, tanto mediante la oración como activamente, particularmente entre los judíos, para lo cual fundó una escuela de hebreo en Murcia y participó en algunas controversias, como la que en el año 1263 contrapuso el dominico convertido del judaísmo, Fray Pablo Cristiá con el rabino Moisés ben Nahman. Favoreció las actividades de las órdenes mendicantes que misionaban en el norte de África y la creación de escuelas donde los religiosos podían aprender el árabe y otras lenguas orientales. Conoció a Santo Tomás de Aquino y tanto le insistió, que consiguió que escribiese su famosa “Summa contra gentiles”.

Todas estas actividades hicieron que en vida se le tratara como a un santo y sin poseer ninguna distinción especial – recordemos que renunció al arzobispado de Tarragona –, hasta su muerte, siempre fue el representante permanente de la Santa Sede en Cataluña. De sus numerosas intervenciones en la vida política y religiosa del reino de Aragón, da testimonio el prestigio que tuvo ante el rey Jaime I; intervino en la nominación de obispos, proponiendo al Papa a las personas más dignas para esa responsabilidad, como por ejemplo a los obispos de Huesca y Mallorca e incluso obligando a algunos obispos negligentes a cesar de sus funciones, como por ejemplo favoreciendo la dimisión del obispo de Tortosa. Para ayudar a los obispos, compuso la “Summa pastoralis”, en la que les daba consejos y normas a seguir en las visitas pastorales a sus diócesis.

Fue árbitro de contenciosos importantes como el que hubo entre el conde De Foix y el obispo de La Seo de Urgel a propósito del Principado de Andorra. Siempre conseguía dirimir las disputas e imponer la concordia. Ayudó al rey Jaime I a realizar su testamento, esforzándose en garantizar la unidad del reino a fin de que pudiera seguir teniendo un gran poder en la obra que llevaba a cabo en la Reconquista de la península.

El Papa Gregorio IX promulgando “Los Decretales” .

Fresco de Rafael en el Vaticano.

Después de treinta y cinco años en su patria, murió en el convento de Barcelona el día 6 de enero del año 1275, teniendo entre 95 y 100 años de edad. Sus funerales fueron oficiados con tal pompa que asistieron los reyes de Aragón y de Castilla.

De San Raimundo de Peñafort se puede decir que fue un excelente jurista, destacando siempre en este campo con grandes dotes de humildad y claridad de ideas. Se preocupó de facilitar el conocimiento del derecho tanto a los estudiantes, como a los confesores, obispos y jueces eclesiásticos, a fin de que siempre, la actividad pastoral fuera conforme a derecho. Realizó una intensa actividad pacificadora en Aragón, se esforzó en mejorar el nivel intelectual de los obispos y favoreció el desarrollo de las órdenes franciscana, dominica y mercedaria.

Como he dicho anteriormente, fue considerado un santo ya en vida y, después de muerto, fueron numerosos los milagros realizados junto a su sepulcro en Barcelona. Los fieles acostumbraban a coger polvo de alrededor de su tumba en el convento, a los que se le atribuían poderes milagrosos, como lo atestiguan algunos documentos de la época, milagros que también se le atribuían en vida, como por ejemplo la utilización de su capa como embarcación para llegar a Barcelona desde Sóller, en las Islas Baleares.

Cuatro años después de su muerte, el concilio provincial de Tarragona solicitó su canonización al Papa Nicolás III y tres años más tarde, el rey Pedro de Aragón nombró un procurador especial para promover su Causa en la Curia Romana. El Papa Martín IV nombró una comisión de tres cardenales para que examinaran todos sus escritos, pero por diversas circunstancias políticas, no fue beatificado hasta el año 1542, cuando el Papa Paulo III concedió al cardenal Juan de Toledo la autorización para celebrar su oficio litúrgico en todos los conventos dominicos de España. Fue canonizado por el Papa Clemente VIII el día 29 de abril del año 1601. Fue el primer Santo canonizado en la actual Basílica Vaticana.

Escultura de Jaume Durán en el Palau Casades

Su fiesta fue fijada el día 7 de enero, pero posteriormente, el Papa Clemente X en el año 1671 la trasladó al 23 del mismo mes. Con la nueva publicación del calendario litúrgico en el año 1969, su fiesta se trasladó definitivamente al 7 de enero, día posterior a su muerte. Sus restos fueron trasladados a la catedral de Barcelona en el año 1838.

Tumba del Santo en la catedral de Barcelona

En España es el patrono de los abogados católicos y de las facultades de derecho de todas las Universidades. En su honor, el 23 de enero del año 1944, fue instituida la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

 

ORACIÓN:

Amorosísimo Padre mío San Raymundo,
vos sabéis la necesidad que padece mi alma
y el consuelo que necesito,
aplicad vuestra intercesión delante de Dios,
para que por vuestros méritos,
alcance la gracia que pretendo,
si ha de ser para mayor gloria de Dios
para más servirle y amarle.
Amén.

 

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